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‘Ahsoka’ temporada 1, un entretenido viaje a ninguna parte

Grandes ideas que se quedan a medias.
Fotograma de Ahsoka temporada 1

Lo peor que conlleva formar parte de un todo más grande es ser parte de ello puede suponer perder parte de la fuerza propia. Que las expectativas de generar hype de cara al siguiente eslabón de la cadena deje a una ficción a medias. Le ha pasado a Marvel y le está pasando a Star wars. La primera temporada de Ahsoka tiene todo lo positivo que ha dado Dave Filoni al sector animado de la franquicia galáctica, pero también lo negativo. El estreno tanto del ejecutivo en la acción real como del personaje en solitario ha estado repleto de lore y referencias a trabajos pasados. Por otro lado, se ha quedado demasiado abierto, demasiado atado a lo que acabará llegando a través de proyectos posteriores.

Aviso de spoiler Star Wars

Lo mejor de Ahsoka: lore y cariño para el fan

Dave Filoni ha entendido tan bien como James Gunn la evolución de las grandes franquicias audiovisuales en estos últimos años. Ambos son fans, como también lo es J.J. Abrams, pero saben mejor que este cómo cuadrar la pulsión del seguidor con las necesidades narrativas del producto. En el caso del directivo de Lucasfilms, esto se vio primero en Clone wars o Rebels y más tarde con su apoyo a The Mandalorian.

Con Ahsoka ha dado un paso mayor. El personaje es para él lo que Luke es para las trilogías principales. Lo ha estado mimando desde hace años, desarrollándolo siempre a través de ficciones externas. En ese sentido, es como Hulk en el UCM. La serie, desde el comienzo, ha sabido explotar elementos que los fans de Star wars en general y del segmento Filoni del universo en particular aprecian.

Considerado el gran heredero de Lucas, en la serie de Disney+ queda claro que sabe manejar el mismo código de aventuras que su maestro. Sigue habiendo una figura heroica clara, que debe superar un reto intermedio para luego asumir otro final. Que tiene aprendices y maestros, que viaja mucho, que se encuentra con aliados carismáticos.

Novedades que se agradecen y grandes interpretaciones

Otro de los mejores elementos de Ahsoka es que ha innovado en el lore sin tapujos. Le ha dado igual romper reglas pequeñas, como que los proyectos fuera de las sagas principales no tuvieran grafismos iniciales. Tampoco salirse de esa galaxia muy lejana a otra que está todavía más lejos. Lo que planteaba de tapadillo en animación da un salto de calidad en la serie sobre la togruta.

Además, el tono es ciertamente oscuro. No llega a ser tenebroso de verdad, se queda en spooky, pero la mutación es notoria. La propia paleta de colores de Ahsoka es apagada. Peridea es sombrío, de un colorido invernal.

Baylan y Ahsoka en'Ahsoka' 1x04
Tenían que pegarse. | Cortesía de LucasFilms

El planeta extragaláctico es una adición que cuadra a la perfección con los dos personajes más carismáticos de la serie. Se trata de Shin Hati (Ivanna Sakhno) y Baylan Skoll (Ray Stevenson). Son un maestro y aprendiz que no siguen ni la senda jedi ni sith. De hecho, el segundo busca una vía alternativa. Sus motivaciones, el tono que les da el guion, entremezclan misterio y visiones alternativas de la Fuerza que iban haciendo falta. Es una lástima que Stevenson muriera, porque da una aura de respetabilidad, de estoicismo, que le sienta de maravilla al personaje. Quizá lo mejor sería un recast, pero va a doler no volver a verle.

Ahsoka Tano (Rosario Dawson), Sabine (Natasha Liu Bordizzo) y Huyang (David Tennant) tienen intérpretes a la altura. Tan convincentes como ellos resultan Hera (Mary Elizabeth Winstead), Elsbeth (Diana Lee Inosanto) o Thrawn (Lars Mikkelsen). En lo actoral, la serie no tiene problema alguno. Tampoco en la producción, que es más que resultona.

Lo peor de Ahsoka: dependencia y ritmo discontínuo

Que Ahsoka iba a ser una especia de nueva temporada de Rebels era algo que los fans del Star wars de Filoni daban por hecho. el problema es que no toda persona seguidora de la franquicia en acción real lo era también de la parte animada. Muchos elementos que emocionaban a unos simplemente se veían como relleno para otros.

La habilidad que ha demostrado el equipo de guion y dirección de Filoni en las escenas de acción se contrapone a los parones que ha ido teniendo esta primera temporada de Ahsoka. Se pasaba de dos capítulos iniciales trepidantes a un par que podrían haber sido casi uno. Otro acelerón en las partes 5 y 6 daban paso a un episodio séptimo que se centraba demasiado en preparar el final. Este, aunque satisfactorio, acaba siendo tan abierto que a no ser que se fuera fan de Ezra y Rebels, podía dejar el cuerpo bastante frío.

Una principal poco principal y un genio que no lo parece

Rosario Dawson es una Ahsoka estupenda, así como Ariana Greenblatt lo es en su versión de chavala. Aunque se haya visto Clone wars, convence sobradamente. El asunto es que a la serie le pasa como a Din Djarin en la tercera temporada de The Mandalorian y a Bobba Fett en su libro. Todos ellos son protas que se ven eclipsados por un secundario principal. El propio Mandaloriano le robó la atención al hijo de Jango y Bo-Katan hizo lo propio con el padre de Grogu.

En Ahsoka, aunque tiene sus momentos de gloria y se nota que es la prota, la togruta vuelve a quedar un poco en el fondo más veces de las que se esperaba. Al fin y al cabo, por fin tenía su serie. Esta sensación se refuerza por la indefinida evolución del personaje. En teoría, estaba ya creado y simplemente habría que verla dando lecciones y caña. Filoni, en cambio, plantea una suerte de maduración tardía acompañada de la aceptación de errores pasados y reconciliación con seres queridos. Nada nuevo en la oficina. Es por ello que Baylan resulta a ratos más interesante que ella.

Sabine y la aprendiz de Baylan en'Ahsoka' 1x04
Estas dos van a acabar mal. | Cortesía de LucasFilms

Puede llegar a pasar algo parecido con Trawn y Elsbeth. Le segunda, vista en la temporada 2 de The Mandalorian, maneja sus escenas con soltura. Su estatus va de jefaza a esbirra cuando el Gran almirante reaparece. Las líneas que posee este cuadran con Rebels y crean esa sensación de estratega a los Sun Tzu que se busca. Sin embargo, su toma de decisiones acaba siendo solo ligeramente superior a la de un oficial imperial medio. La parafernalia, de la banda sonora a sus soldados de asalto, impresionan. Los hecho, sin embargo, para nada.

Un final menos redondo de lo que pretende

Ahsoka culmina, más o menos al revés de como lo hizo Rebels. La togruta y Sabine se quedan en Peridea. Por su parte, Ezra logra saltar a la galaxia de Star wars y reencontrarse con Hera. No es que no satisfaga ver al aprendiz de Jarrus junto a la pareja de su maestro muerto. Sin embargo, la serie fue dejando esta vía demasiado cantada. Asimismo, es un final abierto, en falso, para algo que se intuía más como una miniserie que una ficción de varias temporadas.

De esta forma, lo ocurrido en la producción es entretenido en general, da mucha información y complace al fan. Sin embargo, por sí misma, Ahsoka se queda colgada con un desenlace que dependerá de ficciones futuras. La sensación no es que se hayan cerrado sus tramas y planteado un final abierto. Simplemente, estas se han dejado en suspenso.

Para fans: fanservice tirado con buen gusto

Desde los inicios de la serie en Lothal hasta el final de la misma, con Baylan sobre la estatua del padre de los dioses Mortis, quienquiera que siguiera Rebels ha tenido momentos de sobra para soltar un gritito. A pesar de que, como decíamos, esto limite en cierta manera al espectador casual. Para la audiencia más fiel a Filoni, será todo lo contrario.

A diferencia del fiasco de El ascenso de Skywalker, donde el asunto se fue de madre, o a lo que ha hecho últimamente DC, que ha convertido las apariciones de Wonder Woman en un meme, Ahsoka sabe limitarse. Las concesiones al fan son abundantes pero no coartan demasiado el relato. Pese a ello, no paran de aparecer easter eggs.

Hera y Ahsoka en el estreno de'Ashoka'
Se echaban de menos. | Cortesía de Lucasfilm

Además, el creador de la serie sabía que el reto de llevar personajes de animación a la acción real era grande. Las presentaciones retrotraen con corrección a las ficciones de turno. Sabine, Ezra o Thrawn tienen apariciones iniciales que resumen el estereotipo que representan a la perfección.

Respecto a figuras míticas, Anakin (Hayden Christensen) es la principal. No se abusa de él y sus intervenciones tienen sentido. El gran debe de Ahsoka era con su maestro, y viceversa, por lo que los instantes que comparten resultan tan emotivos como esperados por las personas fan de Star wars. También tiene su momento de gloria C3PO y se menciona a Leia, además de una Mon Mothma (Genevieve O’Reilly) que ya es habitual.

En definitiva… un impulso para Star wars a costa de sí misma

A diferencia de Obi-Wan Kenobi, la serie sobre Ahsoka Tano no puede considerarse una decepción. Logra entretener, ampliar el lora de su franquicia enormemente e introducir a dos de los mejores personajes de su universo en los últimos años. Un gran añadido a Star wars pero que llega a costa de dejar a la propia serie lastrada.

Lo de que la parte sea menos importante que el todo no es necesariamente negativo. Sin embargo, lo autoconclusivo fue lo que más atrajo en The Mandalorian. De momento, Lucasarts no ha sabido encontrar el punto medio. Ahsoka se acerca a ese equilibrio, sin alcanzarlo. Eso sí, plantea un futuro prometedor y con múltiples posibilidades de, por fin, avanzar hacia algo relativamente original.

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