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‘La caída de la Casa Usher’ es Poe descuartizado

Diseccionamos los fragmentos de una adaptación maldita. 
Elenco de La caída de la casa de los Usher

Edgar Allan Poe está considerado como el maestro del terror, y no sin motivo. Sus relatos brillan con el haz misterioso de la literatura gótica, mientras que sus poemas fusionan ese halo espectral con el hechizo del romanticismo. Las manos de Poe también modelaron el género detectivesco, así como la ficción náutica en sus facetas más siniestras. La serie La caída de la Casa Usher traslada sus escritos y biografía a las pantallas para contar unas narraciones extraordinarias a través de una lente actual. Abundan las referencias y las interpretaciones sangrientas en esta adaptación que pretende reconstruir la vida y la obra de uno de los autores más destacados de los últimos siglos. Al igual que la mansión de los Usher, el resultado es de lo más macabro y estaba abocado a la tragedia.

Un descenso a la Casa Usher 

La caída de la Casa Usher se basa en el relato homónimo, pero también presenta una especie de antología de historias de Poe. Cada uno de los hijos del protagonista, así como el episodio que retrata su muerte, está relacionado con un relato concreto. Una gran parte de los nombres que aparecen en la miniserie son referencias directas a personajes, poemas y personas reales de la vida del autor estadounidense. 

De hecho, esta nueva adaptación de Mike Flanagan pone sobre la mesa temas clave de la biografía de Edgar Allan Poe. Lo hace principalmente a través de Roderick Usher, pero no de forma exclusiva. Por ejemplo, se sabe que Poe se casó con su prima Virginia cuando él tenía 26 años y ella solamente 13, algo que no resultaba tan grotesco en el siglo diecinueve. El incesto y la diferencia de edad se manifiestan en la serie en la tensión sexual que se genera entre Prospero y Morella, que nunca llega a consumarse porque el primero se convierte en papilla humana. 

El incesto es un tema principal en la literatura gótica en general y en La caída de la Casa Usher en particular. Como describe el relato original: «el tronco de la raza de los Usher, de tan antigua reputación, en ningún período había producido ramas duraderas». En un árbol familiar, un tronco recto y sin nuevas ramas implica que los matrimonios y los bebés se cocinan en casa, creando dinastías verticales e incestuosas. Esa es la maldición original de los Usher, y algo que la serie ha descartado en su trama central. 

El misterio de la adicción y la muerte

Tanto la vida como la obra de Poe están frecuentadas por el fantasma de la adicción. Desesperación, distorsión de la realidad, delirios, paranoia, brotes súbitos de violencia… El escritor sufrió grandes pérdidas y dolores a lo largo de su existencia. Es sabido que recurría al alcohol y los opiáceos para ahogar a esos espectros que lo atormentaban. Muchos de sus relatos presentan situaciones de este tipo, narradas además a través de voces poco fiables y nubladas por visiones y alucinaciones. 

La muerte de Edgar Allan Poe es una de las mayores incógnitas de la historia. Por supuesto, el precursor de las narraciones de detectives tenía que abandonar el mundo envuelto en una capa de misterio. Se dice que, tras haber desaparecido durante días, Poe fue encontrado en un estado de delirio en las calles de Baltimore. Llevaba una ropa que no era la suya y, aunque consiguieron llevarlo al hospital, murió el 7 de octubre de 1849. Tenía 40 años. No se sabe si estaba borracho, enfermo o había sido víctima de algún crimen. Hay varias hipótesis acerca del motivo de su muerte, pero ninguna es conclusiva. 

La serie La caída de la Casa Usher toma como base ese mismo enigma. Todas sus tramas apuntan en dirección a la muerte de Roderick Usher, un personaje que encarna a Poe por varios motivos, empezando por su estética. La imagen de Roderick en su mansión arruinada, con una bata y atormentado por visiones, es una interpretación de la imagen popular del maestro del terror. 

En ese paseo hacia la muerte de la mano de Verna, una personificación del emblemático cuervo de Poe, el cabeza de familia arrastra a su progenie a través de dos campos principales: el dolor y la adicción. Edgar Allan Poe conoció el primero de muchas formas, como el fallecimiento por tuberculosis de seres queridos, sus fracasos en el amor y en el juego, la pobreza, las enfermedades mentales, las dolencias físicas… Utilizaba el alcohol y el opio para aplacar ese sufrimiento insoportable que lo acompañó durante prácticamente toda su existencia. 

En el caso de la serie, el Ligodone constituye una promesa falsa de eliminación del dolor, lo cual deriva en una adicción que arrasa a la población y desemboca en una lluvia de cadáveres. El mismo carácter destructivo de las adicciones de Poe, pero a una escala masiva. La gran diferencia es que, mientras Fortunato Pharmaceuticals eleva a los Usher a un estado de poder y riqueza, aunque los convierte en enemigos del pueblo, los escritos de Poe le trajeron fama y reconocimiento, pero el autor siempre fue pobre como una rata. Una especie de espejo inverso que conduce a un mismo desenlace. Al fin y al cabo, el fármaco de los Usher viene a demostrar que tratar de combatir el dolor mediante adicciones siempre termina en tragedia. 

Los crímenes de la serie La caída de la Casa Usher

Es innegable que el creador de la La maldición de Hill House sabe crear escenarios de terror que se imprimen en la memoria de forma permanente, como la siniestra «mujer del cuello torcido». Esta serie también contiene imágenes sangrientas e impactantes que cualquier amante del género disfrutará de lo lindo. Las muertes son creativas, hay escenas muy cuidadas estéticamente y los últimos minutos de los capítulos están cargados de tensión y giros argumentativos. No obstante, a veces la intención de agradar y sorprender a la audiencia se deja ver de forma tosca y descuidada, y a esta criatura de Frankenstein se le salen las costuras. 

La caída de la Casa Usher está plagada de referencias, lo cual podría ser un punto a favor, pero termina resultando en un cajón desastre que dificulta el ritmo de la serie. Prácticamente todos los nombres propios son referencias a Poe y su obra, incluso cuando estas no aportan nada a la trama. Para quien no los reconozca, solo serán nombres raros. Las personas que sí sepan identificarlos verán la serie en un constante «esto me suena» que te saca de la historia y le resta personalidad a la narración, ya que todo está basado en algo que existía de antes, pero sin llegar a desarrollarlo del todo. Un recurso vago para no tener que profundizar en esos personajes ni asentar las bases de sus historias, porque remiten constantemente al material de origen. 

Otro gran problema de la serie de Mike Flanagan es que adapta los textos de Poe de forma literal y obvia. En consecuencia, da la sensación de que las referencias están crudas, sin pulir. Un claro ejemplo de ello se puede ver en el séptimo episodio, llamado El pozo y el péndulo, basado en el relato homónimo. Hacia el final, Frederick Usher se encuentra paralizado por la droga en un edificio que está a punto de derrumbarse. Se ve a través de las ventanas cómo la bola de derribo traza un movimiento oscilante, lo que podría ser un guiño elegante al material original. Y estaría muy bien integrado en la trama de la serie, pero no se conformaron con eso. En su lugar, eligieron que un trozo de techo se enganchase a una especie de tubería para crear un artilugio absurdo que imita el péndulo de tortura de Poe. Una decisión que rompe la diégesis de la historia y hace que pierda credibilidad, todo por querer asegurarse de que a la audiencia no se le pasen las alusiones más evidentes. 

En el terreno de las referencias metidas con calzador, es imposible pasar por alto cómo se integran (o, mejor dicho, no se integran) los versos de Poe en la serie. Por ejemplo, la mujer de Roderick se llama Annabel Lee y este le recita el poema Annabel Lee. Muy sutil. Pero, ¿por qué este personaje escribe poesía y la introduce en mitad de cualquier diálogo, sin justificación aparente? La escritura ni siquiera parece tener ninguna relevancia en su vida. Sencillamente, Poe escribió esos poemas, y querían sacarlos de alguna forma. Algo similar sucede con Un sueño dentro de un sueño.

El retrato inacabado de Edgar Allan Poe

No obstante, el poema más famoso de Poe es El cuervo, y la serie lo exprime al máximo. El nombre del primer episodio ya cita su primer verso, y el ave aparece constantemente en pantalla hasta el octavo episodio, donde el poema se recita y se representa explícitamente. Esas escenas de cierre son interesantes y se enlazan bien con la muerte de Leonor, la última Usher. Sin embargo, el problema es siempre el mismo: la aparición constante del cuervo como recordatorio de que la serie va de Poe resulta innecesaria y entorpece la narración.

Buscando esa redondez en la estructura, La caída de la Casa Usher también peca de utilizar un recurso manido que recuerda al final de la película Donnie Darko. Roderick se ve atormentado por las apariciones de un misterioso arlequín. Al final, se desvela que se trataba de su jefe Rufus Griswold, vestido así porque los hermanos Usher lo mataron en una fiesta de disfraces. Resolver este interrogante, con toda la carga simbólica que podría tener, con un «era un arlequín porque ese día el señor estaba disfrazado de arlequín», no termina de encajar con la complejidad que la serie pretende demostrar con sus diálogos críticos y profundos. 

Y es que esta adaptación tiene secuencias muy logradas, tanto en guion como en producción audiovisual. Algunas escenas te erizan el vello; otras te rompen el corazón, sea o no delator. También hay temas que se tratan de forma trascendental e imágenes fantásticas que honran el género de terror y hacen contener la respiración por unos instantes. Tal vez sea precisamente por eso, por los grandes aciertos de La caída de la Casa Usher, que sus desatinos destacan especialmente sobre el resto de los elementos, porque representan una disminución de nivel considerable. Erigir sobre las bases de un autor tan celebrado como Edgar Allan Poe tenía sus riesgos, y quizás esa presión por alcanzar las expectativas, por hacer justicia al genio gótico y contentar a la audiencia, ha desviado los tabiques de una construcción que parece inacabada.

Las últimas palabras del relato original son «los fragmentos de la Casa Usher», y en eso ha quedado la serie: en una serie de piezas que a veces no encajan como deberían. Un retrato con menos fragmentos de Poe, con menos de sus miembros cercenados y clavados de forma poco concienzuda en el lienzo, hubiese captado mejor su esencia sin disminuir el valor propio de la serie. Pero este es el resultado y, a pesar de todo, hay motivos por los que merece la pena presenciar el hundimiento de la melancólica mansión de los Usher. Esta serie, en toda su obviedad, permite sellar el artículo con la reconocible visión de un cuervo que se posa sobre el busto de Atenea y exclama: «¡nunca más!».

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