‘La casa del dragón’ 1×10: la tormenta perfecta

El desenlace de la primera temporada termina de poner un tablero que solo anticipa una guerra abierta.
Rhaenyra y Lucerys en La casa del dragón 1x10

Esta crítica de La casa del dragón 1×10 (La reina negra) es como la noche, es oscura y alberga horro… spoilers.

Entre saltos en el tiempo y escenas de corte, la serie más notable de 2022 ha creado una sensación de seguridad muy trabajada. Volaban cuchillos, la sombra se cernía a ratos sobre unas y otros, alguien moría, sí. Pero, al final, perseveraba la paz. Tal era el legado que Viserys I buscaba. En La casa del dragón 1×10, dirigido por Greg Yaitanes y titulado La reina negra, esta atmósfera finalmente colapsa. Todos los episodios han llevado al fotograma final protagonizado por Rhaenyra (Emma D’Arcy).

La reacción de los Negros

Mesa pintada Rocadragón
A Daenerys nunca se le ocurrió darle al interruptor. | Imagen: Cortesía de Warner Media

Si el noveno capítulo se centró completamente en los Verdes y cómo estos rompían sus juramentos para coronar a Aegon, lo lógico era que el siguiente mostrara la respuesta de la legítima heredera. Es lo que se hace, dejando claro quién es la protagonista: Rhaenyra. Razones para estar al borde del colapso no le faltan. Sin embargo, encabeza un arranque en el que roza el concepto de Mary Sue (un personaje de una perfección inverosímil). De hecho, el guion hace un metachiste sobre ello cuando la reina conversa con su hijo Lucerys sobre las dudas que tiene este en torno a su capacidad de suceder a Lord Corlys (Steve Toussaint) en Marcaderiva.

Rhaenys (Eve Best) es la encargada de dar las malas nuevas sobre la coronación de Aegon a Daemon (Matt Smith) y Rhaenyra. Asimismo, se explica por qué la Reina que nunca fue no masacra a los Verdes. Simplemente, no quiere iniciar una guerra que de entrada no la compete. Además, resulta que Lord Corlys está recuperado y se dirige a Rocadragón. De la fortaleza se da un nuevo detalle, en concreto sobre la Mesa Pintada. El mapa, que ya se vio en Juego de Tronos y sobre el que Aegon el Conquistador planeó la conquista de Poniente, se retroilumina y queda muy chulo.

El choque para la ahora candidata a reina es tal que sufre un aborto. Los planos, el montaje, la construcción de la escena es clara al respecto. Tampoco es que importara, porque Visenya, la niña que portaba Rhaneyra en su vientre, nunca habría vivido. Seguramente resultado del incesto, nace muerta y deforme.

Daemon y Meraxes
Equivalente a canallita con pitbull en Poniente. | Imagen: Cortesía de Warner Media

Toda la secuencia sirve para incidir en dos puntos. Por un lado, la soledad de la hija de Viserys. Se niega a recibir asistencia de las matronas y Daemon prefiere estar planeando su guerra. Tan consciente es que hasta llama a sus hijos para que intenten, sin éxito, detenerle. Por otro, los miedos que tiene la princesa. Siempre temió morir como su madre Aemma, pero tras seis partos es capaz de superar lo que siendo primeriza podría haber sido una defunción. También se mostró insegura sobre su posición y las intenciones de los Hightower. En un instante, el mundo se le ha echado encima. Destacable, e importante, la conexión con Syrax que se muestra mientras da a luz.

Rhaenyra reclama el control de su bando

Con la sospecha de que Viserys fue asesinado, Daemon tiene en sus manos un conflicto con el que ya soñó al coronarse su hermano. Lo primero que hace es asegurarse la lealtad de los dos capas blancas que están en Rocadragón. Ser Lorent Marbrand (Max Wrottesley) y ser Steffon Darklyn (Anthony Flanagan), con Caraxes mirando, aceptan la irrechazable oferta del Príncipe canalla. Esto es además una lección para Jacaerys (Harry Collett).

ser Erryk en 'La casa del dragón' 1x10
Es ser Erryk, no ser Arryk, que es el otro. Palabra. | Imagen: Cortesía de Warner Media

Dos visitas vertebran un episodio que, como la primera temporada en su conjunto, sirve literalmente para poner las piezas en la mesa. Ser Erryk Cargyll (Elliott Tittensor) aparece en el funeral de Visenya con la corona de Viserys. Postrado ante Rhaenyra, se la ofrece recitando el juramento de la guardia real. El acto supone la coronación de la líder de los Negros, ante quienes se postran todos menos Rhaenys.

La otra llegada clave es la de Otto Hightower (Rhys Ifans). Supone un golpe de realidad, ya que deja claro que importan las formas y ahí ellos han ganado. El pueblo ha visto a Aegon II con toda la parafernalia del Conquistador. La simbología le legitima. Por suerte para el padre de Alicent, Rhaenyra aparece antes de que Daemon le decapite. Sobre Syrax y demostrando que un parto no es nada para ella, pide un día para pensarse la propuesta que ofrece la Mano del Rey enemiga, no sin recordarle que es un traidor.

Esto lleva a una escena incómoda. Es posible olvidarse de qué es Daemon un rato, pero su naturaleza reluce cada cierto tiempo. La reina de los Negros opta por una línea de pensamiento similar a la de su padre, en la que prima la paz y proteger la Canción de hielo y fuego. Su tío y marido está tan en desacuerdo que la coge del cuello y estrangula unos largos segundos. Impertérrita, Rhaenyra se ríe al saber que no conoce la profecía del Conquistador. El guion de La casa del dragón se ha esforzado por mostrar las bondades de este bando solo para que al mostrar sus miserias el efecto fuera mucho más dramático.

Negociaciones agresivas

Rhaenyra coronada
Funeral ceremonia de coronación8230 whatever | Imagen Cortesía de Warner Media

Las negociaciones agresivas que fuerzan guerras, presentes desde la trilogía precuela de Star Wars como en el ataque a Pearl Harbour, son una opción perfecta si un bando sabe que le tocará ir a la batalla pero quiere lavarse la conciencia. Rhaenyra impone su mando para dejar claro que suyo no será el primer paso. Que otro tire la primera piedra. En todo caso, no quiere un baño de sangre, reinar sobre «cenizas y huesos». Daemon, por su parte, tiene una escena (cómo no) muy molona. Cantando una nana en valyrio, de interesantes referencias, se presenta ante Vermithor. Se trata de uno de los dragones sin jinete que su bando planea utilizar.

Una decisión que hace que Rhaenys cambie su punto de vista. El reencuentro con Corlys era esperado y de nuevo sus actores saben hacer valer su experiencia. Se echan en cara asuntos, reconocen errores y toman partido. Ella es la responsable, a pesar de que guarda como su marido un gran rencor a Rhaenyra por creerla responsable de la muerte de Laenor.

Tras la necesaria declaración pública de Corlys sobre su intención de apoyar a los Negros, planito de complicidad entre Rhaenys y Rhaenyra mediante, toca pasar a la (no) acción. Los Peldaños están asegurados por los Velaryon. Tienen superioridad en el número de dragones, más si logran como se ha dicho dar jinetes a los que están sin ellos. Así, desde el mar, pueden cortar las vías de suministros a Desembarco del Rey. Pero para ganar necesitan el apoyo de los Arryn, los Stark y los Baratheon. El plan es mandar a los príncipes y sus monturas para convencerlos. Jacaerys irá a ver a los dos primeros y Lucerys al tercero. La idea es mostrar respeto e inspirar miedo al tiempo.

Oh, el drama de los dragones

Lucerys y Arrax
Lucerys tenías que haberte quedado a dormir8230 | Imagen Cortesía de Warner Media

Los adictos a que «pasen cosas» quizás estén decepcionados con La casa del dragón 1×10. Toca insistir, solo importa que alguien muera si existe un vínculo previo. Todo está, además, preparado para un solo plano, el último. Por eso se ve cómo Rhaenyra es cariñosa con Jacaerys y Lucerys cuando les manda de emisarios. Tras jurar ante los dioses que no ejecutaran acción de guerra alguna, parten.

Bastión de las Tormentas luce espectacular en la primera ocasión que hay de verlo en televisión. Lucerys llega allí en medio de una, claro está, tormenta. El gran error de los Negros era suponer que eso de enviar dragones solo se les ocurriría a ellos. Porque ahí está, gargantuesca, Vhagar. Con todo, el chaval saca fuerzas para hacer su propuesta a Borros Baratheon (Roger Evans).

El orgulloso señor casi se divierte ante el caos que se avecina. Es una muestra del feudalismo que realmente gobierna en Poniente. De las ansias de poder y guerra. Lucerys no tiene ni media oportunidad. Aemond (Ewan Mitchell) es mayor y ha traído al dragón más grande del planeta. También, segundo error de los Negros, una propuesta matrimonial a la que el hijo de Rhaenyra no sabe contestar. Las ansias de venganza del vástago de Alicent son claras y solo intervención de Borros evita que le saque un ojo al Velaryon.

Lo que sigue es una huida. Está construida según los cánones, con una gran tensión que juega con el hecho de que, en el fondo, todos sabemos el desenlace. Arrax, montura de Lucerys, le apremia a salir por patas. Vhagar no está. La tormenta se ha fortalecido. Diminuto en comparación con el único superviviente de los dragones que conquistaron Poniente, la única oportunidad de la bestia es ser más rápida que su rival. Pero el viento y la lluvia hacen que la ventaja sea para una mole gigantesca.

Ya lo dijo Viserys, eso de que ellos controlan a los dragones es una ilusión. Similares a la energía atómica, son fuerzas de la naturaleza tan destructivas sobre las que se puede perder el control en instantes. Tras una persecución trepidante, parece que Lucerys ha escapado. Pero su dragón decide desobedecerle y atacar a Vhagar. Justo cuando podrían haber escapado, la juventud hace su efecto en ambos bandos. Porque Aemond también pierde el control de su montura. Desesperado, solo puede ver cómo esta parte en varios pedazos a Arrax y su jinete. Un cambio frente al libro de referencias, Fuego y sangre, ya que ahí mataba a su familiar más que por gusto.

La guerra será total en Poniente

Rhaenyra en Rocadragón en 'La casa del dragón' 1x10
Esta muchacha podría haber sido buena reina. | Imagen: Cortesía de Warner Media

Si no hubiera habido tormenta, Arrax podría haber escapado con los ojos cerrados de Vhagar, mucho más lenta. Si hubiesen sido más veteranos, los dragones no hubiesen desobedecido a sus jinetes. Pero el hecho es que esta agresión involuntaria, reflejada en una espléndida cara de «la que he liado» de Aemond, es una declaración de guerra. La seguridad, la sensación de juego, se ha ido al garete por la inexperiencia de los implicados. Una tragedia, un drama. También, una consolidación de que la serie de HBO es más gris que el libro en que se inspira. Allí, no hay dudas de que el tuerto quería hacer lo que hizo. La opción audiovisual parece más refinada.

El drama político ejecutado por La casa del dragón en su primera temporada ha sido redondo. Gracias a ello ha logrado imponerse, en calidad narrativa, a Los anillos de poder. Sin hacer nada rompedor, ha sabido jugar sus cartas y se ha aupado con momentos de genialidad como el octavo capítulo. En todo caso, este acelerado viaje culmina con la caída de Rhaenyra y del legado de su padre. La joven se había templado, había madurado y resistido golpes. Pero ese muro trabajado junto a Viserys se derrumba con la muerte de Lucerys. El último fotograma solo muestra a una madre que, ahora sí, está dispuesta a cobrarse venganza por encima de deberes y profecías.

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