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‘Romulus’ temporada 1, acción en latín antiguo

Una propuesta que suena algo loca pero que funciona sorprendentemente bien.
Portada Romulus temporada 1

Las series pseudohistóricas no han parado su auge desde que Vikingos marcara un antes y un después. Un fenómeno basado en una crudeza que suele rayar la parodia. Pura forma sobre fondo, molar ante todo. Mezclando recursos tanto de la espada y hechicería como de las grandilocuentes producciones clásicas de Hollywood, es carne de entretenimiento. El riesgo es parecer clones y ahí comienzan los juegos como el que ha dado lugar a la primera temporada de Romulus, en HBO Max. Porque para diferenciarse apostaron por hacer todo el asunto en latín antiguo.

Reinventando Roma sin tapujos

Como la pobre 1899, Romulus debe verse en versión original. Obligado, porque (casi) nadie va a saber lo que se está diciendo. Matteo Rovere, creador de la serie, optó ya por la forma arcaica del latín en la película Il primo re. La productora Groenlandia estuvo en dicho metraje y repite, acompañada de Catteya y Sky Italia. Las intenciones iniciales en ambos casos son las mismas: recrear el origen de Roma.

El intento fílmico tira hacia el conato de fiabilidad histórica, mientras que Romulus lanza una apuesta más narrativa y estética. Cómo surgió Roma es un misterio y sus mitos nada más que eso. Así, el lienzo donde dibujar la fundación de la ciudad eterna es totalmente blanco. Se pueden ver elementos reconocibles, como Alba Longa, ciudad sagrada posiblemente mítica que lideraba la liga latina, o una Lupercal bastante cafre.

También están ahí Numitor, el rey de esta alianza de 30 aldeas, su hija Silvia o su usurpador hermano Amulio. Hay advocaciones a Júpiter, a Vesta o a Marte. Lo que no se escucha es el nombre de Rómulo ni el de Remo. El mito se retuerce y resulta que los gemelos que da a luz la hija del rey no son los equivalentes a dicha dupla, sino que esta surge de manera completamente distinta. De hecho, la loba que los acoge resulta ser la líder de un pueblo que adora a la lobuna diosa Rumia. Todo con el empaque que le da el que se hable en algo parecido a lo que habrían hablado los lugareños del Lacio en el VIII a.C.

Actores entregados a un idioma que no conocen

El tono elegido por la temporada 1 de Romulus es serio. El latín arcaico, además de ser la forma de rendir tributo como se debe a una narrativa del origen de Roma según el equipo creador, sirve para que las interpretaciones no tengan ni un ápice de improvisación en lo que se refiere al texto. También en cómo interacciona el reparto, con un halo de teatralidad fruto de la declamación en un idioma reconstruido.

Andrea Arcangeli, como el príncipe de Alba Longa Iemos, y Francesco di Napoli, como el esclavo Wiros, son la pareja protagonista. Lideran tramas relativamente simples basadas en cómo superar a un rival más fuerte usando el cerebro. A Ilia, hija de Amulio que supone un desdoblamiento del personaje mítico de Silvia, le pone cara Marianna Fontana. Su arco la hace pasar de ser vestal, destino de la Silvia legendaria, a un fantasma de venganza al servicio de Marte.

La propia Silvia de Vanessa Scalera, el Amulio de Sergio Romano o el Numitor de Yorgo Voyagis están tan a la altura como el resto del conjunto. Sin embargo, si hay que rescatar a una actriz en particular es a Silvia Calderoni. Decimos ella porque así se referían a ella compañeros de antiguas producciones, ya que la intérprete no se reconoce con ningún género. Su físico andrógino cuadra con su salvaje personaje, Lupa. Líder del pueblo que rinde culto a Rumia, es la loba de Rómulo y Remo imaginada por el creador Matteo Rovere. La intérprete aborda con eficacia un ser que va del espíritu asesino a una líder maternal.

Altibajos de ritmo con una ambientación muy trabajada

Si era difícil reconstruir el latín arcaico, tomando las licencias necesarias para llevarlo a un guion, recrear la estética del ambiente en que se originó Roma no lo era menos. Meses de ejecución y consultas a expertos como Andrea Carandini, arqueólogo descubridor de un posible asentamiento fundacional en la capital romana que coincide en datación con la leyenda de Rómulo y Remo, dan pie a la verosimilitud. La recreación luce espléndida y la intención era ser fieles a la realidad historiográfica en lo visual. Elementos como estribos o ventanas en algunas viviendas, que no se corresponden con la época, se introdujeron en pos de la seguridad y no rompen el efecto general.

No hay, por tanto, gloria alguna en las aldeas y pueblos. Los reyes parecen poco más que granjeros y los palacios son sobrios. Domina el heno, el ganado y las empalizadas. En lo narrativo, la piedad es clave. Algo propio de Rovere, como demostró en Il primo re. Los dioses son reales para los personajes y se hace palpable para el público. No hay, así, fantasía, sino superstición tremendista. La acción es abundante, la matanza habitual y la crudeza total. Un mix que es casi un tópico, como se señalaba al principio, pero que funciona en esta temporada inicial de Romulus. Mención aparte merece la poderosa intro protagonizada por la versión de Shout a cargo de Elisa.

En ocasiones, el tono altivo permea demasiado densifica propuestas argumentales. No cuenta con los alivios cómicos de series parecidas, como Britannia, por lo que la solemnidad llega a romper el ritmo. Asimismo, el exceso de épica en algunas escenas de acción puede llegar a sobrecargar a algún espectador que prefiera un acercamiento más sobrio a las mismas. Al tiempo, las tramas son algo predecibles y se sostiene más en la curiosa reinterpretación de los mitos, en la creación de mundo, que en la narrativa interna de la serie.

Pese a lo anterior, las tramas quedan bien hiladas y los personajes se crean con suficiente efectividad como para empatizar con ellos pese a lo arquetípicos que resultan. Romulus es, al fin y al cabo, una versión de unos mitos fundacional que Roma creó para satisfacer sus necesidades. Por ello, es lógico que los personajes respondan a estereotipos, por mucho que se reinterpreten.

Entretenimiento épico de calidad

Con sus errores, la primera temporada de Romulus es un producto sólido. Su ambientación en ocasiones es excelsa y la apuesta lingüística es de admirar. En ambos sentidos, destila cariño. Narrativamente, recoge con éxito el difícil guante de contar el origen mítico de Roma y ser original al mismo tiempo. Por eso, es una serie que cualquier fan de la cultura romana disfrutará. Pero también quienes aclamaron a Vikingos o Bárbaros, ya que sigue siendo una serie de acción histórica muy competente. Si los oráculos televisivos le sonríen, esta producción italiana tiene todavía muchas leyendas que reinterpretar en el futuro.

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