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‘El retorno del rey’, épica y significado para el fan

Qué podemos decir. Por Frodo.
El retorno del rey

Este no pretende ser un texto tan analítico, ya tiramos de análisis exhaustivo en los momentos escogidos para celebrar el 20 aniversario de El retorno del rey, como un texto escrito con el corazón en los dedos, de fan a fan. De un fan que empieza a derramar lágrimas desde ese “nunca imaginé que moriría peleando junto a un elfo” y que no para de hacerlo hasta que no concluye el epílogo que Peter Jackson se sacó de la manga para concluir su trilogía. El impacto que el El retorno del rey tuvo en la cultura popular (mi madre no ha visto la película pero entiende las referencias porque llevamos 20 años usándolas) fue inmenso, no digamos ya en el mundo fan.

Fue un antes y un después, el ejemplo de cómo debe desarrollarse un proyecto serio que no olvida de dónde nace, ese mundo fan, pero tampoco olvida lo anterior, que es un proyecto serio. No iba a ser suficiente con tirar de fan service para contentar al público, pero tampoco podía dejarse a este de lado. Peter Jackson encontró el equilibrio perfecto y necesario y nos puso a todos de acuerdo. Lo hizo con la trilogía en general, pero sentó especialmente cátedra con El retorno del rey, que protagonizó la temporada de premios de ese año como ninguna otra película de fantasía ha logrado hacer desde entonces, y además logró un consenso generalizado entre el público. El retorno del rey es la mejor película de la trilogía en parte porque logra algo tremendamente difícil: ser un final a la altura de la excelencia vista. Cerrar una historia con épica y significado.

El retorno del rey
Por Frodo, por quién sino

Si El retorno del rey todavía nos conduce a las lágrimas, 20 años y mil visionados después, es porque vive en esta película una emoción sincera ligada a la historia narrada, que está (decirlo a estas alturas casi resulta ridículo) fantásticamente bien planteada y desarrollada. Visualmente es una barbaridad, con escenas maravilla como esas almenaras encendiéndose al ritmo que marca Howard Shore. El retorno del rey respira épica, una épica llena de significado que conmueve al espectador, que para entonces ya es fan porque ha vivido su nacer y su crecer. La comunidad del anillo es una película casi íntima si la comparamos con esta tercera porque, sí, tiene momentos grandiosos, pero es sobre todo una película de conocimiento, de pausa, de magia serena y, precisamente, comunidad. Pero es ahí donde empieza a nacer la épica, que da en Las dos torres sus primeros grandes pasos, a la que se aferra El retorno del rey para desarrollar esta película monumental que cuenta con escenas que se suceden sin que apenas se pueda respirar. Y tú, espectado, fan, estás comprometido con lo que estás viendo como consecuencia de lo ya visto, una buena historia con significado y buenos personajes, y también como consecuencia de lo que estás viendo, un cierre serio para todo lo anterior.

La batalla en los campos de Pelennor y la lucha de los hobbits en el Monte del Destino no son instantes: son escenas largas, de varias tomas, que mantienen la tensión y la grandeza con una elegancia y un buen hacer pocas veces visto, si es que alguna vez más se ha visto, en el mundo de la fantasía cinematográfica. No era fácil. Podría haber pecado de exceso grandilocuente, o por el contrario podría haberse quedado a medio gas, pero resultó encontrar el equilibrio perfecto entre la emoción y la batalla. Éowyn derrotando al Rey Brujo de Angmar al grito de “no soy un hombre”, Gandalf peleando como uno más, Legolas esquivando orcos tratando de llegar hasta un Aragorn que ha dado todo de sí, este susurrando a cámara ese “por Frodo” que se ha convertido en un grito de guerra universal. No hay nada impostado, forzado o fuera de lugar en El retorno del rey, todas las escenas, especialmente en ese último tercio de película, tienen un significado que el espectador entiende. No podía decirse adiós sin significado y Peter Jackson también lo entendió.

Por eso El retorno del rey emociona como lo hace, porque está llena de significado y construye la épica solo a partir de este. Por eso dejó una profunda huella en el mundo fan, por eso se hinchó a recibir premios y elogios, por eso marcó una época. No es sencillo cerrar una historia, no lo es desde un plano conceptual ni tampoco es sencillo hacerlo visualmente. Ya no digamos saber adaptar una obra que sobre papel había supuesto tanto. Pero El retorno del rey es, primero, una buena película y, segundo, una película para el fan. Para que llore esos múltiples finales durante tantos minutos como quiera, para que despida personajes, para que se sume a los gritos de la pantalla.

El fan está comprometido con lo que sucede en pantalla porque El retorno del rey tiene quizá como enorme virtud la de saber cerrar una historia que es, además, inmensa. Así de sencillo, así de complicado. El retorno del rey entendió cómo debía terminar El señor de los anillos y, del mismo modo que supo sostener esa historia en La comunidad del anillo y Las dos torres, supo también cómo cerrarla. Con épica y significado para el fan.

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