Primera temporada de ‘La casa del dragón’: llegar y besar el santo

Con un arranque arrollador, la primera temporada de 'La casa del dragón' ha recuperado la ilusión de los fans en Poniente.
Portada de la crítica de primera temporada de La casa del dragón

Como es evidente, aquí va a haber muchos spoilers. Sea como fuera, la crítica de la primera temporada de La casa del dragón tiene que ser positiva. No por sectarismo ni odiosas comparaciones. La producción de HBO ha realizado un excelente trabajo de adaptación, partiendo de las variadas fuentes que ofrecía Fuego y sangre. De la mano del autor original, George R.R. Martin, han sabido crear personajes interesantes, enlazar tramas hábilmente y, en definitiva, dar un drama político de altura. Con dragones, por supuesto. Que al final esto va de los Targaryen.

La redondez de los personajes de La casa del dragón temporada 1

Una serie que pertenece al mundo de las telenovelas/dramas político-familiares, según se sea de altivo, necesita buenos protagonistas. Pero, requiere todavía más de excelentes secundarios. Juego de tronos lo logró en sus primeras temporadas, los libros en que se basaba también. El miedo era volver a ver las fases finales de ambos, especialmente de la serie. Por suerte, el elenco ha dado vida a un grupo más que interesante.

Rhaenyra, el centro de la temporada

La daga valyria, Viserys y Rhaenyra
Rhaenyra se ha visto muy influenciada por su padre. | Imagen: Cortesía de Warner Media

La protagonista del conjunto, en solitario, es Rhaenyra Targaryen (Milly Alcock/Emma D’Arcy). Comienza siendo la hija del rey, pasa a ser heredera y acaba compuesta, sin corona y con un hijo muerto. Es la mejor muestra, junto con su enemiga Alicent (Emily Carey/Olivia Cooke), de cómo evolucionan los personajes en la primera temporada de La casa del dragón. Comienza como una caprichosa niña mimada. Ella quiere libertad, no quiere morir en el paritorio como su madre, quiere guerra. En resumen, ser dueña de su destino.

Su viaje pasa por madurar de la mano de Viserys I (Paddy Considine), un padre que la hace su sucesora pese a que esto viole las tradiciones de Poniente. Le cuesta, pero tras el salto temporal de mitad de temporada, se ve el resultado. Entregada al mismo tiempo a sus placeres y a su deber, se casa con Laenor (Matthew Carver/Theo Nate/John Macmillan), que es homosexual, y tiene varios hijos con Harwin Strong (Ryan Corr). Esta ilegitimidad conocida por todos es la que provoca que Alicent y familia la acaben usurpando el trono.

Entre la Rhaenyra de La casa del dragón y la de Fuego y sangre hay un mundo. Una orgullosa pero humilde, la otra vengativa. Una proactiva y en forma, la otra vaga y fofa. Pero, lo dicho, esto sorprende solo antes de comprobar que se ha estado viendo diez capítulos para llegar al último plano. Se ha construido una versión alternativa de esta eterna heredera, que abarca lustros en la ficción, solo para que el espectador viera que hubo una oportunidad de que todo saliera bien. Entonces, revientan al personaje y ya parece más el literario. Parece quedar claro que el bando que lidera, los Negros, van a pasar de la cautela al crimen de guerra continuo.

Alicent, víctima o verdugo

Alicent es dominada por las circunstancias en La casa del dragon
Alicent acaba un poco catacrocker. | Imagen: Cortesía de WarnerMedia

En ocasiones Rhaenyra da rabia porque parece que se queja de vicio. Todos miran por ella, hasta que dejan de hacerlo. Inicialmente mejor amiga, Alicent Hightower, es su opuesta. Su irónica gran fortuna es casarse con unos 15 años con el padre de su mejor amiga y monarca de Poniente. Desde entonces, se dedicará a engendrar hijos, a aconsejar y calmar a todos. Un juguete en manos de su padre Otto (Rhys Ifans), Mano del Rey durante la mayor parte de la temporada, es prostituida por el mismo para acercarse al dominio del reino.

El viaje de Alicent es trágico. Como en Sunday Morning, todo es calmado e idílico, pero de fondo resuena el drama. El de saberse usada, el de sentir que la vida de sus hijos pende de un hilo, ya que al ser sus vástagos hijos del rey podrían ser un estorbo para Rhaenyra. El de saber que su supuesta amiga le mintió llevándola a hacer caer en desgracia a su padre. Envenenada por este y consejeros como Larys Strong (Matthew Needham), la juventud que sigue luciendo tras el salto temporal contrasta con la amargura que le ha traído su existencia. El sueño de una dama de corte, al final, no era esto. Sin embargo, se repone y acaba dominando a quienes la ataban para alzarse como la gran adversaria de su otrora mejor amiga. Puro contraste el que tiene la líder de los Verdes.

Viserys y su búsqueda del legado

Viserys haría que Jorge Manrique estuviera orgulloso
Denle un premio a este hombre. | Imagen: Cortesía de WarnerMedia

Con todo, a nivel de interpretación, es el Viserys I de Paddy Considine el que más pinta para Emmy. Lozano madurito al inicio, acaba siendo un viejo leproso. Se trata de un hombre justo, no en vano es recordado como uno de los mejores reyes de Poniente. Pero su obsesión con el legado le condenó a ser un desgraciado en lo personal. Primero eligió tener un posible heredero que cerrara cualquier posible contienda sobre su sucesión por encima de su amada. Porque el dejar morir a Aemma (Sian Brooke) es algo que le pesaría toda su vida.

Siempre pensando en cómo le recordarían, se ve desde el inicio que Alicent es una sustituta. Sus continuos esfuerzos por la paz, que le dieron el mote de el Conciliador, acaban en nada. Si se trabaja toda una temporada en hundir a Rhaenyra, pasa algo parecido con los esfuerzos de Viserys por dejarlo todo atado. Casi lo consigue en el episodio octavo, un alarde en toda regla y el mejor del conjunto. Casi acabado, logra que Verdes y Negros se reconcilien. Pero, ironía máxima y melodramática hasta el hartazgo, justo antes de morir habla más de la cuenta a Alicent sobre la profecía Canción de hielo y fuego. Un error que la reina aprovecha para tomar el poder por encima de la heredera y a través de su hijo Aegon.

Porque ese otro legado, el que proviene del sueño profético que tuvo Aegon el Conquistador, es la otra obsesión de Viserys. Una que traslada a su hija. La revelación de que los monarcas Targaryen conocen que una amenaza podría barrer la vida desde el norte es solo un ladrillo más de una primera temporada que parece clamar que el destino quería guerra entre familiares. Esa sensación de predestinación es continua.

Daemon, Rhaenys, Otto… una corte maravillosa

Rhaenyra y Daemon priman la vida terrena sobre el resto
De nombre Daemon, de apellido liante. | Imagen: Cortesía de Warner Media

La pléyade de secundarios que se suma a la terna principal mencionada eleva el nivel de La casa del dragón. Tanto como para hacerla merecedora del título a mejor serie de 2022. O, al menos, a ser una contendiente al mismo. Daemon (Matt Smith) está brillantemente interpretado, con cambios de humor que parecen fruto de una enfermedad mental. Rhaenys (Eve Best) y Corlys Velaryon (Steve Toussaint) conforman una pareja madura que atraviesa los clásicos problemas mil veces vistos, pero en un entorno muy sugerente. Al final, ella pudo ser reina y ha aceptado que no lo será, mientras que él está casi tan obsesionado con un gran legado como Viserys.

Si los anteriores eran parte de los Negros, en los Verdes hay también grandes personajes. Otto, Mano del Rey y manipulador en busca de poder no duda, como se dijo, en sacrificar a su hija con tal de estar arriba. Larys Strong es otro tipo de maestro de la manipulación, más al estilo Varys pero en versión totalmente amoral. Criston Cole (Fabien Frankel), que comienza enamorado de Rhaenyra, acaba en el otro bando por despecho. Es sin embargo más flojo, con agujeros de guion en torno a sus homicidas ataques de ira. Nadie se explica cómo no le encarcelan tras matar a dos nobles.

Dentro de los bandos, o anteriores a la creación de los mismos, cabe resaltar a varios personajes. Por ejemplo a Mysaria (Sonoya Mizuno), como representante de un pueblo del que los nobles pasan. A Lyonel Strong (Gavin Spokes), el mejor consejero que tuvo Viserys. También a los hermanos Laenor y Laena (Nova Foueillis-Mose/Savannah Steyn/Nanna Blondell), hijos de Rhaenys y Corlys casados con Rhaenyra y Daemon respectivamente. Uno acaba aparentemente muerto y la otra fallece de verdad. De los muchos hijos de Alicent, Rhaenyra y Daemon sobresale Aemond (Leo Ashton/Ewan Mitchell). Parece un jefazo y el guion le acaba situando como el chaval sin idea de lo que hace que es. Su hermano Aegon (Ty Tennant/Tom Glynn-Carney) es un patán perfectamente interpretado. El resto de vástagos, cumplen con creces, de Baela (Bethany Antonia) a Lucerys (Harvey Sadler/Elliot Grihault). Como se ve, hay muchos y buenos secundarios encarnados por actores habitualmente en estado de gracia.

El gran valor de adaptar con cabeza

Alicent, Otto y Cole
Los secundarios han estado en general muy bien planteados. | Imagen: Cortesía de Warner Media

George R.R. Martin halagó la forma en que el equipo de HBO ha actualizado e interpretado su relato. Especialmente, elogió al personaje de Viserys I. Tanto que incluso está tentado de modificar Fuego y sangre. Esta anécdota es un reflejo de lo bien adaptada que está la obra literaria. Los cambios son abundantes pero en casi todos los casos resultan justificados. Añaden, como se dijo, un cariz de desgracia involuntaria y predeterminación que sube enteros la afectación dramática que el programa puede tener en el espectador.

Porque la primera temporada de La casa del dragón toma todo el tiempo que puede para desarrollar a sus personajes más centrales. El sacrificio, que se comentará más adelante, son otros que pasan solo de puntillas. Al final, en conjunto, el paquete de episodios resulta convincente. De la falsa candidez del primero a la suma tragedia del décimo. Contar con el creador del universo, desde luego, ha tenido que ayudar. Gracias a ello no se plantean realidades ficticias paralelas, sino complementarias. Por ejemplo, la profecía del Conquistador o la canción de Daemon al dragón Vermithor son detallitos que el fan agradece mucho y además son relevantes.

Caos temporal, aceleración excesiva

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Ser Arryk ser Erryk8230 | Imagen Cortesía de Warner Media

Condensar lustros en diez episodios ha supuesto que la confusión reinara en muchas ocasiones. Por eso no han faltado diálogos forzados a decir cuándo y dónde se estaba, qué había pasado en el salto temporal. Un mal necesario y bien solventado por el equipo de guion. Los avances más notables ocurrieron entre los episodios quinto y sexto, con una década de brecha, y el séptimo y el octavo, con seis años de diferencia. Entre el segundo y el tercero pasaron unos tres.

En algunos casos, los casos de envejecimiento de personajes han levantado sospechas. No es algo que saque de la ficción, pero Otto o Cole apenas cambian mientras que Aemond pasa de niño de primaria a parecer un señor mayor en seis años. Porque pese a la cicatriz, no aparente 19 años de ninguna manera. No obstante, estos cambios actorales, más o menos acertados, nos han dejado caras definitivas que sí cumplen. En lo positivo, las maduraciones de Alicent y Rhaenyra han sido simplemente perfectas.

Peor parados de los saltos temporales han salido secundarios como Rhea Royce (Rachel Redfort), Lyonel Strong, su hijo Harwin o Laena. De gran potencial, se han quedado en sombras que apenas se exploran. El mérito, en mayor o menor medida según hayan tenido minutos o solo segundos en pantalla, es que han dejado huella pese a la fugacidad. Asimismo, lo vertiginoso del ritmo lleva a que no se sepa quiénes son algunos personajes, como ser Arryk (Luke Tittensor) y Erryk (Elliott Tittensor). Así, a veces es necesario estudiar para saber qué pasa.

Decisiones renqueantes en lo técnico

Larys Strong
Larys ha resultado ser un mal bicho de cuidado. | Imagen: Cortesía de Warner Media

El quinto episodio adoleció de momentos de caos narrativo dignos de las temporadas finales de Juego de tronos. Que Miguel Sapochnik fuera el director quizá no sea casualidad. El asesinato de Cole en la preboda de Rhaenyra es simplemente un horro a nivel de guion, montaje y dirección. Algo parecido pasa en el episodio noveno cuando Cole mata a Lord Beesbury (Bill Paterson). No se entiende que pueda masacrar nobles a sus anchas sin consecuencia alguna. Con todo, la dirección del otrora showrunner ha sido competente. El resto de directores, Greg Yaitanes, Clare Kilner y Geeta Vasant Patel van del notable al sobresaliente.

Por último, en el debe quedan asuntos técnicos. La oscuridad de episodios como el séptimo puso complicado ver qué ocurría. Algo que retrotrae a la batalla de Invernalia contra los caminantes blancos. Asimismo, el CGI ha fallado en ocasiones, especialmente en planos generales de Desembarco del Rey. Cabe decir que han sido momentos puntuales, pero notables. Eso sí, los dragones, de Caraxes a Vermithor, lucen espectaculares. Especialmente lo hace Vhagar, la dragona más grande de Poniente y única participante viva en la conquista del continente.

Una justa vencedora en los duelos directos

primera temporada de 'La casa del dragón'
Ah, la familia. | Warner Media

La casa del dragón se ha impuesto así en un duelo no de enemigos, sino de rivales amistosos. Hablamos de Los anillos de poder. El desastroso guion de la adaptación de Tolkien ha motivado que la serie que protagonice este artículo parezca incluso mejor de lo que es. Así, HBO se ha llevado la contienda entre las primeras temporadas. Desde la escritura, ha vapuleado a la alternativa de Prime Video, inigualable en el apartado visual.

El reto que tiene La casa del dragón tras su temporada 1 es mantener, al menos, el nivel. Ya no va a tener el factor sorpresa. Tampoco la displicencia de un fandom que acabó muy desencantado tras el final de Juego de tronos y la eterna espera de Vientos de invierno. Su segunda entrega va a partir como favorita y eso supone un reto mayúsculo. Pero de momento, toca reconocer lo notable que ha resultado el producto creado por Ryan Condal en su conjunto de episodios inicial.

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