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‘Chico come universo’: primeras impresiones del último acierto de Netflix

Espectador devora serie.
Chico come universo

Resignados a no poder disfrutar de las series con pausa cuando se trata de Netflix, Chico come universo, la última dramática en llegar a la plataforma, puede ser de hecho una ficción que justifique esos maratones obligados que se instalaron hace tiempo. No tanto porque el espectador necesite saber qué va a suceder a continuación, que un poco también, más bien porque es ese tipo de serie que antes de que termine el primer capítulo te ha podido atrapar, atrapar de verdad. Y si lo ha hecho, entonces querrás más. Nosotros hemos dado al botón de pausa para contaros lo que hemos visto en los primeros capítulos de Chico come universo, que tal vez sea la serie que estás buscando en estos momentos.

Sinopsis de la adaptación de El chico que se comió el universo

Eli Bell es un niño inquieto, curioso y despierto que vive en Brisbane, Australia, a mediados de los años 80. Su familia no es exactamente una familia corriente: su hermano, Gus, no pronuncia palabra desde los 8 años, su madre, Frankie, abandonó a su padre alcohólico para sumirse ella misma en un periodo de drogadicción, y su padrastro, Lyle, ha vuelto a traficar para conseguir dinero para la familia. En este escenario problemático y complicado en el que se mueven, una verdad: se quieren. Por eso, cuando un capo de la droga entra una noche en su casa y se lleva a Lyle, Eli no puede dejar los acontecimientos en manos de terceros.

Un acercamiento a los primeros capítulos de Chico come universo

Chico come universo es la adaptación de la novela superventas El chico que se comió el universo, escrita por Trent Dalton y publicada en España por Harper Collins. Lo primero que destaca en la ficción de Netflix son las particularidades de los personajes: esa curiosidad de Bell, que el joven actor Felix Cameron lleva a un nivelazo, o el dedo mágico de Gus marcan los primeros compases y pueden atrapar por lo diferente, por lo especial. A medida que los minutos avanzan, son los personajes en su conjunto los que te retienen, porque no son lo que apuntaban a ser ni tienen la historia que a priori uno podía imaginar. Lyle, con la a veces sobrecogedora mirada triste de Travis Fimmel, es un personaje que recordará a otros muchos y gustará igualmente: un hombre sobrepasado por la vida que ha tomado un puñado de malas decisiones pero cuyo buen corazón y amor por su familia le mantiene ahí, justo ahí. Frankie, en estos primeros capítulos de Chico come universo, es esa madre que en España nos empeñamos en su día en llamar madre coraje como si con eso englobásemos todo lo que una mujer joven, también sobrepasada por la vida, tiene que soportar, cuidar, proteger y vivir. En esta historia te quedas por los personajes.

Chico come universo se ambienta en un escenario que nuestra lógica más instintiva sitúa lejos de un niño, porque es un escenario en el que se trafica con droga como la heroína y donde los capos que dominan ese escenario dejan cadáveres abandonados en las calles. El espectador lo recibe así, tal como es, pero Bell, que es el protagonista, también está recibiendo esta información, y es un niño, así que su reacción y su consecución de ideas son distintas. A Bell solo le importa que los negocios de su padrastro, al que quiere, no afecten a su madre, a la que quiere más y a la que ya ha visto al borde del colapso por la droga. Por eso, y también por su curiosidad, se empeña en seguir a Lyle a todas partes. He aquí parte de la aventura de esta serie, que es siempre entretenida. Y nunca es comedia, pero te hace sonreír.

Así que Chico come universo es la historia de un niño intentando entender lo que pasa a su alrededor, intentando adaptarse a ello y tratando también de cuidar de las personas que deberían cuidarle a él. Un niño en constante estado de alerta por lo que ya ha sufrido. La última escena del primer capítulo escenifica muy bien esto y nos manda una advertencia: con Chico come universo pueden salir nuestras propias lágrimas acumuladas. De buen ritmo, entretenida, y bastante certera, tierna por momentos, parece que esta serie puede ser el último buen acierto de Netflix. Seguiremos viendo.

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