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Crítica de ‘Holy spider’, la culpa nunca es del putero

Una cinta de suspense muy solvente, pero sobre todo una reflexión sobre una sociedad enferma.
Fotograma de 'Holy spider'

La prostitución es una cuestión que lleva en el debate público desde tiempos inmemoriales. Hoy en tan agrio como podría esperarse. Sin entrar en detalles, eso es tarea de medios diferentes a este, sorprende que siga habiendo una constante en muchos de quienes participan en la conversación. Se habla y habla de las culpas o virtudes de las meretrices, en femenino porque son inmensa mayoría, pero mucho menos de los pecados de los clientes. Tal es uno de los ejes que vertebra Holy spider, película iraní de producción europea. Un thriller, pero sobre todo una reflexión sobre un integrismo en el que al vengador puritano nunca se le ocurre que sea el putero a quien tenga que castigar.

Un asesino en serie en el Irán de Ali Jameini

Ali Abbasi, director de varios capítulos de The last of us, es la mente tras Holy spider. Iraní pero residente en Dinamarca, le sorprendió cómo parte de la sociedad reaccionó a que un hombre matara a 16 mujeres en Mashhad. El quid de la cuestión es que ellas eran prostitutas y drogadictas. Él, en cambio, proclamó que estaba llevando a cabo una purga de carácter recto, divino, moral. No faltaron apoyos a la visión del asesino araña, Saeed Hanaei. De esta forma, el cineasta trabajó en un proyecto sobre esta masacre desde 2002, un año después de que el criminal fuera atrapado. Finalmente optó por dar un enfoque de ficción al film, en lugar de ajustarse a un corte documental.

La tarea de encarnar al asesino recae sobre un inspirado Mehdi Bajestani, veterano intérprete iraní con muchas tablas en el teatro. Durante la película no solo se muestra su faceta depredadora, sino también la de padre, marido, amigo y trabajador. El día a día de alguien que cree que de verdad está haciendo algo bueno eliminando a pecadoras. No ejecuta el director una maniobra torticera para que el público empatice con el villano, sino que crea la estructura necesaria para ahondar en sus motivaciones, en su corrupta visión de la vida o la religión.

El cineasta logra así el objetivo que se impuso: generar un relato no sobre un asesino en serie, sino sobre cómo una sociedad puede llegar a crearlo. En esta tarea sobresalen Forouzan Jamshidnejad como Fatima y Mesbah Taleb como Ali, mujer e hijo de Saeed. Junto al padre de ella, no dudan en justificar al ser querido, no solo por cariño, sino por convicción moral y religiosa. Como tantos villanos, el de esta cinta cree en realidad ser un héroe.

Ebrahimi, puro magnetismo

Frente al justiciero religioso aparece la inquisidora mirada de Arezoo Rahimi. Zar Amir Ebrahimi es quien da vida a esta periodista ficticia. La intérprete logró un justificado premio a mejor actriz en Cannes con este trabajo. Terca y serie, no puede bajar la guardia ni un instante en un entorno completamente hostil. El personaje se ve atacado por no ser de la ciudad donde investiga y por el mero hecho de ser mujer. Irán es un estado misógino como tantas veces ha insistido en mostrar. Abbasi tampoco duda en enseñarlo, desde la elocuente escena en que se conoce a la protagonista en un hotel, en el que están a punto de denegarle una reserva al viajar sola.

A pesar de lo agresivo del contexto, el personaje de Rahimi no está construido como una víctima ni como una heroína de acción. El guion agradece no caer en estos clichés, permitiendo alternar momentos de vulnerabilidad y firmeza notables. La intimidad queda sutilmente representada en los momentos en que la periodista puede liberar su pelo. Este elemento, de gran erotismo en el mundo islámico, juega un papel crucial en la representación que el film realiza de la lascivia.

Destaca en la película una escena casi directamente atada a la biografía de la propia actriz. Amir Ebrahimi tuvo que huir de Irán tras un escándalo en que un rival filtró una cinta sexual en el que supuestamente aparecía. De no hacerlo, habría sufrido latigazos y seis años de cárcel. En Holy spider, su personaje sufrió una crisis de reputación al rechazar intimar con un superior. Se lo recuerdan un clérigo local y, sobre todo, el detective que lleva el caso. Este llega a acosarla en una desagradable secuencia de enorme tensión.

La violencia integral de Holy spider

La primera escena de la película marca el tono de lo que está por llegar. Abbasi mete la cámara en la intimidad de Rahimi y Saeed, pero también en la de la primera víctima. En un inicio que recuerda por momentos a Fincher, se siguen los pasos de una noche en la vida de una prostituta y adicta. Repleta de moratones, es tratada como basura por sus clientes. Puede verse incluso cómo realiza una felación. Entonces, llega el asesinato, perfectamente filmado. La expresión de terror de la joven, el forcejeo y el modus operandi del asesino araña conforman un todo crudo, sumamente despiadado.

El resto asesinatos funcionan también como la seda. Cuando llega el esperado enfrentamiento entre Rahimi y Saeed, no decepciona. Bajestani logra trasmitir un patetismo total. Tras ello, queda un amplio acto final que recoge el juicio del villano. El actor realiza un nuevo cambio de registro, mostrando su amplitud de rango dramático. Amir Ebrahimi también se luce entre la agitación y la digna firmeza. Como se ha mencionado, la violencia contra la mujer que transmite el film no es solo física.

Misoginia en primer grado

Como era de esperar, más a raíz del éxito de crítica que obtuvo, al gobierno de Irán no le gustó mucho Holy spider. Tan profuso a la hora de ejecutar y reprimir tanto derechos como manifestaciones, llegó a amenazar a los participantes en la ficción. Respecto a Cannes, también dieron una respuesta airada al premio concedido a Ebrahimi.

En este caso, las reacciones confirmaron que Abbasi no había pinchado en hueso. Su crítica, feroz, a la profunda misoginia de Irán es el elemento más poderoso de un film que funciona también como mero thriller. El poder de que los crímenes, las motivaciones tras ellos, fueran reales acalla cualquier crítica asociada con el wokismo.

Saeed mata a prostitutas porque ellas son las corruptoras. Le aclaman una vez encarcelado porque ha limpiado las calles de perversión. El gobierno es firme en la condena del asesino, pero planea pagar a las familias de las meretrices para que callen. La culpa tiene un género y, por ello, la reflexión que ofrece Abassi con Holy spider resulta tan pertinente. Si queda algo claro cuando caen los créditos finales es que todos han sufrido excepto, se siente la insistencia, los puteros.

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