‘The Mandalorian’ 3×07, retorno a Mandalore

Mucha acción y Baby Yoda para hacer carburar el final de temporada de esta serie.
Mando y mandalorianos en The Mandalorian 3x07

Antesala del final de temporada, The Mandalorian 3×07 logra destacar por sí mismo. Titulado Los espías, retorna a Mandalore con una gran cantidad de acción. Aunque también se aporta contexto de la realidad que vive la galaxia tras la caída del Imperio, a diferencia del tercer episodio esta llega de forma sucinta y al inicio. Asimismo, Grogu vuelve a sobresalir con escenas hilarantes. Un coctel con mucho drama y uso masivo de tópicos de los géneros bélico y de aventuras que, bajo la batuta de Rick Famuyiwa, logra estar a la altura de lo que se espera de El Mandaloriano.

La reunificación mandaloriana

Nevarro es el lugar donde se escenifica la unión de las facciones mandalorianas. Hijos de la guardia y Búhos nocturnos representan ambas maneras de entender la cultura de Mandalore. Fanáticos por un lado, herederos del gobierno por otro, la misión de retomar su planeta es lo único que los mantiene unidos. Un tópico habitual en las ficciones de aventuras que se cumple aquí.

Sin embargo, la estrategia para reconquistar Mandalore es algo cuestionable. Antes de que se pueda asentar cualquier tipo de integración entre los grupos, asaltarán el planeta. Bo-Katan (Katee Sackhoff) y La armera (Emily Swallow) no deben ver la tarea complicada, pues proponen simplemente enviar a un equipo de exploración mixto y retomar la forja. Desde esa punta de lanza darán soporte a un desembarco más amplio.

Sin embargo, falta un componente más en el coctel de beskar. Porque, con el equipo ya desplegado y listo para investigar su sancta sanctorum, aparece un buque que parece salido de Piratas del Caribe. Resulta que quedaban mandalorianos en Mandalore. Desaliñados, en un estado penoso, llevan vagando por el planeta desde que se produjera la purga imperial del lugar.

El secreto de Bo-Katan

Antes del combate se dan varias escenas clásicas del género bélico y de aventuras. La soldadesca debe confraternizar, algunos roces deben dirimirse y la persona que lidera tiene que abrirse para superar sus dudas. De manual de guionista.

Bo-Katan, protagonista de esta temporada, aporta una serie de detalles que ayudan a entender el estado de bajona continua en el que vive. Mencionar Mandalore significa recordar que negoció con Moff Gideon (Giancarlo Esposito) antes de la purga. Una revelación que ayuda a componer el rompecabezas del personaje. Lanzar el secreto a sus soldados supone una liberación. Además, explica cómo acabo el sable oscuro en manos del jefe imperial. Se la dio como parte del armisticio. Sin embargo, el villano traicionó su palabra y en lugar de dejar vivir a sus enemigos como pactó, les bombardeó y masacró a placer.

La gran culpa que siente Bo-Katan choca con su liderazgo natural. Un rasgo usado por La armera hasta ahora, pero sobre el que parece retomar algo el control. El responsable es Mando (Pedro Pascal). La mujer admira al guerrero que actualmente mejor representa los valores de su pueblo. Escuchar de su boca que está a su servicio su «honor, lealtad y carácter», no por una espada o por su apellido, supone una necesaria dosis de autoestima para la mandaloriana.

Alrededor, hay tensión. Paz Vizsla (Tait Fletcher/Jon Favreau) y Axe Woves (Simon Kassianides) acaban a palos por una disputa sobre las reglas de un juego de mesa. Es Grogu en su nueva montura, de la que se hablará más adelante, el que arregla el asunto. Por otro lado, La armera confirma que los Hijos de la guardia son una de las muchas facciones en que se dividió la Guardia de la muerte tras la purga.

Los frutos de una mala planificación

Lo de ir a reconquistar un planeta como el que va de picnic suele salir caro. Así, para acelerar la trama aparece de nuevo un bicho gigante. Se carga el barco terrestre de los vagabundos mandalorianos y fuerza al contingente a adentrarse en las ruinas de la capital. Desde este punto todo serán acción, disparos y drama.

El capítulo vuela y enfrenta a los exploradores con un escuadrón de soldados imperiales. Son tropas de choque avanzadas, que ponen en aprietos por unos segundos a los guerreros de Bo-Katan. Sin embargo, vencen e inician una impetuosa persecución. Al igual que a César Borgia, les sale mal. Se ve venir de lejísimos que es una trampa, especialmente si se es consciente de que se trata del penúltimo episodio y hace falta dejar a los protagonistas contra las cuerdas.

De esta forma el grupo se ve emboscado en un enclave imperial. Cada vez más cercano a ser un malo de James Bond, Gideon atrapa a los mandalorianos entre dos compuertas. Din Djarin queda fuera de ellas, solo y finalmente atrapado. Su archienemigo ha mejorado el traje de soldado oscuro, que ahora es una armadura de beskar.

El Moff explica, como buen malo, que va a interrogar a Mando y masacrar a las naves de Bo-Katan. Ante una oferta de paz a cambio del sable oscuro, Kryze decide pasar y abre una vía de escape con su arma. Tirando de tópico, de forma efectiva eso sí, le toca decir adiós a la vida a Paz Vizsla. Realiza una última resistencia para darles tiempo, una delicia de láser pesado. Logra imponerse a las tropas de choque pero no a los tres guardas pretorianos, lo mejor de lo mejor del ejército imperial, que le masacran sin apenas esforzarse. Su diseño cuadra con el visto en la trilogía secuela.

Karga y su droide de servicio en 'The Mandalorian' 3x07
«Pedazo trasto, tú». | Cortesía de Lucasfilm

El resurgimiento imperial al descubierto

Además de la trama principal, un cold opening sirve para dar más profundidad al estado en que se encuentran los restos del Imperio en la Nueva República. Así, se puede ver a Kane (Katy O’Brian) avisando a Gideon de que los mandalorianos han sido los liberadores de Nevarro. Tras ello, un concilio de líderes imperiales que parece sacado de una peli de los Illuminati.

Hasta tienen un nombre acorde: Consejo en la sombra. Thrawn, oculto tras los eventos de la serie Rebels, es la punta de lanza del resurgimiento imperial a través del plan llamado Proyecto Necromante. Exacto, tiene que ver con el emperador y su tapadera de Snoke. Hay que reconocer que son buenos con los nombres.

Gideon se dedica a tirar balones fuera y reclamar el protagonismo que cree merecer. Así, evita dar mucha indicación sobre Pershing y hasta deja caer que él debería ser el líder supremo. Además, pide más recursos, entre ellos los tres guardias pretorianos que machacan al pobre Paz. Las dudas iniciales se van al garete en cuanto menciona que los mandalorianos pueden resurgir. El Consejo en la sombra no quiere ni oír de hablar de ello y aflojan.

Grogu vuelve a ser Grogu

Asimismo, este séptimo capítulo de The Mandalorian trae grandes dosis de Grogu. Justificadas, además. Antes de partir a Mandalore, Mando tiene momentos de relax en Nevarro. Greef Karga (Carl Weathers) le da una botella de licor del bueno, de esos para beber cuando la misión se ha cumplido. Además, presenta la nueva versión de IG-11.

Llamada, con mucha lógica, IG-12, ha pasado a ser una montura. Efectivamente, resulta perfecta para Grogu. Si no puede protegerlo como droide, lo hará como maquinaria pesada de batalla. Mando no termina de verlo claro, pero Karga insiste y el pequeñajo está más que encantado con su nuevo juguete. Con él pone fin a sus dificultades de movimiento. Además, le sirve para comunicarse a través de síes y noes. Un apaño de guion bastante convincente.

La nueva montura de Grogu deja un par de escenas divertidísimas cuando se pone respondón con Mando. Por ejemplo, spameando el botón de «sí» de IG-12 como si no hubiera un mañana. También, robando comida y liándola. Es inevitable, al estar Pedro Pascal por medio, no acordarse de cómo Ellie sacaba de quicio a su personaje en The last of us. Sea como fuere, es gracias al droide transformado que el chaval puede ir a la expedición o, como se dijo antes, poner paz entre Paz y Axe.

Una buena preparación para el final de temporada

La mención, de nuevo, de Thrawn y las reminiscencias a la serie Rebels son cada vez más intensas. Todo hace indicar que el final de temporada, además de solucionar el arco de Bo-Katan y la reconquista de Mandalore, les pondrá en liza. Serían una solución perfecta para salvar la papeleta de unos mandalorianos que están contra las cuerdas. Asimismo, permitiría dar un paso natural hacia Ashoka, ficción a estrenar, al público de The Mandalorian. Del mythosaurio también habrá que estar pendiente.

En todo caso, el capítulo se ha alejado de innovaciones y ha vuelto a poner foco en los elementos que permitieron triunfar a la producción. Las escenas de acción son sobresalientes y la sensación de peligro moderada. En una temporada que no ha convencido a buena parte del público, The Mandalorian 3×07 ha logrado destacar, poniendo a tiro un desenlace que sirva para aupar de nuevo a la serie más exitosa de Star Wars hasta la fecha.

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Nahia Pérez de San Román
07/06/2023
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