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Crítica de la segunda temporada de ‘Fundación’, esta vez sí

Pedazo de remontada se ha marcado la serie de Apple TV+.
Poly y su colega en 'Fundación' 2x02

Resultando entretenida, la primera entrega de la que debía ser la gran serie de Apple TV+ fue preocupante. Sin llegar a las bajas cotas de Los anillos de poder, no terminaba de carburar en esencia porque no trasladaba la esencia de una de las grandes ideas de Asimov: la psicohistoria. Sin embargo, la segunda temporada de Fundación, con David S. Goyer y Josh Friedman de nuevo a la cabeza, ha sabido virar. No siendo fiel de forma literal a lo que ocurría en los libros, algo que nunca se le pidió, sino comprendiendo mejor el material original y tomando decisiones arriesgadísimas. Todo con un guion más afinado y unas interpretaciones que siguen estando a la altura del reto.

Aviso spoiler de 'Fundación? y Asimov

Siempre fue la psicohistoria

Reflejar una historia sobre una ciencia que se basa en que el individuo no importa es complicado. Sea real o no, el monomito ha pegado fuerte y es difícil que la audiencia compre algo de trasfondo épico en el que no importe el quién, los héroes, sino el qué. La psicohistoria apunta a futuros probables. No dice cómo llegará el anillo al Monte del destino, simplemente que es probable que acabe allí y qué alternativas hay.

De esta forma, los aparentes héroes se transforman en contingencias. Si no son ellos, serán otros. Especialmente, si entra en acción un factor de corrección en el experimento. Es decir, la Segunda Fundación, cuya misión es refinar las predicciones que de el Primer radiante, actualizarlas y eliminar elementos que se salgan de la media. Traducifo: matar o reducir mentalmente a personas que no cuadren en sus ecuaciones. Por ejemplo, un mutante.

En la primera temporada de Fundación Salvor (Leah Harvey) y especialmente Gaal (Lou Llobell) tenían ese aura de predestinación. Hari (Jared Harris) simplemente se perpetuaba para dirigir su gran experimento, pero la pareja madre/hija estaban escritas de tal forma que parecían distorsionadoras de la psicohistoria a la altura del Mulo. Solo que, en su caso, estaban del lado de la Primera Fundación.

Por suerte, Goyer y compañía se han preocupado de atar cabos para que esto no ocurriera en la temporada 2. Hay aparentes inconsistencias, pero estas acaban explicándose. Por ejemplo, el porqué de que la bóveda exija a Mallow (Dimitri Leonidas), una persona concreta, acaba siendo el resultado de la intervención de Hardin. Además, esto da contexto al Hari de Terminus, haciéndole conocer que son el grupo de control, no los directores de la psicohistoria. El final de la temporada también incide en que nada está escrito, en que la única manera de sondear el futuro de toda la galaxia sigue siendo a través de ecuaciones.

Sorpresas y decisiones muy propias en la T2 de Fundación

Una buena adaptación sabe dónde alejarse de la obra en que se inspira. El señor de los anillos dejó fuera de pantalla a Tom Bombadil y no por ello fue menos genial. La segunda temporada de Fundación decide ir a tope por su camino. Como ya se ha dicho, esta vez sí respeta lo básico de Asimov, las reglas que hacen al universo del autor ser lo que es. Sin embargo, a partir de ahí, la serie no duda en arriesgar.

La decadencia del Imperio Galáctico

Hay muchos ejemplo, empezando por la expansión del rol del Imperio Galáctico. La mejor parte de la primera temporada vuelve a estar ahí gracias a Día (Lee Pace), Despunte (Cassian Bilton) y Descenso (Terrence Mann). Los tres Cleones están cada vez más afectados por la intromisión genética, pero Eto Demerzel (Laura Birn) sigue controlando sus acciones. Sí, también con sexo. Si antes los dirigentes recordaban a los grandes emperadores romanos, como Octavio Augusto o Trajano, ahora todo recuerda más a Cómodo. De hecho, este parece la inspiración de Imperio en la temporada.

Debilitado pero todavía imponente, el gobierno de Trantor parece abocado al caos. Sareth (Ella-Rae Smith) se alza como uno de sus agentes. Líder del Dominio Nube, una federación planetaria, llegó al cargo tras morir su familia en un accidente provocado por Demerzel. Sin embargo, se ve prometida a Día. La Primera Fundación es redescubierta al mismo tiempo, lo que llevará a un conflicto inmediato.

La robot que domina el imperio en las sombras obtiene una gran cantidad de minutos para contar su contexto. También Descenso, que descubre el tinglado tras el gobierno de los clones, y Despunte. Este protagoniza una historia paralela a la del joven de los Cleones en la primera temporada. En general, todo funciona a nivel actoral, de guion y visual. Nos queda ver el equivalente al siglo IV. Quien quiera entender, que entienda.

El duelo entre Riose y la Primera Fundación

Cuando la audiencia ve algo basado en otra obra, suele contar con la ventaja de saber lo que va a ocurrir. La temporada 2 de Fundación juega con ello. Bel Riose (Ben Daniels) era uno de los personajes más populares del Ciclo de Trantor. El general está directamente inspirado en Belisario, militar del Imperio Romano de Oriente que reconquisto buena parte del territorio perdido occidental. Una representación de valores honorables clásicos que tiene como encargo acabar con la Primera Fundación.

Hober Mallow es su contraparte. Si el poder fundacional está basado en la religión en el presente de la serie, él es una muestra del futuro comercial que aguarda a la colonia. Como una suerte de Jack Sparrow espacial, dota a la ficción de momentos de aventurilla pura. Asimismo, es el héroe que deberá salvar a la Fundación del Imperio Galáctico, mientras los clérigos Poly (Kulvinder Ghir) y Constant (Isabella Laughland) sirven como cebo.

El desarrollo del asunto es de gran interés, pero la culminación es chocante a más no poder. En un giro que deja roto especialmente a quien haya leído a Asimov, Terminus es destruida. Tal como suena. El planeta de la Primera Fundación queda hecho añicos. Esto no quita que el verdadero final sea muy similar, en fondo a los libros. Pero el noveno episodio termina con una de las imágenes televisivas del año. Una apuesta audaz y que hace confiar en Goyer y Firedman más que nunca.

El trío Gaal/Hari/Salvor se pone a la altura

La parte más flojita de la primera temporada era la que tenía que ver con Terminus, Hari y Gaal Dornick. Algo extraño, pero que sucedió debido a un guion falto de ritmo y a un montaje deslavazado, así como un guion que se conformaba con cumplir. Ahora, el Seldon del Primer Radiante y el dúo madre/hija tienen que buscar el entorno donde debería haberse fundado la Segunda Fundación. Exploración espacial clásica, dudas, robots y transformaciones en carne y hueso fundamentan el arranque de un arco que crece al llegar a Ignis.

Este planeta está dominado por una secta de mentálicos liderada por Tellem (Rachel House). Goyer y Friedman están ágiles al presentar a esta suerte de vampiro mental. La señora se dedica a captar mutantes con poderes mentales para poseer a algunos de ellos y vivir eternamente. Se trata de una villana poderosa, capaz de poner contra las cuerdas al trío. Sin embargo, parece una aficionada al compararla con cómo se muestra al Mulo, que aterra incluso a esta mala malísima.

Sea como fuere, Hardin puede mostrar sus dotes de acción y su capacidad de jugar con la suerte a su favor. Hari tiene un capítulo en el que se cuentan sus orígenes y se humaniza. Gaal comienza siendo insufrible, pero acaba redimiéndose de su actitud adolescente en un final cruel, que la equipara en cierto modo con Seldon.

Un camino allanado para el gran Mulo

La decepción de cómo se reflejó la primera crisis Seldon en la temporada inicial se ha solventado en la actual. De la excesiva violencia con que se mostró el balance de poder con Anacreonte se ha pasado a una mezcolanza equilibrada entre las tres siguientes crisis. Religión, comercio y enfrentamiento directo con el Imperio fusionadas con gracia y poniendo a Mallow y Riose juntitos.

Las últimas sensaciones son las que dominan y esto lleva a que la confianza en cómo Goyer y Friedman tratarán al villano más chungo de toda la saga será correcta. El Mulo es polifacético, un mutante capaz de desviar la psicohistoria por sí mismo. Tal amenaza ya se ha anunciado y se verá de bruces, posiblemente, con el final de la dinastía clónica.

El futuro de la serie seguramente mostrará los últimos coletazos de Trantor y a una Primera Fundación consolidada. La Segunda Fundación habrá desarrollado su particular organización, siempre secretísima. Disputas mercantes y, ante todo, la irrupción del Mulo plantean una tercera temporada que puede continuar la línea ascendente de esta.

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