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Crítica de ‘Invasión secreta’, una miniserie que cumple sin arriesgarse

Una ficción entretenida en la que Samuel L. Jackson pero que no logra romper su molde.
Fotograma de la miniserie de Marvel Invasión secreta

Ser parte del UCM tiene riesgos. Masiva, la franquicia ha dado mucho de sí y muestra signos de agotamiento. Su éxito lleva a que cualquier ficción adosada a este universo sea mirada con lupa. Además, del fan al hater hay un paso. Por ello, Invasión secreta tenía muchas piedras en su camino. La miniserie, de seis episodios y dirigida por Ali Selim, buscaba un tono serio, adulto, para ahondar en el Nick Fury de Samuel L. Jackson. Un acercamiento al género de espías desde Marvel que logra acabar funcionando, pero que no se arriesga en absoluto.

Aviso de spoiler en'Invasión secreta'

Una encrucijada de géneros

Marvel necesitaba hacer algo distinto después de la fase 4 del UCM. Parece un lugar común, pero resultados de audiencia y críticas mostraban que, tras el tándem Infinity War y Endgame, la fórmula mágica empezaba a repetirse. El relevo generacional no era tanto el problema como que la franquicia solo se sabía un truco. Con Wandavision o She-hulk apostaron por variar el tono y el público reaccionó a cada una de una forma diametralmente opuesta.

Al mismo tiempo, la tendencia del UCM iba por el mismo camino de tantas otras sagas o franquicias. Hay un enemigo que parece invencible, se le gana y luego surge otro peor. De Dragon ball a One piece o los propios comics de Marvel y DC, el asunto está trillado.

En este contexto surgió Invasión secreta con una doble misión. Primero, demostrar que este segmento de Marvel admite ficciones lentas y con un hilo narrativo intimista. Segundo, que también pueden contar historias que no dependan de héroes sobrehumanos. El género elegido para mezclarse con el trasfondo superheroico fue el de espías. No en vano, este admite acciones que van a lo micro, a lo concreto, y el énfasis en el diálogo o las relaciones humanas.

No es El infiltrado o Calderero, sastre, soldado, espía, pero tampoco debía serlo. Porque no es lo mismo espiar a la URSS o a traficantes que a extraterrestres. Sin embargo, la serie no se atreve a abrazar el espionaje, aunque sea a su manera, del todo. Se queda a medio camino, quizá por miedo a decepcionar al fan del UCM.

Una tensión que no cuaja

La premisa de Invasión secreta es muy poderosa. Una mezcla entre 24, V y La invasión de los ultracuerpos. Así, todo hace pensar en que será ese sentimiento de indefensión que causa no saber quién es Skrull y quién no será el motor narrativo. Por desgracia, los giros en este sentido no logran tener el impacto necesario. La sensación está ahí, pero no llega a afectar a superhéroes de primer nivel. Asimismo, es demasiado fácil reconocer a los cambiacaras y anticiparse al shock que produce que se los desvele como tales.

Este «quién es quién» sí que funciona para el fan del UCM, que se estará planteando durante buena parte del visionado cómo afectan los hechos de Invasión secreta a ficciones anteriores de la franquicia. En todo caso, la serie parece querer sacar su tensión de elementos más típicos del género de espías. Por ejemplo, de muertes chocantes. Hay que reconocer que dos de las tres que se muestran funcionan. Los juegos de agente doble, sin embargo, son demasiado transparentes como para sobrepasar un visionado atento. En ese sentido, mejor disfrutarla sin ser inquisitivo.

Nick Fury como conductor supremo

El antiguo jefe de SHIELD es un personaje con mucha historia encarnado por un Samuel L. Jackson que lo tiene más que interiorizado. El actor se mueve con total libertad en el papel del espía. Ya algo mayorcito, asume a la perfección la trama de renacimiento que le toca.

La gravedad que ejerce Fury, en todo caso, vacía a otros personajes. El antagonista, Gravik (Kingsley Ben-Adir), es la mejor muestra de ello. El guion le da un comportamiento estratégico errático. Sus motivaciones quedan meridianamente claras, pero orbita tanto alrededor de Nick que no terminan de tener calado emocional. Es así un villano accesorio, una necesidad terrorista para que el protagonista cuente su historia de culpa y que se pueda llevar a cabo una venganza visualmente satisfactoria. Maria Hill (Cobie Smulders), por su desenlace, es casi una novia en la nevera pero en versión subordinada.

Talos (Ben Mendelsohn) y G’iah (Emilia Clarke), su hija, también dependen en exceso de Nick Fury pero logran tener algo más de peso. Su tiempo en pantalla es mayor y sus líneas de diálogo más afinadas. Asimismo, sus intérpretes están a la altura, especialmente él. Varra (Charlayne Woodard), esposa del protagonista, tiene escenas de alta intensidad emocional que logran situarse entre las mejores de esta temporada. Asimismo, abre al público a una vertiente de la vida del personaje de L. Jackson hasta ahora desconocida.

Rhodey (Don Cheadle) se ve afectado gravemente por un guion que muestra las cartas de su personaje demasiado a las claras. Por último, la Sonya de Olivia Colman es pura comedia. Pese a ello, no desentona en absoluto con el tono algo altivo de la ficción.

Una puerta a más

Es imposible analizar una serie del UCM sin tener en cuenta su relación con el todo, pero Invasión secreta casi lo consigue. Resulta posible verla sin haber prestado mucha atención a la franquicia, gracias a esa intención de Ali Selim y equipo de hacerla un producto propio. Con todo, muchos guiños y golpes de guion no funcionan igual si no se posee vínculo con este mundo marvelita.

El tono más adulto y serio de Invasión secreta responde a la lógica de que el público de Los vengadores ha madurado desde que esta se estrenara. Bajar el nivel del drama a seres humanos, muy listos sí, pero a los que una bala les mata, es otro punto a favor. La estela de Falcon y el Soldado de invierno es clara aquí, aunque en un registro distinto.

Por ello, a pesar de sus errores, la miniserie aporta valor al conjunto en que se halla. Hay que refinar la innovación, pero demuestra que hay espacio para las historias autoconclusivas en Marvel. Un formato necesario y que no requiere hacer deberes, como en Star Wars, para darse cuenta de qué está pasando. Además, opta por un ritmo calmado y un enfoque en el diálogo para variar del combo chiste/mamporro tan manido en el UCM. Más allá de los fallos de ritmo, la propuesta se agradece.

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Javier Retuerta Merino
16/11/2023
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