‘La casa del dragón’ 1×06: un salto hacia el odio

Largos planos y secuencias de diálogos se unen a intrigas relámpago en este sexto episodio.
Larys Strong

Esta crítica de La casa del dragón 1×06 (La princesa y la reina) es como la noche, es oscura y alberga horro… spoilers.

Diez años han pasado desde los hechos del anterior episodio de la precuela de Juego de tronos y lo que eran riñas ahora son odios enconados. Hay cambios actorales muy convincentes y las sorpresas habituales en el universo de Canción de hielo y fuego. Así, La casa del dragón 1×06, con Miguel Sapochnik como director y llamado La princesa y la reina, sigue estando a la altura de una serie muy bien entonada.

Una batalla ganada en el paritorio…

Rhaenyra
Rhaenyra de mayor es bastante maja, de momento al menos. | YouTube GoT

El inicio del quinto episodio se parece más al comienzo de una temporada que al de una nueva entrega. Lentamente, enfrenta a una muy madura en lo mental Rhaenyra (Emma D’Arcy) a uno de sus mayores terrores, dar a luz, y a su mayor enemiga, Alicent (Olivia Cooke). Lo primero se muestra con la crudeza marca de la casa. Naturalismo al canto a través de un largo plano, casi secuencia. La posterior calma la interrumpe la petición de la reina de ver al recién nacido, que se llamará Joffrey, un guiño al amante del marido de la princesa asesinado por ser Criston Cole (Fabien Frankel).

De nuevo un plano casi secuencia en el que el paso de una a otra sala, escaleras mediante, se muestra como un viacrucis en el que la princesa se niega a mostrar debilidad apoyándose en Laenor (John Macmillan). Lo más divertido del episodio seguramente sean las preguntas y comparaciones sobre el parto. Sea como fuere, llegan ante una Alicent que se ha agriado sobremanera. Lanzando cuchillos a diestro y siniestro presenta al bebé a un maltrecho rey Viserys (Paddy Considine). Al Velaryon le deja claro que el hijo no es suyo, algo que sabe perfectamente. Él deja claro a lo largo de esta entrega que lo que quiere es luchar y enrollarse con su nuevo amante.

Las escenas en que Alicent intenta hacer al rey pasar a la acción contra la bastardía de sus nietos o cuando comenta con ser Criston Cole cuestiones sobre Rhaneyra dejan ver que se ha optado por dar a los Verdes el papel de villanos, al menos por ahora. De la joven que iba al septo a rezar y era pura humildad no queda apenas nada. El resentimiento y la paranoia por proteger a sus hijos, fundada por otro lado, así como cierta ansia de poder han hecho de la regente un ser totalmente distinto. En ocasiones, gracias a la actuación de Olivia Cooke, resulta repulsiva.

Y otra perdida

Laena
Laena eligió la muerte más épica y cafre posible. | YouTube GoT

Antes de seguir con el arco argumental de Desembarco del Rey, conviene atender al otro que marca el sexto episodio de La casa del dragón. Es el que protagonizan Daemon (Matt Smith) y Laena Velaryon (Nanna Blondell) en Pentos. Acogidos por el príncipe Reggio (Dean Nolan), los dos jinetes de dragón dan un espectáculo visual en una danza aérea protagonizada por Caraxes y Vhagar. Esta última es la dragona más grande en este momento de la historia ponientí, partícipe además de la conquista de Aegon tiempo atrás junto a Balerion y Meraxes.

Laena está encinta de su tercer retoño, ya que de momento ha dado a luz a Rhaena (Eva Ossei-Gerning), y Baela (Shani Smethurst). Permanecer en la ciudad libre o abandonar Essos es la decisión que debe tomar la familia. Sin embargo, el drama acude al rescate cuando el parto de la jinete de Vhagar se complica. De forma similar a lo que le pasó a su hermano, Daemon es preguntado para abrir a su esposa e intentar salvar al niño. Aunque no ama del todo a la joven Velaryon, tal condición es reconocida por ella y ambos están conformes con el arreglo. En todo caso, al Targaryen no le da tiempo a decidir, aunque todo indica que no hubiera optado por la escabechina.

En la escena cumbre de este sexto capítulo de La casa del dragón, Laena decide tomar las riendas de su muerte. Se escabulle de la cama y se acerca a su dragona. Aunque en un inicio esta no hace caso de los «dracarys«, finalmente el animal accede a los deseos de su ama. Con Daemon llegando a tiempo de ver la llamarada, la tristeza del animal es perceptible. Hubiese estado bien que dejaran en pantalla el abrazo del príncipe y sus hijas. Sea como fuere, el final de la noble Velaryon es conmovedor y contrasta a la perfección con el de Aemma (Sian Brooke), desdibujando las líneas morales que les trazamos los fans al rey y su hermano.

Peleas de niños y amantes

Harwin Strong
Se vienen hondonadas de ostias. | YouTube GoT

Retornando a la capital de los Siete Reinos, el asunto de la bastardía de los hijos de la heredera es candente. Jacaerys (Leo Hart) y Lucerys (Harvey Sadler) son los retoños de más edad de Rhaenyra y su aspecto es muy poco Targaryen. De hecho, se asemejan demasiado al del hijo de la Mano del Rey, Harwin Strong (Ryan Corr). El asunto es diferente y atenuado en Sangre y fuego, pero que aquí resulta muy obvio. Porque aunque, como diría Leonard Cohen, Everybody knows, Viserys es consciente de que es mejor mirar a otro lado. Resulta curioso lo mucho que está presente el preconcepto de la genética en esta fantasía medieval.

Por desgracia, ser Criston Cole demuestra lo taimado que es él y lo tonto que es Harwin Strong. Durante un entrenamiento con los hijos de Rhaenyra y Alicent abusa de los del primero y mima a los de la segunda. El infantilismo del caballero es notable y su maldad acorde. Como en un patio de colegio va lanzando dardos al hijo de la Mano hasta que este muerde. Cuando protege a los que son claramente sus hijos y comienza a golpear al miembro de la guardia real hace demasiado obvia su paternidad. Objetivo cumplido a cambio de recibir una paliza.

aemond
Este no es el que se toca en la ventana, es el hermano. | YouTube GoT

Los chavales por su parte también se las tienen tiesas, aunque colaboran en sus maldades. Antes del suceso del patio, se puede ver el magnífico Pozo Dragón mientras Jacaerys es entrenado para tomar el control de su bestia. Lo observan su hermano junto a Aegon (Ty Tennant) y Aemond (Leo Ashton), vástagos de Alicent. Ellos sí son muy Targaryen. Los dos primogénitos se unen para reírse de Aemond, que tiene un claro trauma por no poseer un dragón. Esto da una muestra de que a priori los chavales de ambas ramas de la familia no se llevan mal.

Aegon contribuye a la casi tendenciosa posición de los Verdes como antagonistas en una escena masturbatoria que recuerda al suicidio de Tommen y a Homelander en The Boys. En ella, Alicent le inocula un veneno tal como lo hiciera en ella su padre. Paranoia y protección maternal se dan la mano en la regente. Ajena a todo ello está Helaena (Evie Allen), la hija del medio del rey, se dedica a ir a su bola y dejar extrañas declaraciones con tintes proféticos.

La traición de Larys Strong

Malicent
A veces Malicent es un poquito ****. | YouTube GoT

Con todo lo dicho, el gran villano, el más maquiavélico de todos, es el personaje con una malformación. Parece una obligación de guion en las fantasías medievales que si se tiene una tara física se tenga que ser un maestro de las conspiraciones. A diferencia de Tiryon, Larys Strong (Matthew Needham), el hijo de la Mano Lyonel Strong, no tiene límites ni ganas de hacer ningún tipo de bien. Así lo demuestra cuando se cepilla a su familia y encima le deja caer a la regente que solo siguió sus órdenes.

El final del único consejero de verdad que ha tenido Viserys se comienza a fraguar en un consejo real en el que, asuntos varios aparte, Rhaenyra hace una generosa propuesta a Alicent para cerrar heridas. Básicamente, esta consiste en matrimonios cruzados y dar un huevo de su dragón a Aemond. Su discurso se interrumpe cuando la regente señala que la leche ha empapado el vestido de la heredera. Pese a que todos ven que esta solución sería perfecta, la regente se niega a ello y discute con el rey. Un detalle de que el guion está llevando a la dama Hightower no solo por el camino de la paranoia sino por el de la ambición. Además, la Mano, ante el escándalo formado por su hijo, trata de renunciar a su puesto ante la negativa del monarca, que le concede que acompañe a Harwin a Harrenhal.

Esto lleva a una conversación con Larys Strong, el Grima lengua de serpiente de la regente, en los cuartos de esta. La joven deja caer que si Lyonel Strong (Gavin Spokes) deja su puesto, Otto Highower (Rhys Ifans), podría retornar al puesto de Mano. Dicho y hecho, el patizambo se dedica a crear un cuerpo de asesinos elegidos entre condenados a muerte. Ver cómo les cortan las lenguas da la necesaria dosis de morbo.

Lyonel Strong
Sé alguien normal para esto. | YouTube GoT

Como traca final se vuelve a recurrir a un montaje en el que se combinan todas las tramas del episodio sobre el que finalmente cabalga un discurso. Se ve a Daemon y sus hijas llorar la muerte de Laena o a Rhaenyra y familia irse de la corte amante de Laenor incluido después de que su primogénito preguntara si Harwin era su padre. También la vuelta a Harrenhal de la Mano y su hijo mayor, solo para morir por un incendio provocado por su vástago menor. El patizambo es el encargado de señalar la debilidad que supone amar. Él no la tiene. Alicent le escucha horrorizada y su antiguo ser parece salir de nuevo mientras asegura que no había pedido que matara a Lyonel y Harwin. La solución técnica está vista y recuerda a la usada al final del segundo episodio, pero funciona.

El sexto episodio de La casa del dragón ha dado paso, como era lógico tras el salto temporal, a tramas más adultas. Poco hay de transición en él y, dado lo mucho que queda por contar, este ritmo acelerado en los arcos parece que seguirá. Sin embargo, se compensa con una pausa narrativa al hacer zoom a los personajes, que dejan su huella en la producción a pesar del poco tiempo que han disfrutado en pantalla. El mejor ejemplo son Lyonel Strong o Laena Velaryon.

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