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Crítica de ‘Shogun’ 1×06, el poder de las cortesanas

Un episodio que destaca por lo sibilino de sus tramas.
Fotograma de Shogun 1x06

Titulado Ladies of the Willow World (Damas del mundo flotante) y dirigido por Hiromi Kamata, Shogun 1×06 se centra en las intrigas. Por un lado, el de las prostitutas y casi psicólogas niponas. Este frente de meretrices, tan socorrido en las épicas fantásticas e históricas, se abre con eficaz elegancia en la miniserie de FX. Al tiempo, los dos grandes antagonistas demuestran lo bien que se mueven en los asuntos de palacio. El sexto episodio demuestra que la miniserie está entre lo más destacado de 2024.

Aviso de spoiler de samuráis

La corte de Osaka se mueve

Ishido (Takehiro Hira) y Ochiba (Fumi Nikaido) reciben su buena dosis de atención en el sexto episodio de Shogun. Ambos son los líderes de las tramas contra Toranaga (Hiroyuki Sanada) por diferentes motivos. El señor feudal busca el poder, mientras que la consorte del anterior líder japonés quiere venganza contra el que cree que fue su asesino. Las alianzas son muy fluidas en la miniserie, pero esta unión es más que sólida.

El guion vuela mientras enseña quién manda en Osaka. Su fortaleza es una prisión para los regentes y sus familias gracias a un movimiento de mano ágil de Ishido. Durante las intrigas se pueden disfrutar de escenas tanto brutales como elegantes. Destaca el teatro tradicional nipón. Shogun es capaz de recrearlo, contar la historia de Ochiba y mover la trama del quinto regente.

Acostumbrados a la sutileza maquiavélica de Toranaga, resulta agradable ver alternativas por parte de sus enemigos. No solo se sirven de movimientos palaciegos como el mencionado. Si un regente se les pone chulo, lo masacran sin miramientos. En Shogun 1×06 se desnivela la balanza de poder. Los secundarios se confirman como tales, los protas aseguran su posición. La claridad no es un debe para una ficción que se va quedando sin tiempo para mostrar sus cartas.

Kiku y la sugestión como fuerte

La mejor incorporación del sexto episodio, en todo caso, es Gin (Yuko Miyamoto). Se trata de una cortesana veterana y jefa de Kiku (Yuka Kouri), la prostituta amante de Omi (Hiroto Kanai). Como era de esperar, es una negociadora implacable en su suavidad. No le ha quedado otra. Como mujer y meretriz, la edad es un desafío que solo ha solventado con habilidad. Cuando tiene enfrente a Mariko (Anna Sawai), que pretende contratar a su chica estrella para que a Blackthorne (Cosmo Jarvis) se le pase el mal de amores, se alza como una contrincante más que digna de la traductora.

El amor prohibido entre la japonesa y el inglés tuvo su momento álgido en el cuarto episodio y explotó en el quinto. Que Buntaro (Shinnosuke Abe) sobreviviera a la huida de Osaka coloca a la dama en una posición difícil. Su solución de cortar la relación personal con el marinero funciona un rato. Hasta Toranaga se queda preocupado. De ahí que busque una cita con Kiku.

La meretriz no ofrece simplemente su carne. Está entrenada profundamente en el arte de servir, en abrir la mente de sus clientes y en llevarles a un «mundo flotante» en sus sesiones. También echan un polvo, pero Shogun hace que parezca la de menos. De hecho, es Kiku quien puede expresar los sentimientos de Mariko a través de su boca. Su inteligencia le da una peculiar dignidad, típica en ficciones medievales. Como resultado de la cita, la guerra fría entre el Anjin y la traductora parece llegar al fin, uno amargo pero mejor que lo anterior.

La guerra que Toranaga no quería llega

Sin quererlo ni beberlo, Toranaga puede llegar a ser el Shogun de un país llamado Japón. Porque si su hijo Nagakado (Yuki Kura) había puesto la situación al límite en el cuarto episodio, el padre logró que el agua no llegara al río. El asesinato de uno de los regentes, mencionado antes, da al traste. Es un movimiento natural, elegante, que hace del conflicto algo inevitable.

Esto no quiere decir que el asunto parezca fácil. Todo lo contrario. Toranaga da el ok al plan del «cielo carmesí» con pesar. El movimiento militar consiste en tomar Osaka de forma contundente y rápida. De esta forma, Ishido y aliados no podrían ejecutar apenas acciones de defensa. Para ello, eso sí, necesitará aliados. Su hermanastro es la vía. Este paso, su éxito, será lo que permita que el conflicto estalle a favor o en contra del principal protagonista. Todo se verá, aunque sería raro que las aguas fluyeran tranquilas después de este Shogun 1×06.

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