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Crítica de ‘Onimusha’, una adaptación libre entre lo samurái y lo demoniaco

Mifune vuelve a poner cara a Musashi en esta serie de Netflix.
Segmento del póster de Onimusha

Netflix y los animes se llevan bien. La marca de la gran «N» está sabiendo destacar a través de este tipo de animación, complementada con opciones internacionales. Onimusha es una apuesta que además adapta la saga de juegos homónima. Sin embargo, la serie opta por alejarse del canon visto en consolas para crear una aventura totalmente original protagonizada por uno de los espadachines más famosos de la historia de Japón. Eso sí, aquí los duelos no son contra ronin sino contra demonios.

Lo mejor: el efectivo combo de demonios y samuráis en el Japón Edo

En esencia, el anime cuenta cómo un grupo de samuráis se enfrenta a las huestes demoniacas de un rival llamado Iemon. El conjunto está liderado por Miyamoto Musashi. Como los videojuegos, la serie toma figuras reales para su historia. En este caso, se trata de uno de los espadachines más legendarios que ha tenido el país nipón. Jamás fue vencido en duelo e hizo famosa su dominio de la doble espada.

Onimusha le añade un elemento más, el guante Oni. Se trata de un artefacto poseído capaz de absorber las almas de los enemigos demoniacos de los Oni, los Genma. Junto a Musashi se sitúa un grupo de variopintos samuráis. Ahí recuerda mucho a Los siete samuráis de Kurosawa, así como a otros clásicos del género.

Combinar espadachines nipones con luchas contra demonios, incluso zombies, funciona. La animación, fluida con el 3D de los personajes y el 2D en los fondos, hace bien su trabajo. En estilo violento, gore, recuerda a otro reciente estreno de Netflix como Samurái de ojos azules. La parte esotérica retrotrae a masacres como las de Evil dead, frikadas como las de 30 monedas o sadismo como el de Hellraiser.

Cuenta una historia propia apta para todo el mundo

Aunque tenga su contraparte, es apreciable que los directores Takashi Miike y Shinya Sugai junto al guionista Hideyuki Kurata hayan querido contar una historia independiente. Los videojuegos de Capcom se basan en el final de la época Sengoku y la Azuchi-Momoyama. La serie de Netflix lo hace en la Edo, que sigue a estas. Es una era en que la belicosidad descendió.

No hace falta haber jugado, o simplemente conocer, los videojuegos para entender el anime. Funciona como una ficción por sí misma, a pesar de algún que otro obligado easter egg. Por tanto, llega a apelar más al fan de las épicas samuráis o la fantasía japonesa que al de la obra original.

Lo peor: historia algo genérica y alejamiento excesivo de la saga Onimusha

Lo que acabamos de decir es una de las grandes contras de la serie. Quien acuda a ella esperando un festival de referencias a la saga Onimusha saldrá con mal sabor de boca. Si se ve, es mejor disfrutarla con la mente abierta. Es algo similar a lo que ocurre con Fundación, especialmente su segunda temporada.

Entro los principales conflictos está en que se presenta el guante Oni como una influencia negativa. Musashi lucha contra él, contra su control, tanto como contra sus enemigos. En los juegos es más bien al contrario. Un choque que puede considerarse contrario al lore. Para quien no lo conozca, sin embargo, se trata simplemente de un conflicto de gran interés.

Por otro lado, la historia narrada peca a veces de ser excesivamente genérica. Algunas dinámicas de personaje y giros se ven venir. Los arquetipos de los samuráis también son los habituales. Lo mismo ocurre con la chavala superviviente del pueblo conquistado por Iemon y el propio villano. En todo caso, el todo sigue siendo totalmente disfrutable.

El detalle fan: Toshiro Mifune y Miyamoto Musashi unidos otra vez

Al fan del cine japonés no se le habrá escapado que Musashi tiene el aspecto de Toshiro Mifune. Archiconocido por ser el más loco de Los siete samuráis, es considerado uno de los actores más importantes de la historia. Pero no es con la obra de Kurosawa con la que se reencuentra en la serie, sino con la de Hiroshi Inagaki.

Su trilogía Samurái llevó a la gran pantalla la historia de Miyamoto Musashi y sus duelos. Onimusha recupera este vínculo también en una ficción épica. Más allá de la obvia diferencia de contexto, siendo las pelis de corte histórico y la serie fantástico, la principal divergencia es el periodo vital del héroe. En la producción de Netflix se le presenta en una fase totalmente crepuscular, mientras que en los films está en pleno apogeo.

En definitiva, un anime de acción muy entretenido que se consume del tirón

Sin llegar a ser una obra diferencial en su género, Onimusha es un anime competente y divertido. Presenta un arco cerrado, que sin ser novedoso funciona perfectamente. Cuestión no baladí, la acción que despliega es sobresaliente, imaginativa en los enfrentamientos. Tampoco hay que pasar por alto la elección del tema principal, el The Loneliest de Måneskin. La serie de Netflix se aleja de los videojuegos para tener alma propia dando como resultado unas horas de notable entretenimiento.

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