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Bella Baxter, alma de ‘Pobres criaturas’ o el modernísimo Prometeo

Analizamos el desenlace del film que le ha dado a Emma Stone su segundo Oscar.
Bella Baxter de Pobres criaturas

El 10 de marzo de 2024 Emma Stone ganó su segundo Oscar a mejor actriz, tras haberlo hecho en 2017 gracias a La la land. Lo recogía entre sollozos, con los ojos inflamados, mientras confesaba que se le había roto el vestido. Ella le echó la culpa al Ken de su amigo Ryan Gosling. En todo caso, su reacción no era para menos. Con la película dirigida por Yoryos Lanthimos, la estadounidense firmaba la que puede ser su mejor interpretación hasta la fecha. Una recompensa a un duro e impecable trabajo en forma del galardón más prestigioso dentro del mundo del cine. A la audiencia le ha dejado un regalo. Porque en Bella Baxter se puede navegar largo y tendido.

Un monstruo de Frankenstein sin tapujos

Pobres criaturas juega en muchos aspectos con relecturas de obras y géneros clásicos. No se le escapa a nadie el constante diálogo con la novela de Mary Shelley Frankenstein o el moderno Prometeo. En ambos casos nos encontramos con un científico creador de vida y un ser fruto de los experimentos inmorales de este. El monstruo creado por la escritora victoriana se vuelve un paria rechazado por su creador y la sociedad en su conjunto. Mientras tanto, Bella Baxter es una criatura que despierta el interés y el cariño del resto de individuos, incluido su padre.

El monstruo de Frankenstein se vuelve un asesino por culpa del aislamiento total al que es sometido. Sin embargo, en muchas ocasiones la protagonista del film se defiende, justamente, de los convenios sociales con los que la tratan de someter. Mientras que el alma del primero se pudre por su sentimiento de rechazo social, es Bella la que rechaza lo que la sociedad le puede ofrecer.

Lo que empieza con una relectura del clásico de Shelley pasa a ser un Bildungsroman (novela de aprendizaje) en el momento en que Bella escapa de su hogar. Hay que recordar que, aunque posea un cuerpo de mujer, el personaje es una niña en edad de crecimiento y maduración. Su viaje es un proceso de formación en el que trata de comprenderse a ella misma y a lo que le rodea. En este proceso de aprendizaje, asimila de su alrededor aquello que le parece correcto y rechaza sin paliativos todo con lo que no está conforme.

Bella Baxter la buena salvaje

En muchos aspectos, además, Pobres criaturas gira también en torno a la idea del buen salvaje, tan común en el romanticismo del siglo XIX en el que se desarrolla la trama. Los primeros años del personaje se han desarrollado en un ecosistema controlado por su creador, por lo que es absolutamente ajena a cualquier tipo de convención social, que le resultan por lo general extrañas y artificiosas.

La joven es una niña quien, por su cuerpo maduro, cuenta con la capacidad de sumergirse de manera abrupta en el mundo de los adultos. Así, aunque parezca mentira, Bella Baxter interacciona con su entorno de una manera muy similar al de otros clásicos buenos salvajes. Sin ir más lejos, el archiconocido Tarzán de los monos. Criada en una burbuja con licencia para ser adulta, esto le da el poder de dejar al descubierto las costuras sociales que le rodean.

Gracias a este poder, Bella es capaz de enfrentar y superar una terna de momentos en los que se le trata de someter desde el exterior. Tres hombres diferentes se esfuerzan por amoldar a sus deseos a la joven, sin éxito. Su padre no logra retenerla a su lado cuando ella muestra su interés por conocer el mundo exterior. Wedderbun no es capaz de mantener fiel y solícita a su amante, que hace continuos alardes de querer explorar su sexualidad tanto dentro como fuera de su relación. Tampoco Alfie consigue subyugar a su esposa y acaba, en cambio, balando y mascando hierba en el jardín de su exmujer.

Una joven contra los constructos sociales que dominan a la mujer

El final de Pobres criaturas deja claro que es la historia de una joven que se enfrenta a los constructos sociales por los que históricamente se ha sometido a la mujer. Ni la familia, ni el amor ni el compromiso matrimonial logran controlar a Bella Baxter, que busca ante todo su satisfacción personal, sin preocuparse de imposiciones externas que le son ajenas. Sin embargo, todo sea dicho, para ello se han tenido que dar condiciones completamente artificiales.

Tanto en su génesis como en su crecimiento, el experimento del doctor Baxter es un caso excepcional en el que han convergido una serie de elementos muy difíciles de darse en otras mujeres. Para poder ser inmune a todas las convenciones que tratan de hacer mella en la joven, esta ha tenido que crecer en un entorno controlado. Además, posee un cerebro infantilizado todavía impermeable a las imposiciones adultas.

Bella Baxter es, por lo tanto, una mujer que ha logrado desprenderse de unas cadenas históricamente impuestas. Es, al mismo tiempo, un claro ejemplo de las condiciones casi imposibles que se tienen que dar para que esto suceda.

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