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Cartas a Julieta, la romántica Verona del siglo XXI

‘Cartas a Julieta’ asienta buena parte de su existencia en la idolatría hacia la Italia romántica y sus bellas imágenes de Verona, Siena o los paisajes infinitos de la Toscana.
Verona en Cartas a Julieta

Decía Amanda Seyfried, durante la rueda de prensa de promoción de Cartas a Julieta (2010), que Italia es el país perfecto en el que enamorarse. “Es como… hermosas puestas de sol y laderas y buen vino y comida. Es una especie de ideal”, contaba a MTV. Cartas a Julieta asienta buena parte de su existencia en esta creencia que transforma en bellas imágenes de Verona, Siena o los paisajes infinitos de la Toscana. El otro pilar es la obra de ficción de William Shakespeare, que encumbró a dos personajes a la categoría de legendarios. Todavía hoy, más de 400 años después, siguen formando parte de las historias universales.

Verona, preparada para nuevas historias

La Verona de Cartas a Julieta es antigua y actual al tiempo
La Verona de Cartas a Julieta es antigua y actual al tiempo. | Alessandro Carrarini, Unsplash.

La primera imagen que el espectador obtiene de Verona en Cartas a Julieta presenta una ciudad aparentemente tranquila de tejados marrones y edificios antiguos. Ubicada en la región del Véneto, a la que también pertenece la bella Venecia, la ciudad que cobijó a los desgraciados amantes está rodeada de colinas y atravesada por el río Adigio. Fue romana desde el año 89 a.C. y en los siglos posteriores pasaría por diversas manos, incluidas las de los franceses, hasta que con el Risorgimento del siglo XIX se conformó la Italia que hoy se conoce.

Verona
Verona. | Henrique Ferreira, Unsplash

Cartas a Julieta acerca al espectador a los monumentos que el paso del tiempo ha ido dejando en la ciudad. Así, aunque solo durante unos segundos, puede verse el famoso puente de piedra, la huella romana más antigua de la ciudad. También la plaza delle Erbe, que compite en antigüedad con la anterior construcción. O la arena de Verona, un anfiteatro que hoy en día sigue albergando espectáculos, especialmente musicales.

Todavía en plano general se descubre que Verona, al contrario de lo que haya podido parecer en su primera imagen, no es una ciudad tranquila. Hay alboroto en sus calles, esa vida que uno espera encontrar en Italia. Sus calles son estrechas y siempre parecen estar estéticamente preparadas para albergar una nueva historia de amor. Cuando Sophie (Amanda Seyfried) y Charlie (Christopher Egan) se conocen, el marrón de los tejados da paso a las calles blancas, las flores y la luz del sol. Dos nuevos enamorados en esta ciudad del amor, parecen decir al espectador.

Julieta Capuleto está esperando

Balcón de la Casa de Julieta
Balcón de la Casa de Julieta. | Maksym Harbar, Unsplash

Quizá la principal atracción de la Verona actual, a pesar de sus numerosos tesoros, es la Casa de Julieta. Al fin y al cabo, Julieta y su Romeo pusieron en el mapa mundial esta ciudad. Desde entonces no ha dejado de presentarse como un lugar en el que celebrar o sufrir el amor. La Casa de Julieta se transformó, de edificio histórico a casi lugar de peregrinación, con la intención de reunir a las personas que quieren consagrarse a ello. Este palacio de origen medieval, reformado en época moderna, albergó hace casi diez siglos a miembros de la familia Cappelletti. No hay constancia de que ninguna Julieta viviese aquí, no hay constancia siquiera de que llegase a existir, pero los Capuleto sí habitaron este lugar.

Para entrar en la Casa de Julieta se debe atravesar una especie de túnel que apaga parcialmente esa luz de Verona. Sus paredes son testimonio de las historias de amor que los viajeros vienen a manifestar, llorar o dejar marchar. Esos muros están repletos de mensajes escritos en todos los idiomas, en cualquier soporte que se tenga a mano. Y cualquiera puede dejar el suyo, si es que encuentra un hueco.

Balcón de la Casa de Juleita
Balcón de la Casa de Juleita. | Alessandro Visentin, Unsplash

Para que este ritual tuviera un peso mayor en Cartas a Julieta se añadió un tercer muro de ladrillo, del que una de las secretarias de Julieta despegaba cada día los mensajes para después contestarlos. Entre los recovecos de su ladrillo encontró Sophie esa carta escrita cincuenta años atrás que da inicio a la historia. Este recurso aporta misticismo y romanticismo. La realidad es que no hay pared de ladrillo, pero sí un pequeño buzón en el que dejar cartas si uno desea que se las contesten. Las secretarias de Julieta existen realmente.

“Hay un lugar en Verona donde la gente que sufre puede dejar un mensaje pidiendo ayuda a Julieta”, puede leerse en la web del Club de Julieta. La historia de esta sociedad se remonta a casi un siglo en el tiempo, cuando Ettore Solimani, guardián de la tumba de Julieta, empezó a recoger las cartas que los viajeros depositaban en torno al sarcófago. Llegó un momento en que decidió responder a estas personas que necesitaban de Julieta.

Poco a poco esta iniciativa se hizo grande, englobando a más personas y llegando a oídos de todos los países. Hoy en día, visitar este rincón significa ser testigo de cómo decenas de personas se sientan en cualquier espacio disponible para escribir a Julieta. El personaje de Amanda Seyfried empieza en este punto su andadura. Esta le lleva no solo a reunir a dos amantes separados sino también a encontrar su propia historia de amor.

Italia, el lugar indicado

Siena
Siena. | Nick Belanger, Unsplash

Italia no se explota en Cartas a Julieta más allá de la estética. Su cultura o sus costumbres quedan desplazadas en favor de la trama y los personajes, que sí disfrutan de la promesa de las noches italianas de terraza, comida, vino y música. Los paisajes propios de este bello país no dejan de acompañar la historia, desde los viñedos del Véneto hasta el horizonte toscano, que despliega todo su encanto en la segunda mitad de la película. Con canciones tan populares como ‘Un Giorno Cosi’, de 833, sonando en la radio de los protagonistas, las colinas y los montes de la Toscana albergan una especie de viaje por carretera eternamente romantizado en el cine.

De esta región, sin embargo, se conoce poco. Al margen de un paseo por Siena, cuya primera imagen, con su duomo asomando entre los tejados, es espectacular. Siena y Verona guardan ciertos parecidos: son ciudades, especialmente la primera, de no gran tamaño, de formas sencillas pero bonitas, que hacen grande la sensación de afabilidad y cercanía que se quiere transmitir en Cartas a Julieta, y que puede explicar por qué no se escogieron otros gigantes de la geografía italiana, como Florencia, capital de la Toscana. Siena, con sus 50.000 habitantes, tiene una plaza que resulta inmensa, llena también de gente y vida. Los protagonistas la visitan en un momento clave, cuando ellos también se sienten llenos de vida.

Paisaje típico de la Toscana
Paisaje típico de la Toscana. | Engjell Gjepali, Unsplash

“Italia es el lugar perfecto, realmente, en cierta manera es el corazón de Europa. Realmente antigua y realmente cálida, y hay tan buen vino y comida y gente y cultura y arte. Es el lugar perfecto y no puedo creer que haya podido vivir allí durante dos meses”, contaba Amanda en esa entrevista citada. De todo esto se aprovecha Cartas a Julieta para generar el ambiente necesario para creer en sus dos historias. También para generar en el espectador las ganas, casi la necesidad, de tomar un coche y lanzarse también a esos montes toscanos. O de tomar una pluma y escribir a Julieta, claro.

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