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Crítica completa de ‘Los amos del aire’, la ampliación de un legado

Fotograma de 'Los amos del aire' 1x05

Dando el salto de HBO a Apple TV+, Los amos del aire sigue la senda de dos predecesoras que causaron sensación. Si The Pacific, segunda en estrenarse, fue una miniserie poderosa pero con fallos, Hermanos de sangre, la inicial, fue un antes y después en el género. Masters of the air, también con Hanks, Spielberg y Goetzman como productores ejecutivos, intenta seguir el ritmo. No siempre lo consigue, pero intenta no ser una mera repetición en un medio distinto. Porque el centrarse en un grupo de bombardeo le ha dejado buscar nuevas perspectivas a la ficción basada en hechos reales de John Shiban and John Orloff.

Aviso de spoiler para cine de guerra o bélico

Una miniserie técnicamente impoluta

Empezando por lo mejor, los entre 250 y 300 millones que ha costado de Masters of the air se notan en todos los sentidos. En primer lugar, el equipo ha vuelto a juntar un reparto con algunas de las caras masculinas más representativas del momento. Ya lo hicieron antes, no iba a ser menos ahora. Callum Turner y Austin Butler son los coprotagonistas Bucky Egan y Buck Cleven. A nivel de importancia en la miniserie, les siguen el Rosie de Nate Mann y el Crosby de Anthony Boyle. En los secundarios, destacó al inicio el Curtis Biddick del popularísimo Barry Kheogan. También se han dejado ver Louis Hofmann, Sawyer Spielberg o James Murray.

En cuanto a efectos especiales, el ojo de la audiencia es muy fino en la actualidad. Sin embargo, pocas veces canta el CGI. Este se combina con habilidad con escenarios físicos en las escenas de acción. Los planos generales son los que nutren los profesionales digitales, mientras que los claustrofóbicos interiores de los B-17 se logran gracias a dos perfectas réplicas a tamaño real. Sets reales, como los de la base aérea o los campos de prisioneros ayudaron a los intérpretes a poder darlo todo como si estuvieran a principios de los 40. La documentación, que parte del libro Masters of the air de Donald L. Miller’s, se desarrolló desde el planteamiento de la miniserie en 2013. El resultado es el esperable: muy positivo.

Mención aparte merece el diseño de vestuario de Colleen Atwood. Sus doce nominaciones y cuatro victorias en los Oscar son un aval que demuestra muy merecido en Los amos del aire. Polivalente como ella sola, ya que ha trabajado de Animales fantásticos a Miércoles, aquí ahonda en diseños militares o civiles de época con acierto. No hay un segundo en el que este apartado no sea convincente, explotando prendas tan conocidas como las chaquetas de aviador yanquis.

Barry Kheogan en 'Los amos del aire'
Con las máscaras, diferenciar a la peña es complicado. | Cortesía de Apple TV+ España

La dificultad de la individualización de los personajes

Gigantesco, el reparto es tanto una ventaja como fruto de uno de sus mayores puntos flacos. Como ocurriera en Hermanos de sangre o The Pacific, así como otras ficciones corales, es fácil perderse. Confundir personajes menores no es difícil. Si en la vida real cuesta quedarse con nombres, el realismo en la escala de Los amos del aire hace que pase lo mismo. No ayuda que básicamente casi todo lo que pase por pantalla sean chavales de la misma edad uniformados.

A lo anterior hay que sumarle una dificultad más, que solo se supera a partir de la mitad de temporada, gracias a la escabechina continua. Al ir en aviones, los intérpretes lucen máscaras de oxígeno. Liberarles de las mismas era una concesión inaceptable. Sin embargo, aunque haya momentos de gran lucimiento interpretativo en base a la mirada, en general lo que ocurre es que no se sabe bien quién está en escena.

El guion se esfuerza en mantener el foco narrativo en pocos personajes. Como se ha dicho, cuando van produciéndose muertes importantes, como las del tercer episodio, el factor se atenúa. Ciertas decisiones de escritura también permiten quitar foco de un protagonista y dárselo a otro. Por ejemplo, el barbecho de Buck tras el cuarto episodio permite a Bucky o Crosby tener tramas propias, independizarse un tanto. La problemática queda cerrada al final, a pesar de la irrupción de la fuerza Tuskegee. Puede que sea un resultado del cambio de foco de la acción al drama que se va dando, pero la fórmula del éxito en este apartado solo llega a partir de la sexta parte.

Escena del primer episodio de 'Los amos del aire'
Como en toda ficción bélica, además de homoerotismo hay bribones borrachuzos. | Cortesía de Apple TV+ España

El reto de no poder bajar a tierra

Hermanos de sangre basó su éxito, al igual que su continuación, en una visión patriótica pero gris de la guerra. Ampliación de Salvar al soldado Ryan, el nexo de unión de las miniseries ha sido centrarse en unidades que sufrieron bajas terribles. Esto generaba una empatía casi instantánea con los personajes. Estos dejaban claro que lucharían al final, pero veían al enemigo como humanos y a ellos mismos como protagonistas obligados. Tirando de la vieja fórmula de Sin novedad en el frente, se demostraba una vez más que la bélica antibélica era la mejor.

Los amos del aire toma esta visión, pero sin machacarla. Su público ya se la conoce, sea a través de Spielberg y compañía o a través de obras a las que este inspiró. Con todo, el presunto glamour de las fuerzas aéreas se deshace rápidamente. La trinchera aérea deja tanto gore como la de tierra desde el arranque. En este sentido, la miniserie consigue transmitir el mismo terror, incluso más, que las anteriores.

Lo que puede hacer Masters of the air es explayarse más en las horas fuera del frente. Este no llega al aeródromo salvo en contados bombardeos. Tras las mortales batallas, las tripulaciones pueden dormir caliente y comer bien. Los permisos son más abundantes, la civilización más cercana. Esto genera más episodios de retaguarda, como el cuarto o el sexto. El equilibrio entre acción y drama se logra a la perfección en el quinto, pero no logra convencer en el séptimo. En esos momentos, la miniserie llega incluso a sentirse lenta. Pese a ello, el octavo logra preparar el noveno para acabar en alto. Esto es en buena medida porque explotan la vida de los prisioneros de guerra con más éxito que anteriormente. Una perspectiva que se toma por vez primera en esta suerte de, de momento, trilogía.

Austin Butler en 'Los amos del aire'
Tíos y aviones, la mitad de la serie son planos así. | Cortesía de Apple TV+ España

En definitiva, Los amos del serie sigue siendo una aportación sólida al género bélico

A los fallos anteriores hay que sumar una decisión extraña. El escuadrón Tuskegee, compuesto de afroamericanos a los mandos de los devastadores cazas P-51, aparecen tarde y brevemente. Con la lentitud reiterativa de las partes que siguieron al ecuador, cabe preguntarse por qué no les dieron más tiempo en pantalla y por qué este no llegó antes. No se quiera leer aquí que se trata por cuestión racial, ya que en cuanto aparecen se les trata con respeto y reverencia. También se quedan a medias con la espía Sandra de Bel Powley.

Con esto y todo, Los amos del aire es una miniserie que demuestra que la fórmula Hermanos de sangre sigue viva. Cerca del agotamiento, sí, pero en pie. Este tipo de ficciones de la Segunda Guerra Mundial tienen todavía historias que explotar. Falta, por ejemplo, el punto de vista de la marina, que no de los marines. Aquí, se ha logrado que pese a la idea elitista que se asocia a la aviación se mantengan los estándares que hicieron funcionar a Band of brothers.

Un reparto mayúsculo en su necesaria masculinidad, efectos prácticos y digitales de enjundia o un vestuario sobresaliente son las grandes bazas de Los amos del aire. Acción cruenta se combina con un drama de retaguardia que no siempre acierta. Con todo cualquier fan de lo bélico, especialmente del conflicto reflejado, tiene en Masters of the air un claro disfrute.

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