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‘Los asesinos de la luna’, una peli para salir con mala sangre del cine

Una película de Scorsese sobre una serie de crímenes bastante chungos.
Segmento del póster de Los asesinos de la luna

En ocasiones terminar un film con sensación de enfado no es mala señal. Todo lo contrario. Los asesinos de la luna, de Martin Scorsese, logra tal efecto. Una película larguísima, cocinada a fuego lentísimo, pero que va minando poco a poco la moral en el mejor sentido posible. Basada en una novela homónima que explora crímenes cometidos contra la rica tribu Osage a principios del siglo XX, cuenta con un reparto en estado de gracia.

No solo un tema

Que una obra de ficción explore un tema interesante, relacionado incluso con la vida real, no hace que sea de calidad. Es algo que suele confundirse. La intención no es lo que cuenta. En el caso de Killers of the flower moon hay más que mero mensaje.

Scorsese y el coguionista Eric Roth tienen clarísimo qué quieren contar. Asimismo, beben de una novela que a su vez se basa en hechos históricos lo suficientemente interesantes como para no necesitar desviarse en exceso de ellos. Sin correr, como se ha dicho, en ningún momento, la narración fluye sin excesivos problemas durante 206 minutos. Casi tres horas y media que circulan con rapidez en su primer acto, flaquean un tanto en el segundo y vuelan a partir de ahí. Mención especial a la banda sonora de Robbie Robertson, eléctrica ya ratos cañera.

Respecto a lo que se cuenta, se trata de una de las muchas barbaridades cometidas por el país que ha modelado occidente. Una historia sobre indios que poseen una riqueza sin parangón gracias a que sus tierras están plagadas de petróleo. Los blancos son quienes manejan sus fortunas, algo que ha traído cola hasta hace pocos años, y algunos de ellos quieren hacerse con ellas a través de matrimonios de conveniencia y asesinatos. Si a alguien se le ocurre calificar el film de woke, debería buscar terapia.

Un western que deriva en melodrama clásico

Los asesinos de la luna es una del oeste en toda regla durante la mayor parte del tiempo. Desde ese tren inicial en el que llega el personaje de Ernest, pasando por esos paisajes infinitos y los ranchos con muchas vacas. Aquella Oklahoma de justo después de la Primera Guerra Mundial era un lugar horrendo para cualquiera que no fuera blanco. Es el estado donde se ubica Tulsa, esa ciudad donde un barrio de afroamericanos fue arrasado por la osadía de ser próspero.

Los Osage tenían algo más de protección a nivel federal, pero no local. En el Farifax que muestra Los asesinos de la luna el KKK rondaba sin problema por las calles, la inseguridad era total y los asesinatos una cuestión diaria. Un western salvaje a la vez que crepuscular. Porque Scorsese toma el género desde la vertiente revisionista.

Sin embargo, la relación entre Ernest y Mollie es el otro ancla de Killers of the flower moon. Aquí la película se transforma en un melodrama. El fracaso del asunto se barrunta pero no llega porque hay amor de por medio. La india Osage no es imbécil, a diferencia de su esposo. Al tiempo, la aparición del predecesor del FBI, el BOI, rompe la mítica del oeste.

Personajes que matan mitos estadounidenses

No es extraño que los mitos yanquis sean cuestionados por sus artistas. La caída de la casa Usher lo hace y Los asesinos de la luna también. Lo del sueño americano se tacha de una falacia repleta de sangre representada a través del William King Hale de Robert de Niro y el Ernest Burkhart de DiCaprio. Uno es un ganadero en apariencia bonachón, amigo de los indios, pero que en realidad es un maquiavélico criminal. El otro, un tipo de inteligencia límite, manipulable y simple.

El sueño americano, a través del western, está al alcance de ambos. Convirtiendo a los indios a su sociedad, con esa condescendencia que denuncia el libro El amanecer de todo, pretenden hacerse con su dinero. Primero atraen para después matar. De Niro y DiCaprio transmutarse en ser seres humanos realmente deplorables, sin dar opción a la simpatía. Malas personas que representan el ideal liberal en su peor forma.

Frente a ellos está el que quizá sea mejor personaje femenino de Scorsese. Se trata de la Mollie de Lily Gladstone. La actriz muestra una estampa estoica a través de la heredera sangre pura Osage. El amor que profesa a su esposo Ernest es tan grande que la obnubila, aunque sin hacerla tonta. Ahí es donde tracciona el melodrama. Ella, en ningún momento, pierde la dignidad, al contrario. La va incrementando hasta un final en el que el propio Scorsese se permite un cameo. Desenlace que da la puntilla a los mitos antes referidos. Se cierra así para una película que, sin ser una obra maestra, sí consigue estar en el percentil más alto de 2023.

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