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Primera temporada de ‘Los anillos de poder’: un todo fallido

Pese a sus buenas intenciones, 'Los anillos de poder' se ha estrellado debido a su cuestionable guion.
Los anillos de poder 1x03 Galadriel y Elendil a caballo

A pesar de venir con todo para triunfar, el buque insignia de Prime Video ha acabado, sino naufragando, si a punto de hacerlo. El guion es el principal motivo de que la crítica de la primera temporada de Los anillos de poder sea negativa. Un producto que confiaba en sí mismo tanto como para enfrentarse cara a cara con La casa del dragón. A la postre, la sensación que deja el conjunto se resume en una palabra: decepción a pesar del grandioso apartado visual.

El mayor pecado de la primera temporada de Los anillos de poder es su guion

Los anillos de poder 1x01 Theo
Theo. | Prime Video

Obi Wan-Kenobi fue un aviso claro de que no basta con buenos materiales para acertar. Las pésimas líneas de diálogo, situaciones que rozaban lo dantesco y lugares comunes por doquier se unían a lo que incluso parecía apatía por parte del reparto. Esto último no se ve aquí, pero el resto sí.

Que el prólogo con el que arranca esta primera temporada de Los anillos de poder sea notable solo sirve para contribuir a la bajona posterior. Ya se ve que la adaptación va a ser muy libre, pero promete. Luego, sin embargo, se comienzan a suceder conversaciones en las que la grandilocuencia no resulta elegante sino por momentos absurda. El lenguaje de época, medieval en este caso, no ha de ser sinónimo de pomposidad. En este caso, lo es. Aunque duela, el ejemplo contrario está en la trilogía de El señor de los anillos de Peter Jackson.

Durante tres episodios se pueden pasar por alto los fallos de guion porque al fin y al cabo componen la presentación de un mundo complejo. A partir de ahí, todo va cuesta abajo hacia el sexto episodio. Como no es cuestión ponerse a enumerar fallos, baste tomar el ejemplo de este capítulo a modo de muestra. Cuando Theo (Tyroe Muhafidin) le pide a su madre que le repita las palabras que le recitaba de niño nos encontramos con un pretencioso discurso sobre luz y oscuridad. El momento quiere ser profundo y acaba en la comedia. He aquí el primer error que se repite.

Durante la batalla, la estrategia es absurda por parte de Arondir (Ismael Cruz Córdova) y Bronwyn (Nazanin Boniadi). Tolkien, cabe recordar, estuvo en la Primera Guerra Mundial y cuidó en extremo que sus enfrentamientos tuvieran sentido. Podría entrar por los ojos, como la batalla de los Bastardos de Juego de tronos, pero se muestra en pantalla cómo los orcos escapan levantando un madero. El efecto que crea es la inverosimilitud. Otro de los errores comunes de la serie, también en la forma de giros de guion que pretenden ser más inteligentes que lo que acaban siendo. Todo el asunto de la identidad de Sauron es una muestra de ello, casi tratando de tonto al espectador al dar muestras de que es Halbrand (Charlie Vickers) desde el mismo episodio en que aparece.

Finalmente queda el uso de lugares comunes, de escapatorias argumentales repetidas hasta la saciedad lanzadas arbitrariamente. Siguiendo el ejemplo, se pueden contar hasta cinco momentos en los que la situación está a punto de llevar a morir a alguien o un grupo y en el último instante aparece un salvador. El problema no es el tópico. Porque la carga de los rohirrim lo es tanto al final de la película de las Dos Torres como en la batalla de los Campos de Pelennor. El error es aplicar estas fórmulas de forma burda y sin sentido para crear una tensión que no hace falta. Cabe resaltar además algún conato de Deus ex machina como el tema de los tres barcos que transportan a cientos de jinetes y sus monturas.

Galadriel, un sindiós

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Galadriel es un proyecto fallido. | Prime Video

A estos tres fallos de escritura habituales a casi todos los episodios se suma una toma de decisiones por parte de ciertos personajes. El caso de Galadriel (Morfydd Clark) es una debacle en sí misma. Se quiere transmitir que es una joven atrapada por la venganza. Al fin y al cabo, es un elfo y su sentido del pasar de la vida es distinto al del ser humano. Sin embargo, parece exactamente eso, una persona normal. Da igual que sea uno de los seres más antiguos que habitan la Tierra Media.

Descuadra el arquetipo de personaje que le dan a Galadriel, pero más el hecho de que no aprenda nada en toda la temporada. Si se la sitúa en el dudoso punto inicial de ser una adolescente rebelde, no se puede dejar que simplemente arrample con todo lo que se le ponga por delante. Su única vía de actuación es la violencia y la soberbia. En un cierre de temporada, que está por encima del resto de episodios junto al quinto, se sobrepone pero no se arrepiente. Su ceguera ha metido a Sauron en casa pero no reconoce el error y se limita a deshacerse de un objeto que le recuerda a su hermano. Asesinado por el Señor Oscuro, es el motivo de su ira vengativa, así como de su total falta de respeto a la cadena de mando y renuncia a la diplomacia.

Un exacerbado pathos el de Galadriel, que hace que un ser que se supone sabio y superior al resto acabe pareciendo simplemente idiota. Su impulsividad se corrobora desde que decide saltar de un barco para atravesar a nado un océano. Algo inverosímil y que el guion obliga a aceptar sin más. Ese nivel de reflexión sobre cómo actuar sigue sin redención, que comparte con Isildur (Max Baldry), y destroza un personaje a priori interesante. Uno que está, en la medida que se puede, bien interpretado en lo actoral. No se critica por ser una chica dura, sino por ser absurdo.

Personajes que no generan empatía

Adar te queremos
Adar te queremos. | Prime Video

Adar (Joseph Mawle) es un elfo al que Morgoth transformó en uno de los primeros orcos. Es decir, es un ser surgido de la maldad, una broma macabra del Vala a sus colegas. Pues resulta el personaje con el que es más fácil empatizar de todos los presentados. Su discurso es el más elaborado, sus motivaciones están claras y el tono gris que porta en el balance Bien/Mal está bien integrado en el lore. Esto condensa los problemas de evolución que tienen el resto de protagonistas y secundarios con la salvedad de afortunados como Elendil (Lloyd Owen), Elrond (Robert Aramayo) o los pelosos.

Kemen (Leon Wadham) y Eärien (Ema Horvath) son el epítome de esta tendencia, sin tener en cuenta a Galadriel. Era fácil mostrarlos como numenoreanos que se preocupan por qué puede pasar a su reino. Sin embargo, les retratan como adolescentes atolondrados y siempre un paso por detrás. En general, ese ir siempre a la zaga que sufren tantos personajes no viene de la genialidad de villanos o enemigos, sino de un guion terrible.

Cuando la adaptación sale mal

El extraño en Los anillos de poder
Él no lo haría. | Cortesía de Prime Video

J.D. Payne y Patrick McKay han salido al paso de críticas que sí estaban injustificadas. Estas se centraban en la etnia de los actores (recordemos que la raza no existe en el ser humano) o en el mencionado carácter guerrero de Galadriel, una mujer. El error es pensar que es por ello que a buena parte del fandom le haya decepcionado la serie. Da la sensación de que la producción ha tirado balones fuera y favorecido un discurso bastante tóxico entre los seguidores del mundo de Tolkien.

También ha generado mucho odio en redes aquello de seguir o no al pie de la letra lo escrito por Tolkien. Los cambios, al menos en esta crítica de la primera temporada de Los anillos de poder, son bienvenidos. Ya lo hizo Jackson en la trilogía de El señor de los anillos y fue estupendo. Así lo ha hecho La casa del dragón y ha sido magnífico. Pero en la serie de Prime Video se trastocan elementos demasiado de base en algunas ocasiones.

Por ejemplo, no hay problema con contar un origen novedoso del mithril. Tampoco en cambiar cómo se crearon los anillos de los elfos o cuándo llega Gandalf a la Tierra Media. Despertar al Balrog de Moria, aunque tendrá a buen seguro una explicación, sin embargo, no cuadra en el legendarium. Lo hecho con Galadriel y Sauron resulta inverosímil, al ser esta (en teoría) casi un detector antimaldad. Da igual que Annatar aparezca más adelante y no se fíe. Lo hecho es como proponer a un Bruce Wayne que no sea huérfano. Resulta estupendo que hubiera un plan para crear Mordor y luce la mar de bien. Pero que la forma de ejecutarlo sea un efecto dominó desatado por un personaje terciario es casi surrealista. Ahí falla la adaptación, al renunciar a las reglas básicas de la narrativa de Arda.

No todo es malo en la primera temporada de Los anillos de poder

Miriel y sus caballeros
Hay que decir que los numenoreanos lucen que te pasas. | Prime Video

Podría seguirse enumerando errores, pero mejor ir a los puntos de luz en los que puede anclarse Los anillos de poder de cara a futuras temporadas. Por un lado, tiene villanos que causan mayor interés que sus héroes. Viendo lo hecho con Adar o lo misterioso de las terna femenina que perseguía al Extraño (Daniel Weyman), un posible Sauron en forma de Annatar es más que prometedor.

Hay tramas que han salido más indemnes de los errores narrativos, como la de Númenor y la de los pelosos. A los seres fantásticos no han sabido cogerles el punto, a los humanos tampoco pero la falta no ha sido igual de grave. De hecho, en el caso de los hobbits y el Extraño la trama es correcta. Que guste o no es cuestión ya de gusto personal. El viaje del maia con Nori (Markella Kavenagh) al este puede ser muy satisfactorio. El reino Edain, por su parte, debe afinar un argumento base que bebe del drama político y abrazarlo. En la isla con forma de estrella, la cosa no va de ética sino de intrigas.

Por último, el apartado visual es apabullante. La creación de mundo resulta excelsa y solo lleva a lamentar todavía más el ridículo guion. En las escenas de acción se han contemplado coreografías de mérito, incluso de fondo, por lo que si se depura el planteamiento de la estrategia militar el potencial es enorme.

Un resultado por debajo del dineral invertido

Arondir en la primera temporada de'Los anillos de poder'
Arondir. | Prime Video

Tras más de medio millar de millones de dólares metidos en exclusiva en la primera temporada de Los anillos de poder, lo mostrado es muy mediocre. Acierta en lo técnico, en lo visual, en la banda sonora. Pero su historia no transmite, sus personajes no mueven, sus giros aburren. Un escenario al que se añade el agravio comparativo con La casa del dragón. Por suerte, la serie de Prime Video tiene una segunda temporada en la que arreglar estos debes. Una vida extra fruto de la inversión y de que una audiencia que seguramente le dará una nueva oportunidad porque pesa más el fandom que la calidad de lo visto. Sin ese factor, más de uno la hubiera dejado a la mitad.

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