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Las primeras canciones de Bon Iver o el sonido del otoño

For el otoño, forever ago.
Bon Iver el sonido del otoño

Si tú también eliges que el otoño sea tu personalidad, entonces tienes que incorporar la música de Bon Iver a tu vida. Al menos en lo que respecta a sus dos primeros álbumes, que se conforman de la inconfundible voz de Justin Vernon, la intimidad que crea con sus letras y las producciones sencillas, en ocasiones melodías que no van más allá de la guitarra. También vale para poner banda sonora al invierno, que es precisamente de donde proviene el nombre de la banda, pero muchas de sus canciones transmiten emociones muy ligadas a esta época del año. Una lluvia ligera, una puesta de sol con bufanda, una carretera infinita flanqueada por bosques de hojas amarillas, una tarde de manta y lectura. O de manta y música.

Tres meses en una cabaña al norte de Wisconsin

Vaya por delante que estas líneas no tienen ninguna intención de romantizar ningún tipo de sufrimiento, ya sea físico o mental. Hay que empezar por explicar que Justin Vernon, el principal compositor de Bon Iver, grabó el que sería el primer álbum de la banda en un mal momento. Tras una ruptura y sufriendo una enfermedad que lo mantenía en cama, decidió abandonar su vida para marcharse tres meses a una cabaña que su padre tenía en el norte de Wisconsin, cuyos paisajes encajan con lo anteriormente descrito. Allí fue donde surgió ese For Emma, forever ago (2008) tan aplaudido y recordado. Quizá por eso suena de la manera que lo hace: a bosque, a leña, a naturaleza, a intimidad. Pero, lo dicho, no hay que romantizar el sufrimiento. Siempre es preferible estar sano a crear arte.

Especialmente ese For Emma, forever ago nos traslada al otoño que buscamos, con canciones como Skinny Love o la que concluye el disco, re:stacks, tan dulces, tiernas, sentidas y al mismo tiempo sencillas que invitan a la escucha serena y nada más. El álbum suena a lo que debió sonar entonces en esa cabaña donde fue compuesto, pues apenas sufrió (esta es, en este caso, la palabra) arreglos finales. Su segundo álbum, que ya contó con otro tipo de concepción y evolución, no suena muy diferente: Bon Iver (2011), con canciones como Holocene o Calgary, es también el viento de octubre y los abrigos de noviembre, los dorados, los marrones y las aguas tranquilas de los lagos de los bosques.

Sus colaboraciones con Taylor Swift, por cierto, no nos han dejado sensaciones diferentes: exile y evermore, que podemos encontrar en folklore (2021) y evermore (2021) respectivamente, son también otoño. O también invierno, porque insistimos en que Bon Iver suena también, aunque menos, a nieve, silencio y recuerdo. Dicen que Vernon tomó el nombre de un episodio de Doctor en Alaska, donde escuchó, en esos meses en la cabaña, cómo se decían unos a otros “bon hiver”, buen invierno en francés, tras la primera nevada. Otro día, por cierto, hablamos de cómo Taylor Swift también suena a otoño.

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