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‘El bosque animado’, el libro para entender el valor de los cuentos

Wenceslao Fernández Flórez tomó un lugar mágico del interior de Galicia y lo aprovechó para ambientar una colección de cuentos de gran valor.
El bosque animado de Wenceslao Fernández Florez

Corría el año 1943 cuando Wenceslao Fernández Flórez publicó El bosque animado, una colección de cuentos y relatos conectados entre sí, pues todos tienen lugar en un mismo espacio, en un mismo tiempo y bajo un mismo aura evocadora que no tarda en hacerse con el corazón del lector. Aupado por la película homónima de José Luis Cuerda, estrenada cuarenta años más tarde, El bosque animado se ha convertido en uno de los grandes clásicos de la literatura española del siglo XX. Esta recomendación reconoce esa credencial y la fantástica labor que desempeña a la hora de demostrar el valor de los cuentos. 

Así es El bosque animado, de Wenceslao Fernández Flórez

El bosque animado de Wenceslao Fernández Florez

En el municipio de Cambre, en la provincia de A Coruña, en la mágica tierra que es Galicia, se encuentra una pequeña aldea llamada Cecebre o, de forma oficial, San Salvador de Cecebre. En este pequeño rincón del mundo existe una fraga, un bosque de gran espesura donde los rayos de luz se cuelan entre la frondosa vegetación con dificultad. En estos lugares todo parece posible y de ese realismo mágico se aprovechó Wenceslao Fernández Flórez para escribir su gran colección de cuentos en la que todos los seres de la fraga, humanos o no, tienen espacio y voz.

El bosque animado es una colección inocente, porque no deja de estar formada por cuentos, y a la vez terriblemente inteligente, cualidad, en realidad, inherente a este tipo de narraciones. En la obra de Wenceslao Fernández Flórez hay espacio para las moralejas y las reflexiones, una reivindicación de la vida y las personas que habitan las aldeas gallegas y un respeto sincero por el entorno.

El poder de los cuentos, la forma en la que transmiten aspectos esenciales de la vida de forma sútil, queda perfectamente ilustrado en capítulos como el basado en la forzada emigración gallega, que ni se menciona ni hace falta. Otros episodios, como el protagonizado por Fendetestas y el fantasma de la fraga, son sencillamente divertidísimos. Hay ternura, cariño y mucho saber hacer en El bosque animado.

Cuándo hay que leer los cuentos de Wenceslao Fernández Flórez

Alfredo Landa es uno de los protagonistas de la película de José Luis Cuerda

Cualquier momento es buen momento para leer esta colección de cuentos, que además pueden compartirse con un público muy diverso. Al final, su poder también reside en la capacidad de llegar a todos por igual, porque esas cualidades que en principio resultan contradictorias (la ingenuidad frente a la picardía) permiten, en realidad, que cada lector perciba la narración de una forma. Los niños disfrutarán de la vida animada de la fraga, los adultos entenderán las intenciones tras las voces de los árboles. El bosque animado es una fantástica lectura para cualquier momento.

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