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Crítica de ‘Flamin’ Hot’, un confortable cuento sobre el sueño americano

Eva Longoria debuta en la dirección de películas con esta feel good movie.
Fotograma de la película Flamin Hot

Cuando se tiene enfrente una película dirigida por Eva Longoria, en su debut cinematográfico, sobre el origen de los cheetos picantes, es posible dudar. Más por una cuestión de prejuicios que otro elementos, eso sí. Sin embargo, resulta que Flamin’ Hot es una feel good movie efectiva. Nada que vaya a cambiar el mercado, pero sí capaz de hacer pasar una hora y media divertida entre snacks y un marcadísimo acento mexicano.

Un cuento en sentido literal

La historia que quiere contar Eva Longoria tiene que ver bastante con la suya. Se considera una mujer hecha a sí misma, que ascendió al estrellato desde abajo. El caso de Richard Montañez (Jesse García) es muy similar. Se trata de un hombre humilde a más no poder, que consiguió ascender desde el puesto de conserje en la empresa que producía los cheetos o los doritos, Frito-Lay, al puesto de vicepresidente de ventas multiculturales y promociones comunitarias de PepsiCo, la empresa madre. Según él, porque inventó el condimento flamin’ hot y convenció al presidente de la misma de expandirse al mercado hispano.

No está claro que inventara el aderezo picante que revitalizó el segmento de los snacks a principios de los años 90, pero sí que fue clave en la ampliación de las operaciones entre los hispanoamericanos. Longoria opta por confiar en la versión de Montañez y la exagera para generar un relato donde el sueño americano es posible. Que el mexicano sea la excepción y sea hasta cierto punto peligroso creer que eso le puede pasar a cualquiera es cierto, pero que ascendió de limpiar suelos a ejecutivo también.

Por ejemplo, Richard ascendió a maquinista al año siguiente de entrar, pero en la película de Star+ esto no ocurre. Directamente pasa a un puesto de dirección de marketing tras el éxito de los flamin hot. Es innegable que el efecto sentimental que se consigue es mucho mayor que si Longoria y los guionistas Lewis Colick y Linda Yvette se hubiesen adscrito a la realidad.

Un relato para sentirse mejor donde todo es correcto

Como se ha dicho, Flamin’ Hot no es una película para ver con cinismo o pensando en los habituales juegos del capitalismo. La historia del «padrino del mercado latino» juega con una estructura básica que gira en torno al buen hacer de Jesse Garcia y Annie Gonzalez, que encarna a su mujer Judy. Ella desarrolla el papel de apoyo constante pero el film deja claro que llegó a ser el sustento de la familia en algún punto. Buen detalle.

Entre el resto de personajes sobresale el técnico y mentor de Richard, Clarence C. Baker (Dennis Haysbert), y el CEO de PepsiCo Roger Enrico, perfectamente encarnado por Tony Shalhoub. La familia y entorno de Montañez, los ejecutivos o los trabajadores de la planta defienden papeles fáciles con sobrada solvencia.

La estructura no intenta sorprender y se centra en la narración en off de Montañez, que va contando con gracia su historia. El humor funciona, recordando a ratos a Adam McKay, y se basa en buena medida en la cultura propia de los estadounidenses de ascendencia mexicana. En ello se ahondará más adelante. Sea como fuere, el guion fluye sin meterse en líos y sin contratiempos. La audiencia en ningún momento duda de que todo va a acabar bien, ni falta que hace.

Flamin’ Hot, una película con acento mexicano

Si normalmente merece la pena ver un film en versión original, en este caso es casi necesario. Los chascarrillos y saltos entre español e inglés sin continuos. El acento de Montañez y compañía marca distancias raciales y de clase sin necesidad de decir nada más.

Flamin’ Hot no duda en usar los estereotipos que la sociedad estadounidense ha vertido sobre los hispanos una y otra vez. Sin embargo, es consciente de ello y, sin excesiva reivindicación, los usa sin que resulten ofensivos para los propios latinos. Responde a ellos sin molestar en exceso.

En definitiva, el film con el que Eva Longoria ha debutado en la dirección de películas, tras haberse puesto ya tras las cámaras en televisión, da lo que promete. Una historia reconfortante y ágil, que apenas sobrepasa la hora y media. Sin enrollarse y dejando momentos divertidos, narra su cuento de cómo un conserje puede llegar a directivo. A veces, para levantarse por la mañana y seguir con la rutina, hace falta creerse cuestiones así.

Puedes ver Flamin’ Hot en Disney+.

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