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Conclusiones que nos deja la primera temporada de ‘Hazbin Hotel’

Un averno de música y colores que habla en su propio idioma.
Temporada 1 de 'Hazbin Hotel'

Ocho episodios cierran las puertas de Hazbin Hotel en una temporada 1 salpicada de sangre, humor adulto y números musicales. Este peculiar alojamiento regentado por la princesa del infierno ha dado mucho de lo que hablar, y no sin motivo. Ya le hicimos una visita al analizar sus primeros cuatro episodios, pero la segunda mitad ha llegado cargada de sorpresas y giros de trama. En esta ocasión, repasamos los ángulos de un pentagrama carmesí que no ha dejado a nadie indiferente. 

Aviso de spoiler sobre vampiros

Lo que hay entre el cielo y el infierno

El caos bajo el pentagrama

Uno de los aspectos más desconcertantes de la serie es el contexto moral del universo en el que se desarrolla. Aunque se acepte que los demonios y las almas condenadas a un castigo eterno no tengan una base ética férrea, y el propio mundo normalice la violencia y los excesos, esta canonización de lo perverso corre el riesgo de crear una distancia con la audiencia.

No es tanto por los sucesos que discurren en sus calles, donde se puede esperar ver sesos volando y personas en arneses practicando BDSM. Como estos actos se ven a través de una lente satírica, se interpretan como licencias de una comedia adulta. En cambio, los claroscuros de los personajes principales sorprenden e intrigan. 

El mayor contraste se aprecia en la protagonista, Charlie Morningstar, donde se entremezclan un idealismo ingenuo y un diablo interior que saca a relucir la herencia de su padre, el mismísimo Lucifer. De forma similar, su novia Vaggie alterna una personalidad tierna y protectora con un pasado manchado de crímenes de guerra. El secreto de que antes era un querubín y participaba en los exterminios no sale a la luz hasta bien entrada la temporada.

Sin embargo, en estos ocho episodios se exploran en mayor profundidad las capas de un personaje tan carismático como complejo: Angel Dust. El humano condenado y primer huésped del hotel que mitiga los horrores de la esclavitud sexual a través de las drogas y el alcohol. Es gracias a Husk, atado a Alastor por una soga similar pero con más experiencia vital, que el actor porno comienza a dejar atrás sus conductas autodestructivas. La fabulosa canción Loser, baby marca el punto en el que ambos conectan y crean camaradería a través de sus vivencias.

Temporada 1 de 'Hazbin Hotel'
Mala leche to’ el rato. | Cortesía de Prime Video

 Rock and roll en el reino de los cielos

En cuanto al divino cielo, en su dorado esplendor… lo cierto es que la cosa no cambia demasiado. A pesar de su apariencia sagrada, las palabrotas y la violencia vuelan entre serafines y ángeles. Solo que, en este caso, los golpes van dirigidos hacia las almas del infierno. En palabras de Adán: «Y para los que tenemos ordenación divina, el exterminio es entretenimiento». Curiosamente, y de forma inversa, el sádico demonio Alastor apoya el proyecto de rehabilitación de Charlie con el objetivo de hallar una nueva forma de entretenimiento. Al menos esa es la versión oficial.

La pegadiza canción Hell is forever, donde Adán rechaza la idea de Charlie y adelanta el siguiente exterminio por mera diversión, conecta tanto musical como narrativamente con el juicio al que Charlie y Vaggie asisten en el cielo. En él se descubre que el genocidio de Adán y sus huestes sobre las almas condenadas era un secreto en las esferas celestiales. 

El juicio revela, por otro lado, que se desconocen los requerimientos para entrar en el reino de los cielos. El irreverente y perverso Adán es adorado ahí, mientras Lucifer juega con patitos de goma en su siniestra morada. Además, los ángeles compran armas en el infierno para masacrar a los habitantes de ese mismo mundo, por lo que la línea divisoria no parece más que conceptual. Esta interesante relación entre lo divino y lo blasfemo orbita la propia esencia de Hazbin Hotel.

Ventajas y desventajas del peculiar lenguaje de Hazbin Hotel

En esa escala de grises compleja sobre la que pivota la serie de Vivienne Medrano, el formato inusual de Hazbin Hotel marca simultáneamente puntos a favor y en contra de esta. Por un lado, estás los códigos de la animación infantil que se perciben en el estilo de dibujo, las expresiones de los personajes y sus reacciones exageradas y caricaturescas. Los “momentos de villano” del Demonio de la Radio son un claro ejemplo de ello.

Tampoco se puede obviar el componente musical de la serie, que si bien no es necesariamente infantil, como tampoco lo son las letras, no deja de ser un elemento típicamente asociado a producciones dirigidas a ese público. Adicionalmente, el hecho de que los personajes empiecen a cantar y dialoguen mediante canciones puede tener como resultado que parte de la audiencia deje de conectar con el formato.

En el lado positivo, los números musicales exploran diferentes estilos y no tienen miedo a innovar, lo cual aporta riqueza a la obra en sí. Diversos géneros, acentos y secuencias musicales animadas de forma creativa y con una gran fuerza visual convergen en una experiencia atrevida y estimulante. Además, el hecho de que las canciones se relacionen entre ellas, con guiños y una continuidad narrativa bien hilada, dan el brochazo final a una producción que define su propio ritmo.

Estos ingredientes, sumados a una estética con sello personal y un tono ácido, explícito y sangriento, conforman una receta no apta para todos los paladares. Ya sea por las canciones que empiezan a sonar a mitad de diálogo, la teatralidad que a veces roza lo estridente o la discordancia entre piezas convencionalmente infantiles y las explosiones de violencia y sexo, es comprensible que haya a quienes les cueste disfrutar del producto final. Ese rasgo de subjetividad, que no es inherentemente positivo ni negativo, hace que Hazbin Hotel pueda despertar opiniones dispares.

Temporada 1 de 'Hazbin Hotel'
Toda prota necesita a su churri. | Cortesía de Prime Video

Lo que anticipa la temporada 1 de Hazbin Hotel

La primera temporada de la serie hace gala de una tensión ascendente, tramas abiertas que pueden dar mucho juego y enigmas que se prestan a las teorías más descabelladas. La figura de Lucifer, que permanece envuelta en misterio hasta el quinto episodio, se incorpora al bando de su hija y lucha junto a ella en la batalla final, donde el hotel es asediado por las fuerzas angelicales.

No obstante, Lilith no hace acto de presencia hasta una última escena que resulta en una avalancha de preguntas. ¿Qué ha estado haciendo todos estos años? ¿Cuál es su relación con el cielo? ¿Por qué no contesta las llamadas de Charlie? Este cliffhanger sobre una trama que se resistía desde el principio pronostica una segunda temporada con mucha presencia materna. 

Por otro lado, el argumento que podría llamarse «radio contra vídeo», la eterna trifulca entre Alastor y Vox, queda abierto y con muchas incógnitas. El Demonio de la Radio, con sus intenciones ocultas y las misteriosas cadenas que se intuye que lo atan a algo o a alguien, es un interrogante en sí mismo.

El enfrentamiento final que destruye el hotel desata consecuencias devastadoras. Alastor, gravemente herido, huye de la escena. La resistencia del infierno consigue acabar con Adán, pero el precio a pagar es insospechado. 

La segunda muerte de Sir Pentious revela, en los últimos minutos de la temporada, que la redención y la ascensión a los cielos de un alma condenada es posible. Esto dota a la reconstrucción del hotel de un nuevo significado, un futuro lleno de posibilidades y una premisa prometedora para la próxima vez que el hotel de las viejas glorias abra sus monstruosas puertas.

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