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La crisis de Marvel (II): mirar al pasado para entender un presente de fatiga superheroica

Pero no pensamos decir adiós, no de momento.
Crisis de Marvel II

Allá por 2018 y 2019, después de una década de superhéroes, entre Infinity War y Endgame (que batió un récord absoluto de recaudación con casi 2800 millones de dólares en todo el mundo), todo era ilusión cuando se trataba de Marvel. Tenía voces en contra, claro, pero en general su marca iba acompañada de aspectos positivos. La percepción general era buena. Habían pasado una década construyendo personajes, relaciones, conflictos, escenarios e historias que, en mayor o menor medida, tenían una buena calidad, y eso se notaba en el buen recibimiento en público y crítica, en el buen rendimiento en taquilla y en el futuro que, retomando lo anterior, generaba ilusión. De verdad: no había fatiga superheroica, por mucho que se quisiera señalar.

Desde que dejamos atrás la saga del Infinito, las dudas no han dejado de planear sobre su logo, que ya no es tanto sinónimo de ilusión sino de dudas, porque todo lo anterior (la calidad, el rendimiento, el futuro) se tambalea. Este cambio de percepción general es notable incluso entre seguidores que llevan 15 años acompañando cada estreno. ¿Qué está pasando con Marvel?, más allá de ese qué está pasando en Marvel del que hablamos en la primera parte de este reportaje dedicada a la crisis del estudio. Vamos ahora con la perspectiva del espectador.

Los pilares que Marvel perdió en la saga del Infinito

Vengadores Endgame

La saga del Infinito no solo nos regaló películas de aplaudido general, como puede ser, por ejemplo, Doctor Strange (2016). También se dieron casos en los que no encontraban la clave para conquistar al público, como sucedió con las dos primeras entregas de Thor, o casos en los que los espectadores terminaron enormemente divididos, como sucedió con Iron Man 3 (2013). No es que todo fuera alegría, pero a pesar de las entregas menos acertadas la sensación general sí era de ilusión.

En buena medida porque estábamos recorriendo un agradable camino hacia un lugar que entusiasmaba, cuya primera parada determinante fue Capitán América: Civil War (2016). Desde Marvel Studios construyeron de forma fantástica, tanto en la pantalla como lejos de las cámaras, esta ruptura de un equipo de superhéroes que, después de ocho años viéndolos en diferentes películas, ya habían empezado a importar al fan (por no hablar del apego que ya existía a partir de los cómics, claro, pero en estas líneas nos limitaremos a ver lo visto en pantalla). Tenían dos pilares enormes: Tony Stark y Steve Rogers. Tenían dos secundarios a los que nos sentíamos cercanos, porque eran humanos y estaban llenos de problemas: Natasha Romanoff y Clint Barton. Y tenían a dos verdaderos monstruos cinematográficos: Hulk y Thor. Con el primero, además, se dio una conexión más fuerte a partir de Avengers: La era de Ultrón (2015). A Thor le costaría un poco más llegar a ser el MVP que fue en Infinity War, pero después de cuatro películas acompañando sus pasos existía también una cercanía. Y si mencionamos La era de Ultrón hay que mencionar también la primera entrega, Los Vengadores (2012), porque fue el primer intento de unir estos pilares y el resultado fue una muy buena película que servía para apuntalar detalles en personajes, relaciones y tramas.

Las películas que estaban estrenando gustaban, los personajes gustaban, las dinámicas gustaban, así que el futuro, que era un futuro en el que de tanto en tanto además se reunían, interesaba. Marvel tenía a sus pilares funcionando, mientras los Guardianes de la Galaxia funcionaban por su cuenta y otros personajes (no demasiados) como Black Panther iban teniendo su unánime buena carta de presentación, o su flamante incorporación a los Vengadores, como es el caso de Spider-Man. Se presentaban personajes, pero los pilares estaban claros y el camino lo marcaban, sobre todo, esos dos superhéroes que además habían encontrado en sus intérpretes el carisma necesario para que el espectador viera su mejor versión.

Cuando Tony Stark y Steve Rogers discutieron en esas últimas secuencias de Civil War se sintió como si dos colegas cercanos lo estuvieran haciendo. La personalidad bien definida de uno y otro ayudaba tanto a dar forma a su relación como a que el espectador tomara partido. Los debates en redes sociales se sucedieron durante semanas, como si los papeles de Sokovia, los secretos de Steve y el dolor de Tony fueran un asunto real. Así se debatía, con ese fervor y esa implicación, porque el espectador había llegado a Civil War con la implicación por las nubes, porque conocía a esos personajes después de años viéndolos en pantalla, y porque ni siquiera era la última parada. Después de esa discusón tenían que reconciliarse para hacer frente a la gran batalla.

Porque después de Civil War llegaba Infinity War, tres años más tarde y con la implicación todavía por las nubes, porque el discurso de Marvel Studios, las películas complementarias y las buenas sensaciones todavía estaban ahí. En la película, esos Guardianes que funcionaban por su cuenta se unieron a un Thor que ya funcionaba, Doctor Strange encontró también su hueco cuando tocó unirse a los Vengadores, porque era arrogante, poderoso y también carismático y eso gustaba, y Ant-Man funcionaba genial como secundario, porque aligeraba la tensión, era ingenioso y tenía un tipo diferente de poder. Había bastantes personajes, pero todos tenían un espacio definido.

Después llegó Capitana Marvel, que era la superheroína que Marvel necesitaba a pesar de las críticas cavernícolas, y justo después, sin tener que esperar más, llegó Endgame. En Endgame concluía este viaje al que, sí, se fueron uniendo personajes desde la línea de salida (Wanda, Vision, los Guardianes, Doctor Strange, Ant-Man, Spider-Man, Black Panther, Capitana Marvel, Falcon…) pero nunca se dudó de quiénes eran los pilares, las dos grandes cabezas de superhéroes a las que Thor se sumó en las últimas entregas de estos Vengadores, y sus tres compañeros de equipo. El camino, visto hoy, parece claro desde el principio, incluso con tropiezos, incluso con errores. Marvel fue introduciendo poco a poco esos pilares, cuando estuvieron consolidados introdujo más personajes, y entre todos, sin olvidar quiénes eran los fundamentales, se enfrentaron a la gran amenaza, presente de una forma u otra desde hace una década. Todo esto en 11 años.

La famosa fatiga superheroica

Ant Man y Kang

En los últimos dos años hemos mantenido a Falcon, que será el nuevo Capitán América, Winter Soldier, que tendrá también otro papel, Wanda, Hawkeye, Thor, Spider-Man, Doctor Strange, Black Panther, aunque con cambios, Ant-Man y la Avispa, Capitana Marvel y los Guardianes, y además hemos incorporado a Shang-Chi, los Eternals, Moon Knight, Ms. Marvel, She-Hulk y hemos recuperado a Loki para darle una nueva vida lejos de ser villano. Tal vez no sea una cuestión de que son demasiados personajes a los que prestar atención, tanto Infinity War como Endgame fue una brutalidad en este aspecto, sino a que el foco se ha perdido. Quiénes son los pilares, quiénes son los fundamentales, quiénes liderarán el camino hacia ese futuro del que Marvel habla sin parar, hacia esa batalla contra Kang que, además, parece que ya no va a darse. Los liderazgos no están funcionando: la serie de Falcon and the Winter Soldier no gustó demasiado, tampoco la cuarta película de Thor, Spider-Man, de momento, está perdido, Ant-Man y la Avispa: Quantunmania, que además presentaba a ese gran villano, ha tenido un resultado mediocre en taquilla.

Y la pregunta que escuece, pero hay que hacerse: quién quería que cambiaran esos pilares en primer lugar. Tenían que cambiar, claro, porque esa etapa, esa historia, había concluido, y si bien la muerte de personajes como Tony fue dolorosa para ese fan implicado, el final es digno y se entiende. Y se agradece algo con inicio, desarrollo y fin en un mundo en que las cosas se alargan y se estiran. En ese mundo, Marvel supo poner fin a su gran tesoro. Pero quién quería un reemplazo. ¿Quizá el error haya sido alargarlo?

O tal vez el error ha sido no dar con esos nuevos pilares. Tal vez no hay nuevos pilares. No solo por la mala fortuna de elegir malas estrellas (ya hablamos en la primera parte de este reportaje de los problemas con Jonathan Majors), sino porque tal vez, solo tal vez, estos personajes no interesen tanto como los anteriores. Hay un buen puñado de buenos personajes en esa lista anterior, pero ser un buen personaje (como es Ant-Man) no es lo mismo que ser un personaje estrella (como era Iron Man).

Tal vez un personaje estrella podría haber sido Capitana Marvel, pero el público cavernícola ha truncado su trayectoria. El Black Panther de Chadwick Boseman podría haber sido un personaje estrella. Habría que ver cómo funciona Doctor Strange capitaneando un equipo, no de personajes inferiores sino de personajes iguales. También hay posibilidades en la nueva vida de Loki. Pero es que quizá es tan simple como que los espectadores, con Endgame y la despedida de ese equipo inicial, cerraron también su propia etapa y se despegaron del universo superheroico, al menos como se había mantenido hasta entonces, porque sus personajes favoritos ya no iban a estar.

O a lo mejor es que ese abrumador evento que fue Endgame nos dejó exhaustos. Tal vez se trate de la famosa fatiga superheroica, que fue llevadera cuando se estrenaban dos o tres obras en un año pero que ha terminado por agotar al estrenar seis en doce meses, como sucedió en 2022. O quizá sea que esas seis obras tienen, en general, una calidad inferior. A lo mejor necesitábamos un tiempo antes de que nos devorasen los estrenos.

A lo mejor también en Marvel lo necesitan, no para reiniciar el camino sino para ralentizarlo un poco, construirlo mejor, convencerse de que los pilares elegidos son los adecuados, si es que los tienen, y de que la cantidad no es sinónimo de calidad. Ya nadie se acuerda de Invasión Secreta, porque, al margen de su calidad, se la llevó por delante Loki, pero si hoy todavía escribes sobre Civil War en redes sociales seguro que alguien te contesta. Los debates, allá por 2016, duraron semanas, sin ningún estímulo por parte del estudio. Eso era Marvel, y eso ya no es Marvel.

La crisis de Marvel (I): qué está pasando en el estudio en el que nunca pasaba nada

La crisis de Marvel (III): expectativas y resurrecciones en un futuro incierto

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