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‘La casa del dragón’ 1×03: el ego de los hermanos

Cacerías, intrigas y grandes escenas de acción jalonan el completo tercer episodio del spin-off de 'Juego de tronos'.
Campamento de la cacería real

Esta crítica de La casa del dragón 1×03 (El segundo de su nombre) es como la noche, es oscura y alberga horro… spoilers.

El tercer episodio del spin-off de Juego de tronos se presenta como una muestra canónica de lo que es una entrega de cualquier producto sobre el universo de Canción de hielo y fuego. Politiqueo, guerra y escenas medievales bien recreadas crean un cóctel equilibrado y que entra solo en La casa del dragón 1×03, llamado El segundo de su nombre y dirigido por Greg Yaitanes. Se intuye que hasta el salto temporal anunciado para el quinto capítulo todo va a ser cimentar el conflicto posterior y de momento la serie lo está haciendo con solvencia.

Cada uno por su lado

Alicent Higtower
Alicent está ya harta y van dos capítulos. | YouTube GoT

Daemon (Matt Smith) demuestra que es un capullo de nivel superior nada más arrancar el episodio. Uno de sus soldados, atrapado, le suelta al Benefactor de los Cangrejos que el príncipe, su dragón y Corlys Velaryon (Steve Toussaint) les harán pagar sus fechorías. Inmediatamente, el Targaryen aparece con Caraxes y aplasta a su desgraciado combatiente. El poderío del dragón es obvio y parece que podría rivalizar con algunos de sus colegas más famosos, como la terna que ayudó a Aegon a conquistar Poniente.

Porque él no está ahí para ayudar al reino ni a sus hombres, sino para obtener rédito político Craghas Drahar (Daniel Scott-Smith). Para convertirse en leyenda. Un agente libre que ve pronto que su enemigo no es idiota. Huyendo a las cuevas, los piratas serán un hueso duro de roer. Tanto que una elipsis deja claro que han pasado años y son los de Poniente los que están perdiendo.

Viserys (Paddy Considine) hace como que le da igual. Una embarazadísima Alicent (Emily Carey) ya le ha dado un niño, Aegon, y se dedica a obviar el conflicto de los Peldaños de Piedra. En su lugar, festeja el segundo cumpleaños de su retoño, niño que no deja de ser una maldición para la estabilidad política del reino. Así lo hace saber cada vez que puede el suegro y Mano del Rey, Otto Hightower (Rhys Ifans). Tanto él como el resto de nobles tradicionalistas quieren a un hombre en el trono porque así es como se ha hecho toda la vida. Bueno, y él porque es su nieto. Sea como fuere, el cada vez más centrado en beber monarca y su corte montan una cacería para celebrar que el chaval prospera.

Antes de irse a perseguir ciervos y berracos, Rhaenyra (Milly Alcock) y Alicent tienen un encuentro. Es tenso, como se podía anticipar. ¿A quién no le va a gustar que tu mejor amiga se convierta en tu madrastra? Esta situación, tan propia de cortes reales de verdad, telenovelas y películas X, hace que la princesa vea a la consorte como una usurpadora de la memoria de su madre. Asimismo, un juego de poder muestra cristalinamente quién manda ahora.

Un bardo, cantando sobre Nymeria, princesa de los rohynar que tras emigrar motivó que los Martell dominaran Dorne y que era amada por Arya Stark, entretiene a la Targaryen. Sin embargo, la reina pide que se largue. La respuesta de Rhaenyra es un desafío. Como en un partido de tenis, acaba ganando la joven Hightower. Sin embargo, la mala sangre no está enquistada y de momento ambas se siguen guardando aprecio.

Zascas en el campamento

Rhaenyra harta
Rhaenyra está también cansadita. | YouTube GoT

Como salido de un expecto patronum, un cérvido blanco es el protagonista de la cacería. Representa un augurio positivo, por la razón cultural que sea, y al ser el evento en honor al príncipe Aegon las conclusiones que sacan los nobles son que los dioses apoyan al niño en vez de a Rhaenyra. Antes de avistarlo, los nobles ya habían demostrado que no necesitaban ninguna movida profética para apoyar al vástago de Alicent y Viserys.

Por su parte, las señoras se sentaban a tirarse cuchillos verbales sin piedad. Destaca Lady Redwyne (Joanna David), un guiño obvio a Lady Olenna. A ellas se enfrentan, en tándem, tanto Alicent como Rhaenyra. Las pullitas contra la princesa no paran, crispándola. Es, sin embargo, la consorte quien demuestra que saber contratacar en estas lides de salón. Larys Strong (Matthew Needham), hijo de Lord Strong, por ser tullido también se encuentra en este ambiente. Su aura de conspirador huele que tira para atrás.

Mientras tanto, ellos se dedican a lanzar dardos entre vítores en favor de Aegon. Lord Hightower (Steffan Rhodri), hermano de Otto (la Mano del Rey, no el conductor de autobuses escolares), empuja a su familiar a acelerar el cambio de heredero. Lo llevan claro. Menos diplomático y más divertidamente estúpido es Jason Lannister (Jefferson Hall). Ni corto ni perezoso, se planta ante Viserys y Rhaenyra para proponerse como candidato a ser marido de esta. Todo normal, si no fuera porque da por hecho delante del monarca que la princesa sería apartada de la sucesión. Su gemelo Tylan (Jefferson Hall), parte del consejo real, debió llevarse todas las neuronas mientras compartían útero.

Esto lleva a una discusión padre/hija en la que demuestran que cada uno escucha lo que le da la gana. La reacción, para nada dramática, de la Targaryen es irse a caballo del campamento. Sorprendentemente, pese a lo que se parece a una serie de los noventa, todo funciona en base a la acertada escenografía y las interpretaciones de los actores implicados.

La caza del venado blanco

Viserys Targaryen enfadado
Y Viserys… Viserys está hasta el moño. | YouTube GoT

Borracho y tras despachar a un Otto que propone que Rhaenyra y Aegon se casen para que todos salgan ganando, se anuncia el avistamiento del mencionado venado blanco. Lord Jason aprovecha la ocasión para regalar una lanza al monarca y (no) corregir su error, desactivando de paso recuerdos de otra cacería protagonizada por Robert Baratheon. Su segunda propuesta matrimonial logra que Viserys se enfade y exija a todo el mundo que se dejen de menoscabar a su hija: es su heredera y no se hable más, que para eso manda él. Mientras los siervos lo buscan y dejan listo para que el rey lo remate, este hace lo que mucha gente bebida en el campo: tener conversaciones profundas.

Con su consejero de los Edictos, Lord Lyonel Strong (Gavin Spokes), obtiene la primera buena idea de la noche. Este le propone, para su sorpresa, desposar a Rhaenyra con Laenor Velaryon (Theo Nate). De esta forma aplacaría el despecho de esta casa al no apoyarles en la guerra y rechazar a una de ellos como reina consorte. Al fin alguien que no es un buitre.

Sin embargo, es con su esposa con quien tiene el mejor diálogo, en el que Cosidine y Emily Carey se lucen. Esta ejerce el papel de confidente a la perfección y escucha comprensiva cómo Viserys duda de casi todo lo que ha hecho, centrándose en sí mismo y su papel en la historia. Reconoce que puso a su hija como heredera para cortar las alas a Daemon. También que le acosa una premonición en que veía a uno de sus retoños en el trono. De ahí el dejar que destriparan a su amada esposa. Porque aunque a Alicent la aprecie, a quien quería era a Aemma Arryn (Sian Brooke). Todo lo que siguió fue una obligación que él no pidió. Desde luego, hay que reconocer a la consorte que sabe poner cara de póker.

Daemon rayado
Daemon está siempre enfadado con algo. | YouTube GoT

En el bosque, Rhaenyra y ser Criston Cole (Fabien Frankel) se hacen confesiones, hacen acampada y se encuentran con un jabalí que la joven apuñala con la locura de los Targaryen en sus ojos. El entorno no ayuda a que esté equilibrada, desde luego. Saca provecho de ello, no obstante. Mientras que su padre sufre para rematar a un venado común en una escena perfectamente ambientada, ella intercambia miradas con el blanco y aparece ensangrentada en el campamento con el berraco. Con este gesto recupera con creces el respeto que perdió en su arranque adolescente.

En un capitulo en que hasta el final domina su vertiente a lo Succession, Viserys tiene un round two de charlas, estas más prácticas que trascendentales. Alicent le convence de ser ladino para que su hija se case, así como de ayudar en la guerra en los Peldaños de Piedra. La consorte está en medio de una futura guerra en la que tendrá que elegir bando, como le recuerda su padre. Por su parte, Rhaenyra y el rey tienen una escena tierna, que podría volver a ser de una sitcom noventera pero que igualmente funciona. Él reconoce que está harto de que no asuma sus responsabilidades y sea infantil. Ella, que no le gustó que escogiera a su mejor amiga de esposa. La solución, a là Ned Stark, es dejarle que elija a su consorte en base a su felicidad. Además, en el momento más emotivo, asegura que será heredera sí o sí. Qué raro, hablar de cara parece servir de algo.

Guerra y muerte en los Peldaños de Piedra

Benefactor de los cangrejos
El Benefactor de los cangrejos no está harto porque tiene unas mascotas que le adoran. | YouTube GoT

Lo más espectacular del episodio llega al final. Tras intrigas y diálogos intensos, toca un poco de épica de vieja escuela. Daemon y el Alto Mando Velaryon recibe una misiva real que anuncia refuerzos. Un movimiento táctico de Marcaderiva que provoca la ira del Targaryen. Obsesionado como su hermano en crear un legado, destroza a golpes al mensajero. Nadie puede quitarle la victoria. Para asegurarla no le importa ni proponerse a sí mismo como cebo.

Lo que sigue cumple la regla de que mejor molón que verosimil. Daemon, un personaje brillantemente interpretado por Matt Smith pero que se basa en ser edgy y cool, va el solo a entregarse para poner paz. Entre muertos y salitre, cuando logra hacer salir al enemigo se lía a espadazos. Los arqueros no pueden superar la más poderosa de las armaduras, la que confieren las necesidades de guion. Así que, pese a ser un blanco único y ser cientos las flechas que vuelan, los piratas solo pueden herirle.

Al tiempo, los exploradores le fallan al Benefactor de los Cangrejos, porque de la nada aparecen cargando los Velaryon liderados por Laenor y su dragón Bruma. Efectivamente, un dragón aparecido cuando nadie le esperaba, como la Spanish Inquisition de los Monty Python. Sus armas son así la sorpresa, la superioridad aérea y soltar fuego como si no hubiera un mañana. Ya tranquilo y sin tener que preocuparse de la mala puntería de sus enemigos, Daemon se adentra en las cuevas de los piratas y sale de ellas con el líder enemigo partido por la mitad. Ver la lucha habría estado bien, aunque el ritmo de la escena es perfecto tal como está, sin diálogo ni aspavientos.

Una conclusión repleta de adrenalina para La casa del dragón 1×03. El episodio, como se ha dicho, tiene ciertos errores pero incluye todas las facetas que hicieron grande a Canción de hielo y fuego. Quizá hay quien esperaba una amenaza mayor de Craghas Drahar, pero más allá de su peculiar aspecto y sadismo marino nunca pareció más que un rival periférico. Peligroso, pertinaz, sí, pero no mayor. Así todo, el conflicto futuro se sigue cimentando con acierto en una sucesora más que digna de las primeras temporadas de Juego de tronos.

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