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Entrevista con Calequi, el músico de las mil músicas

Charlamos con Calequi sobre su proyecto, las noches en el Peor para el Sol, el disco que está por llegar y los Cinco martes para Amarte que nos esperan en la sala El Sol.
Entrevista con Calequi

Me siento frente a Javier Calequi, enciendo la grabadora y le pido que se presente al público, al lector futuro, a quien todavía no le conoce. Lo primero que me dice es lo que ya sé: “soy músico”. Más tarde yo misma le defino de esa manera, porque así lo traía apuntado de casa, y me lo agradece con sinceridad. Parece, de hecho, una persona agradecida y sincera, también reflexiva. Es, sobre todo, un músico con todas las letras, así que con todo lo anterior charlamos sobre música en general, sobre la suya en particular, sobre el álbum que ya fue (Gualicho), sobre el que está por llegar, y sobre esos cinco conciertos previstos para la sala El Sol que, tiene pinta, van a confirmarle como uno de esos directos imperdibles de la escena musical actual.

Quién es Calequi

Calequi
Imagen cedida por Calequi

“Nací en Buenos Aires, pero soy madrileño. Como siempre dice Jorge (Drexler) que decía Sabina: nacido en Buenos Aires, por lo tanto madrileño (risas)”, comienza explicándome, explicándose, con un buen humor contagioso y un punto reflexivo que se mantiene durante toda la charla. “Vivo en Madrid desde hace 15 años. Toco profesionalmente casi desde los 18 años. Tengo 43. Me la pasé girando estos últimos 5 con Jorge Drexler. O más…”, hace una pausa y rectifica entonces: “sí, 6 años van ya. Soy su director musical”, añade, para concluir la presentación. Hace apenas un mes, Drexler y su banda, encabezada por Calequi, tocaron ante 6.500 personas en el WiZink. Girarán, de momento, hasta el próximo mes de octubre.

Pero Calequi tiene mucho más por delante. Lo tiene desde hace tiempo, con su nombre y acompañado de dos fieras: “tengo mi proyecto, que se llama Calequi y las Panteras. Nació casi en pandemia y casi en un bar, en el Peor para el Sol, donde dimos 67 conciertos y donde hubo 67 funciones agotadas”. En esa sala pequeña, pequeñísima, lo conocí yo, y a esa sala he vuelto en más de una ocasión porque siempre es lo mismo y siempre es diferente. Una fiesta en la que la música es la protagonista y el ambiente es inmejorable. Por eso su nombre empezó a sonar en las calles de Madrid: “se empezó a correr la bola, empezamos a tener nuestro público y eso nos hizo hacer dos conciertos en la sala El Sol y uno en Condeduque. Ahora vamos a por cinco conciertos en El Sol”.

Mi particularidad es que soy una persona completamente abierta


De esos cinco conciertos y sus singularidades hablamos más adelante. Por el momento, todavía en los primeros minutos de conversación, le pregunto cómo se define a sí mismo como músico, cómo se ve y se siente. “Lo primero que quiero rescatar de esa pregunta es que me encanta que me digas que soy músico porque no me siento artista: me siento músico. Me parece que es una palabra demasiado grande para que yo la ponga sobre la mesa”, reflexiona. Y continúa: “Me siento músico, me siento un músico completamente abierto. Me encanta la música, vivo por y para la música, es mi vida desde muy pequeño. Amo todos los ritmos, todas las claves, todos los instrumentos y amo las canciones. Me parece que mi particularidad es que soy una persona completamente abierta”, me explica.

Coincido desde fuera porque es una característica que resulta evidente cuando uno se sumerge en la música que produce. Los gatos, ITO? o Hora de Sacar la Basura tienen en común dos elementos: quien firma las canciones y la verdad desde la que se intuye que nacen, pero más allá de eso no tienen similitudes marcadas. Mi persona está completamente abierta a cualquier tipo de música, a la música en general”, continúa, y me cuenta también que espera que se note en sus composiciones y en su manera de hacer los arreglos.

Recuerdo el ratito que hemos pasado en el estudio de grabación antes de esa conversación, acompañados de Lucas Piedra Cueva y Gala Celia, dos colaboradores habituales con los que está trabajando en su nuevo disco. “Vamos a probar cosas”, decía Calequi, enfrascado en los detalles de una canción. Incluso aunque tuve oportunidad de escuchar pinceladas de un tema que ya sonaba bien, esa voluntad de experimentar fue lo que más me gustó oír. Confirmaba la sensación que, como la definición anterior, ya traía de casa: que en su música no hay fórmula que valga.

El músico de las mil músicas


“Soy completamente ecléctico”, confiesa, “con este disco estoy intentando buscar una dirección, pero me cuesta mucho perder esa eclecticidad porque me parece que es algo que adorna la vida en general. Que te gusten diferentes cosas, diferentes ritmos… Me parece que la vida es mucho mejor siendo una persona que recibe, abierta a los colores y a las sonoridades en general, que siendo una persona que dice: ay, no me quiero meter con tal o cual ritmo porque no me representa. Yo me meto con todos los ritmos que puedo y con todas las músicas en las que puedo dar la talla”.

No me gusta hacer la misma canción todo el tiempo

Ese eclecticismo también se aplica a la música de otros y le encuentro hablando un instante de Prince y al siguiente de Nathy Peluso. Comparto con él la diversidad de gustos y la sensación de que, además, se ha perdido la vergüenza a la hora de hablar de la música que uno escucha, porque cada vez hay menos voluntad de considerar ciertos géneros de calidad y otros de segunda. Calequi coincide y reflexiona a este respecto: “Las etiquetas han servido muchísimo para vender y poder categorizar, pero yo creo que ya no son necesarias. La gente ya no quiere categorizar nada, la gente quiere escuchar una canción que le haga feliz o le haga bailar. En ese sentido se ha dado un paso adelante. Puedes escuchar Miley Cyrus, Metallica, AC/DC, Bad Bunny… Lo veo en las futuras generaciones: pasan de esas etiquetas. Cuando yo era adolescente estaban los heavys, el rock, la gente a la que le gustaba la música electrónica… No había mezcla. Ahora da igual”. Por fortuna, digo. “Por suerte”, añade.

“La gente que despotrica contra el reggaeton o contra los ritmos urbanos… Primero y principal: es solo una clave. Si quieres hacer mejor reggaeton que el que se está haciendo lo puedes hacer tranquilamente. Es un ritmo como tantos otros ritmos. Viene desde África, pasó por miles de lugares antes de conocerlo como hoy lo conocemos y no creo que sea menos válido que nada, menos que ningún otro. Es solo una clave, es tan sencillo como eso”, dice este músico que parece tener mil músicas dentro.

Le pregunto entonces por esas mil músicas, por su proceso de creación, por una inspiración que parece llegar de la vida misma: “Me inspiro en la vida y trato de que (las canciones) sean para mí…”, hace una pausa y toma aire para continuar. “Intento que me desafíen. No me gusta hacer la misma canción todo el tiempo. Si veo que hay fórmula, me pongo reticente. No digo que sea malo, pero es algo que para mí no es divertido. Lo puedo hacer, lo sé, pero cuando veo que todo me empieza a sonar muy a fórmula comienzo a tomar distancia de esa idea. Compongo todo desde un lugar de sinceridad porque intento que me guste a mí. Si la idea prevalece es porque vale la pena, no tiene mucho más misterio”, dice, casi restando importancia a un proceso que a mí sí se me antoja un secreto reservado para unos pocos, entre los que claramente se encuentra. Porque, claro, es un músico.

Pasado y futuro

Calequi con Luisa Corral y Lauri Revuelta las Panteras
Calequi con Luisa Corral y Lauri Revuelta, las Panteras. | Imagen cedida por el músico

Le pregunto por Gualicho, el álbum que publicó a finales de 2021 y que sirve de resumen, ejemplo y demostración de todo lo que venimos hablando. “No es un disco diferente a lo que te acabo de decir: lo hago como una necesidad mía. Se lo decía el otro día a un amigo, hay gente que hace terapia y mi terapia es componer. Cuando necesito desahogarme voy y me meto en el estudio y grabo lo que sea. Gualicho fue eso. Un disco grabado casi enteramente por mí, en pandemia, en situaciones duras, y presentado también en pandemia”.

Le felicito por el resultado y sonríe. “Me llenó de alegría porque fue el disco donde empecé a mostrar una parte de mí que nunca había enseñado y que me encanta disfrutar cuando toco en vivo. Y bailarlo con la gente, que se sume a los coros… Con ese disco pasaron un montón de cosas que no me dejan de sonrojar. Cuando voy a cantar una canción y la sala está llena y la gente canta los coros… para mí es como estar en Wembley, es precioso”. Antes de dejarlo ir, da un par de detalles más: “Lo toqué casi en su totalidad y lo mezcló Lucas. Ahí también empezó la afinidad con las Panteras, que son divinas”, explica, señalando a ese equipo que ha ido formando por el camino.



Del nuevo disco me había hablado, en realidad, nada más sentarnos en la mesa. Para este nuevo trabajo grabará 18 canciones, de las que se quedaran 10 u 11. “Está basado en las ciudades en las que voy girando”, me explica, a modo de anuncio y promesa. “Comencé con la idea en San José, en Costa Rica. Fuimos de gira con Drexler y ahí me di cuenta de que quería hacer un disco de ciudades, porque las ciudades están llenas de gente. En las ciudades vive gente y la gente siempre es la misma, como dice la canción. La gente siempre tiene los mismos problemas, no llegan a fin de mes, hay amores y desamores, pero hay particularidades que me encantan, como, por ejemplo, las expresiones. Noto ahí algo lindo por donde meterme, el intentar conseguir esas particularidades que todas las ciudades tienen”.

Le pregunto si cada canción va a sonar a cada ciudad, aunque recuerdo al momento lo escuchado en el estudio y me doy cuenta de que no tiene por qué ser así. “No tiene ese topic. Con Brasil, por ejemplo, la canción comenzó como una balada completa. Después se fue transformando y sí que que metí un pequeño color, pero no quiero eso. Hay una canción dedicada a San Juan de Puerto Rico y no es una canción de Bad Bunny (risas). Lo hago sonar como yo”. Me lo creo.

Las noches en el Peor


Las noches en el Peor para el Sol suenan también a Calequi. Un par de días después de sentarnos a charlar ofreció un concierto de agradecimiento a todas las personas que habían adquirido el bono de 5 conciertos para la sala El Sol. Ese viernes el Peor volvió a ser una fiesta. Es obligatorio hablar de ello y este capítulo comienza con mi asombro. “Lo del Peor fue…”, le digo, y sé que se me abren los ojos con admiración, “miércoles tras miércoles, y se llenaba”. “Fue una locura”, confirma él.

Es muy difícil tener esas miradas tan cerca, y a la vez es lo más hermoso que me pasó como músico


Para mí fue muy especial y me lo tomaba con tanta seriedad como si tocara en el WiZink. Era precioso ver la gente que me escribía para venir desde todos los lugares de España. O gente que venía de México y se quedaba toda la semana en Madrid y quería ver si había entradas. La gente peleándose por una o dos entradas porque, claro, era muy limitada la concurrencia”. El Peor para el Sol, situado en pleno centro de Madrid, es un local pequeño que sin embargo engrandece la experiencia de la música en directo. La magia de las salas.

Le pregunto si siente que esos directos le han definido de alguna manera y es tajante en su respuesta: “Sin duda. Y me enseñó lo más básico de la música. Por un lado, que no se puede parar de aprender. Yo quiero aprender todo el tiempo. Cuando voy a Puerto Rico quiero aprender qué es lo que está sucediendo ahí, quiero que alguien me lo enseñe aunque no lo pueda hacer. Cuando voy a Brasil quiero que alguien me muestre esa maravilla que hacen aunque yo no la pueda hacer, aunque la haga yo después como me salga”, explica. “Y creo que El Peor me enseñó a entender cómo intentar conectar con la audiencia, conmigo mismo, con una persona que me está mirando a esa distancia a la que estamos. Te aseguro que es muy difícil tener esas miradas tan cerca, y a la vez es lo más hermoso que me pasó como músico”.

Le pregunto por algún recuerdo un poco más especial que el resto y asiente enseguida. “Hubo un día muy especial. Yo ya conocía a Xoel López, había tocado con él y con Jorge en un teatro en Tirso de Molina, pero hubo un día que me llamó y me dijo… Voy a ir, si quieres cantamos algo. Yo dije: buenísimo. Esa semana fue trágica para mí porque mi mejor amigo falleció de covid. Decidimos no hacer el show para todos, pero yo tenía ganas de hacerlo igualmente, así que fue un show para muy poquita gente. Pero, claro, Xoel no sabía absolutamente nada de lo que había pasado”, hace una pausa, como si volviese a ese momento. “Fue uno de esos días donde (la música) realmente te cura. Te pone de otro humor. Quedamos todos enamorados de lo que había sucedido y del amor que había en esa sala”. Ese viernes siguiente a nuestraa charla, Xoel volvió a cantar con Calequi en el Peor y había el mismo amor.

Cinco martes para Amarte



“Sala El Sol. 5 conciertos. Cinco martes para Amarte”, le digo. “Allá vamos”, me dice. Le pido que me cuente cómo ha pasado todo esto. “La primera idea que tenía era más loca aún: tocar todas las semanas. Hacer una fiesta una vez por semana. Me dijeron: mirá, te vas a morir (risas). Ya hemos estado dos veces en la sala El Sol y fue increíble, pero demanda una energía que es tralla, entonces, claro, yo estoy todavía de gira con Jorge, termino en octubre, y me pareció prudente no hacerlo una vez por semana. Una vez al mes sí me parecía bien”.

“Entonces me pregunté”, continúa, “¿qué atractivo tendría venir a verme una vez al mes? A la gente le cuesta salir de su casa, va a ser un martes, si vienes a ver un concierto mío por qué vendrías al otro… Entonces se me ocurrió hacer cinco diferentes, que a mí como espectador es lo que me molaría ver. Ninguno será igual, porque ninguno tendrá la misma formación ni el mismo repertorio”.

Vamos allá, le digo, háblame de cada uno de ellos y dime una canción que vaya a definirlos. “El primer concierto (21 de marzo) tiene un featuring muy especial que es el de Michael Olivera. Es un músico increíble. Colaboró con Quincy Jones, es el baterista de Richard Bona. Es un musicazo, tiene su propio proyecto y es un amor de persona”, me explica. “Va a ser con Michael integrado a la banda y a las Panteras, así que va a ser una mixtura de música latina y baile… Prepárate (risas)”. Ya estoy moviéndome al compás de la canción que me propone: 



Demonios en el brass, el segundo concierto, tendrá lugar el 25 de abril y será una banda formada por “saxo barítono, trompeta, trombo y saxo alto, más la banda con las Panteras, por supuesto”. En el escenario de Calequi suele haber muchos músicos, así que no me sorprende, pero, además, me cuenta que “voy a arreglar todos los temas de nuevo. Van a tener una sonoridad casi como de una banda de New Orleans. Lo voy a arreglar con Laicha, uno de los chicos que toca el saxo”. ¿Y la canción?, le pregunto. “Sé que voy a Marte. Va a sonar de una manera que nunca sonó, va a sonar de una manera muy loca”, me dice, y le entra la risa, como pensando en lo que está por venir.

“El tercer concierto (30 de mayo) va a ser con la banda que viste siempre en el Peor, sobre todo, pero no va a haber brasses. Va a ser un pequeño comeback de lo que hicimos en el Peor, de cuando éramos solo las chicas y yo”, explica. Elige Gualicho como canción para este tercer encuentro y Los Gatos para el cuarto, que tendrá lugar el 27 de junio. “Con la banda entera, por eso se llama All Star Band, porque van a estar todos: brasses, banda completa, Panteras, invitados… Esa va a ser gorda”. Como Los Gatos, que vaya si es gorda esa canción.

Tributo a Prince, pero haciéndolo suyo

El quinto concierto es muy especial. Será el 18 de julio, en una semana donde la sala dedica su espacio a los tributos. “Me ofrecieron hacer tributo a Prince”, me cuenta. “Yo soy mega fan de Prince, no puedo jugar en esa liga entonces lo que le propusimos es… Acariciando la música de Prince. Tocarla es imposible, solo vamos a acariciarla”. Su objetivo, además de disfrutarlo, es uno: “yo lo que quiero es que la gente entienda todo lo que dejó, la complejidad, y a la vez la simpleza, y la hermosura de su música, y lo potente de la rítmica que ha dejado, y del baile. Quiero intentar ser muy simple al transmitir ese mensaje”. Me explica que se lo toma con mucha responsabilidad, que “todos los días escribo arreglos para ese show en particular”, porque “me parece todo un honor. No somos una banda tributo que copia los arreglos: lo vamos a interpretar, dando muchos guiños a cosas que me parecen fundamentales de su música. Eso es lo que vamos a intentar”.

Que sea Prince, pero haciéndolo un poco de Calequi, le digo, y asiente. “Exactamente, va a ser así. Una vez lo hicimos con el guitarrista que va a tocar conmigo en todas las fechas, Nico Nieto. Dijimos: vamos a tocar Prince con dos guitarras, transformándolo. Lo hicimos en esta sala (Sol) y yo quedé muy loco porque dije… es como poner a Prince en un diccionario para niños”. Hablamos de que mucha gente no ha entrado nunca en su música y coincidimos ambos en que si entras no sales. “Yo hice un click con él cuando lo escuché. Me pareció que estaba escuchando una cosa extraterrestre. Quiero que todos lo puedan disfrutar como lo disfruto yo”, concluye.

Cuando le pido una canción tiene que pensárselo, pero al final se decide: “esta semana estuve con una que no es muy conocida. Cierra un álbum que se llama Musicology (2004). Se llama Reflection”, y continúa: “no puedo parar de tocarla porque me lo puedo imaginar a él haciéndola, escribiendo esa letra que está completamente despojada de todo, rememorando su infancia, cosas que él quería decir que no las dice claramente… La armonía es preciosa, hay unos cambios tonales que son increíbles y parece tan simple y, a la vez, cuando te empiezas a dar cuenta de lo que estás tocando y lo que estás cantando… No sé si es la que va a definir el concierto, pero es increíble”. Unos días más tarde me envía esta versión:



Este es Calequi

Imagen cedida por Calequi

Le pido, en confianza, una respuesta corta para la pregunta quizá más complicada: por qué hay que ir a ver esos Cinco martes para Amarte. “Creo que nadie que entró en ese mundo en las pasadas salas Sol terminó indiferente. Todos bailamos, todos nos reímos, todos cantamos… Fue una experiencia. Ni siquiera lo vendo como un concierto”, me dice, resumiendo de algún modo lo que quiere para estos próximos encuentros. “Ojalá trasciendan mis canciones. Al final, es una comunión entre toda la gente que viene y las canciones, y es mi máximo deseo que eso trascienda, que la gente se apodere de la felicidad de ese momento. Para mí, con eso, misión cumplida”.

Así que, a modo de resumen, ¿por qué hay que ir a esos Cinco martes para Amarte? “Para poder experimentar una comunión entre la música y el público, que seamos todos uno”, concluye, no tanto a modo de alegato como a modo de deseo, porque es evidente que siempre ha deseado eso. Montar fiestas en torno a la música en la que todos los presentes disfruten por igual. Lo he visto en el Peor y lo he visto en El Sol, y es ahí donde se volverá a ver, de momento durante 5 martes, quién es Calequi.

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