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‘Dune: parte dos’, cuando quemar granjas es trascendente

Sobre una base excelente, Villeneuve hace vibrar la pantalla.
Fotograma de Dune parte dos

Cada vez cuesta más encontrar justificado que una película dure tres horas. Dune: parte dos es una de las que lo consigue. Tras las simientes de una primera parte espectacular en lo visual pero que bastante tuvo con presentar el universo, la secuela da rienda suelta a sus temas. Villeneuve y equipo aprovechan un reparto de altura liderado por Timothée Chalamet junto a Zendaya para llevar la épica de Frank Herbert al gran público.

Aviso de spoiler'Dune'

Hacia la yihad de Arrakis

El jovencito elegido que va teniendo cada vez más pinta de villano en un contexto de ciencia ficción es un tópico cuyo máximo representante es Darth Vader. Sin embargo, como en tantas otras ocasiones, Dune estuvo ahí antes. Paul (Chalamet) sufre un camino de transformación durante esta segunda parte que le lleva de mesías heroico a genocida en potencia. No es que estos conceptos se suelan excluir, simplemente aquí se va de cara.

Chani (Zendaya) ya no es solo una ensoñación en formato anuncio de colonia. El protagonismo de la joven fremen como posible balanza moral de Paul es notable, sobre todo por lo bien que se conjugan los intérpretes. Jessica (Rebecca Ferguson) sigue siendo la maestra de ajedrez de la primera película, simplemente se desata. Hablando con su propio feto y empujando a su chaval a convertirse en un tirano mesiánico, su pareja de baile en el film es el Stilgar de Javier Bardem.

El carismático líder cae en las redes de la Bene Gesserit. Quiere, necesita creer, como tantos otros. No Chani, que representa frente a la audiencia a las facciones materialistas de los fremen. La telenovela está servida con la inclusión del psicópata Feyd-Rautha (Austin Butler), heredero Harkonnen y plan B de las superioras Bene Gesserit tras Paul. Desde los paliduchos al emperador, la galaxia va concentrando la atención en Arrakis hasta un clímax de pura yihad.

Una explosión tripi tras la mecha de la primera parte

En todo caso, Dune: parte dos no deja de ser una historia de metáforas coloniales en la que una suerte de pueblos árabes queman granjas de droga con la ayuda de un Lawrence de Arabia espacial. Además, ese extranjero elegido es fruto de un contubernio genético dirigido por una suerte de monjas que dirigen el imperio galáctico en las sombras y tienen poderes mentales. Villeneuve ha sabido captar el espíritu entre absurdo, enrevesado y profundo de la obra de Herbert. Esto supone que el tono altivo a veces casi torne en comedia.

Mas si en el arranque de esta suerte de saga cinematográfica todo fue cuestión de potencial, Dune 2 prende la mecha sin miedo. Hay más violencia, el ritmo se torna endiablado y el equipo de efectos se gana el pan otra vez. Que haya cierta previsibilidad en el arco principal, que no es sus muy peculiares detalles, es fruto de lo fundacional que es la novela, y su serie posterior, que adapta.

Paul es un experimento genético destinado a la perfección. Por eso puede parecer un Gary Stu, un personaje al que todo le sale de cara por una escritura deficiente. Bastante se lo han currado las Bene Gesserit y en especial su madre. De hecho, esta ha llevado al extremo su ego para demostrar que podía engendrar al gran mesías.

Dune 2, una película de esas que hay que ver en el cine

Un guion con sus peros que funciona y un reparto a tope no son suficientes para que la taquilla reviente. Actualmente hay que ofrecer más, porque si no la gente se va a esperar a que el film llegue a un servicio de streaming. Dune: parte dos, como su predecesora, es un espectáculo visual. Panorámicas gigantescas, primeros planos certeros, combates de gran calibre… Todo impresiona y merece ser visto en una sala.

El pago por ello es que a veces vuelve a haber efecto anuncio de colonia. Feyd-Rautha, por ejemplo, parece que hace una versión espacial del de Invictus. Sea como fuere, se agradece cierta indulgencia en la espectacularidad.

Dune 2 es todo lo que tiene que ser un blockbuster. Apabulla a la audiencia con efectos digitales y físicos durante sus tres horas de duración. Al tiempo, innova sobre el material base como con el tratamiento de la hijo nonata de Jessica, generando una adaptación más que correcta. Casi tres horas que se mantienen trepidantes gracias al montaje y que demuestran que el cine en sala debe seguir existiendo.

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Nahia Pérez de San Román
07/02/2024
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