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Dan Stevens, el actor disfrutón que puede hacerlo todo (bien)

Podría haber sido sólo un guapo carismático, pero decidió ser también un disfrutón.
Dan Stevens

¿Qué puede esperarse de un intérprete que decide abandonar su mayor éxito hasta el momento en el pico máximo de ese éxito? Pues supongo que todo. Cuando Dan Stevens (1982, Croydon) decidió cruzar el charco, dejar su Gran Bretaña natal para mudarse a Estados Unidos a probar, sin un plan, sin nada establecido más allá de la seguridad de que no quería ser el nuevo galán inglés, ahí, ya podíamos esperar cualquier cosa. Incluso aunque no hubiéramos visto demasiado. En Downton Abbey, Dan Stevens desprende encanto, dulzura, formalidad, todo bañado del carisma con el que bañaría otros personajes más adelante. Su salida del gran drama británico fue un mazazo para los seguidores del mismo porque ese personaje interpretado por un rostro prácticamente desconocido hasta el momento tenía algo que lo colocó desde el principio al frente de la ficción. Tenía a Stevens, eso tenía.

Ya por entonces se ganó el hueco que hoy posee en el mundo de la ficción, sólo que ha expandido ese hueco de tal modo que hoy pensamos en él y pensamos en una Bestia, en el mutante más poderoso de Marvel (fight me) o en un cantante ruso gay (no, no, no, ¿ruso y gay? por supuesto que no) que compite por el triunfo en Eurovisión, en la cuestionada pero divertidísima visión estadounidense de nuestro Festival de la Canción. Como Bestia, en el remake de Bill Condon de 2017, destaca por esa voz en la que haremos más hincapié más adelante.

Dan Stevens en Legión

Como mutante más poderoso de Marvel, encontró el punto exacto, preciso y precioso para dar vida por igual a un muchacho asustado, tierno y cercano y a un mutante vengativo, violento e imprevisible. Nos enamoraba y nos daba miedo, a veces en una misma escena. En esta Legión, que es una de las mejores (sino la mejor) ficciones de Marvel, tiene una escena, al final de la segunda temporada, de estas que podrían pasar, como suele decirse, por las escuelas de interpretación, por si alguien quisiera aprender a contar una historia con la mirada. Decimos de los ojos de Cillian Murphy, pero tela los de Dan Stevens.

En Festival de la Canción de Eurovisión: La historia de Fire Saga (2020), por concluir con estos tres papeles con los que hemos empezado, el inglés demostró dos cosas. Por un lado, que es un roba-escenas. Su papel es secundario, pero siempre que se ponía ante la cámara se convertía en principal. Era él y nada más. Qué carisma, tiene que ser agotador. Por otro lado, lo que demostró Stevens es que es un disfrutón. Uno de los actores más disfrutones de Hollywood. Se ve, se siente, que él quiere pasárselo bien. Por eso hace esta película sin prejuicios ni complejos y después hace otra cosa completamente diferente.

De hecho, un año más tarde (2021), estrenó El hombre perfecto, una comedia romántica alemana, con la querida Sandra Hüller entre otras, donde da vida de forma fantástica a un robot. Dan Stevens puede hacer de todo y parece que, además, puede hacerlo bien. Drama (con sus diversificaciones, por ejemplo, el drama político Gaslit), thriller, comedia, ciencia ficción, terror, animación, no se le escapa ningún género. 

En este 2024, ha estrenado Godzilla y Kong: El nuevo imperio, ya mismo llega Abigail y tiene todavía pendiente Cuckoo, el mismo año que ha anunciado que The Guest tendrá segunda parte. Tiene, en esta película de 2014 de Adam Wingard, otra escena en la que uno se queda perplejo ante la forma que tiene de comunicar con la mirada.

Dan Stevens y Rebecca Hall en Godzilla vs Kong

Ha tenido un par de papeles protagonistas en el cine alemán, idioma que habla con fluidez, y ha demostrado que si quisiera podría subirse a un escenario pero en el papel de cantante, porque de entrada no solo destacan esos dos clarísimos ojos azules, también una voz que le ha servido para ganarse un importante espacio en proyectos de animación. El año pasado sin ir más lejos le escuchamos en Solar Opposites o en El chico y la garza, la película que terminó por llevarse el Oscar a mejor largometraje de animación. Así que, en fin, ¿qué puede esperarse de un intérprete que decide abandonar su mayor éxito hasta el momento en el pico máximo de ese éxito? Pues todo esto, pero porque ese intérprete es, además de todo, un disfrutón.

Y así es como Dan Stevens ha demostrado que llevaba razón. Claro que tenía que dejar Downton Abbey ante el riesgo de que le encasillasen como un galán, ante el riesgo de que sólo le ofreciesen ese tipo de papeles. Era un riesgo real: nos gusta encasillar a las personas y, además, qué bien le sentaba ese traje de época. Pero cuánto nos hubiera quitado, de haberse asentado, esa sospecha de que otro tipo de personajes no eran lo suyo. La realidad es que puede hacer cualquier cosa. Y bien, además. Muy bien, de hecho.

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