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Crítica de ‘Oso vicioso’, exploitation osoinómana

El título, la promoción y todo alrededor de este film no mienten: oso+cocaína+sangre.
Fotograma de Oso vicioso

Ideas de bombero hay, ha habido y habrá muchas en el cine. Propuestas que suelen denominarse «locas», «gamberras» y demás. De ellas se suele resaltar más la sinopsis o el concepto que cualquier otro elemento. Oso vicioso es un ejemplo de libro. Elizabeth Banks ha logrado salvar la complicada papeleta de hacer que el asunto aguante de pie. Porque Cocaine bear da exactamente lo que promete: una serie B con un úrsido enfarlopadísimo que se dedica a masacrar a cretinos a ritmo de temazos ochenteros.

Fuente: Wikipedia

Desde el momento en que se lanzó esta propuesta, logró alzarse como un fenómeno viral desde que se supiera su fecha de estreno. Un meme en toda regla. El equipo de Oso vicioso ha hecho los deberes lo suficiente como para que Universal Pictures esté contenta de distribuirla. A pesar de sus errores, logra entretener con más solvencia que otras películas similares como Serpientes en el avión.

La premisa, comentadísima, es una historia real. Resumiendo, un narco abandona su avión de contrabando sobrecargado tirando los fardos de cocaína sobre el parque natural de Chattahoochee. Al saltar él, falla el paracaídas y muere. Un oso se come una gran cantidad de droga, muere y acaba disecado en un super.

Elizabeth Banks, con guion de Jimmy Warden, usa la primera parte, reinterpretándola de acorde al tono de terror cómico de Oso vicioso. Sin embargo, en su ficción el animal no muere. Se vuelve adicto, agresivo y muy pero que muy listo. La misma directora comentó que lo que planteaba era una suerte de venganza del bicho. De esta forma, se entremezclan tres débiles tramas.

Por un lado, la de Sari (Kery Russell) en busca de su hija Dee Dee (Brooklynn Prince) que se ha perdido en el bosque. Por otro, la de Eddie (Alden Ehrenreich) y Daveed (O’Shea Jackson Jr.). Ambos buscan la mercancía perdida bajo las órdenes del padre del primero, Syd (Ray Liotta). En medio queda la de Bob (Isiah Whitlock Jr.), policía veterano que se va a retirar, se mete en un último casi y ya se sabe.

Coca, comedia y gore bien mezclados

Por suerte para todos, en ningún momento Cocaine bear se toma en serio a sí misma. Se respeta, pero no intenta huir de su carácter hilarante. Por ejemplo, incorpora frases metidas con calzador pero que consiguen hacer gracia, como «no es un oso, es un oso vicioso», «parecen osos polares» o «blanca Navidad». Esta última brilla porque, evidentemente, no es esa época del año.

La temática de la droga está omnipresente. La demonización de estas que se hizo durante los 80 en Estados Unidos, tan hiperventilada, se parodia con eficiencia. Sirva como ejemplo la escena en que Dee Dee y Henry (Christian Convery), ambos niños, descubren un fardo de coca y se comen un poco. Por su parte, la osa protagonista no para de esnifar. Para qué negarlo, funciona aunque sea el mismo chiste repetido una y otra vez.

La mayor parte del presupuesto se ha ido en dar vida al animal y sus crías. El resultado es notable y permite al film no caer en lo cutre. Por momentos, osa y oseznos son adorables. Sin embargo, cuando el úrsido se pone chungo, transmite una amenaza convincente. Cabe resaltar que el comportamiento del animal es bastante antropomórfico. Un acierto que permite añadir elementos slasher a las escenas de terror gore. Estas no se recrean siempre en la carnicería, usando habitualmente de fueras de plano.

Demasiados personajes para una historia tan simple

Los altibajos en el ritmo de Oso vicioso le llegan por el exceso de personajes. El inicio va como un tiro, la preparación de la masacre posterior es aceptable y se alcanza el clímax, tras la divertida pelea en el baño entre Daveed y unos adolescentes, con la escena de la ambulancia. Si se ve Cocaine bear es para contemplar a la protagonista animal correr como una descosida y estampar a Margo Martindale contra el asfalto mientras masacra a un sanitario.

Sin embargo, alarga de más su último acto. Se nota la inspiración del cine familiar de los 80, pero acaba enfangando el espectáculo de la osa. Asimismo, hay demasiado protagonista para una película que ni tiene, ni debe tener, desarrollo de personajes. En todo caso, su duración de poco más de hora y media permite que en ningún caso se haga larga. Además, una vez se desatasca, la escena de la guarida de la osa resulta de un absurdo hilarante. Mención especial aquí a un Ray Liotta que recuerda a sus personajes de mafiosos de toda la vida.

Oso vicioso da exáctamente lo que promete

Quien vaya a ver un film titulado Oso vicioso y quiera disfrutar algo serio, profundo o inspirador tiene un problema de criterio. A pesar del oximorón, es serie B de calidad. Un exploitation de drogas y naturaleza contra el hombre sin tapujos. Si el final del capítulo del tomacco de Los Simpson fuese una película, sería algo parecido a esto. De hecho, hay una escena postcréditos que podría ser un guiño a dicha serie.

Desenfadada pero sin querer ser un despropósito, Oso vicioso es puro exceso. Una idea hilarante que ha salido mejor de lo que era previsible. Sobrecargada de personajes y con altibajos de ritmo, su mayor peligro es querer marcarse un Sharknado y lanzar secuelas que sí caigan en el ridículo. La fórmula puede aguantar un par de continuaciones, dando una buena vuelta al concepto, pero no más. De momento, toca dejarse llevar por esta ola osainómana.

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