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La explicación por la que no es tan extraño que Eto Demerzel y Cleon XVII tengan sexo

Si no te has enchufado los libros, casi mejor no sigas que te puedes comer tremendos destripes.
Eto Demerzel en Fundación

Nada más empezar el primer episodio de la segunda temporada de Fundación hay un hecho sorprendente. Ojo a los spoilers. Porque no, no se trata de la pelea de Imperio con el badajo colgando contra ninjas espaciales. Hablamos de la razón por la que precisamente va desnudo. Porque justo antes en la escena Cleon XVII y Eto Demerzel están teniendo sexo. Se trata de un momento chocante ya que la androide es una figura materna para el emperador. Sin embargo, en Los robots del amanecer hay una explicación por la que esto no es algo tan extraño al menos en el caso de ella.

Si no has leído la saga de Fundación o la mencionada novela te recomendamos que no sigas adelante. Hay destripes muy serios que afectan a la serie de televisión de lleno.

Aviso spoiler de'Fundación? y Asimov

Una justificación basada en los orígenes de Eto Demerzel

Último aviso para abandonar el barco. Como bien sabrán los seguidores de la versión original por escrito de Fundación y Asimov, Eto Demerzel es una de las muchas personalidades que ha tenido R. Daneel Olivaw. El robot lleva milenios metiéndose en todo y manipulando. Sin embargo, sus orígenes se remontan a la Tierra y las primeras colonias espaciales.

Construido en el planeta original de la Humanidad, sus creadores eran sin embargo los roboticistas Roj Nemennuh Sarton y Han Fastolfe. Ambos eran espaciales de Aurora. Era el más poderoso de los cincuenta mundos que se habitaron en la primera oleada que salió de la Tierra.

En Los robots del amanecer, el investigador Elijah Baley y su amigo Daneel investigan la muerte de un androide. Han Fastolfe, creador de Demerzel/Olivaw, es el principal acusado y les ayuda en todo lo que pueden. Durante las conversaciones que tiene con los detectives desvela que tiene una hija con la que no se habla por haberla rechazado sexualmente.

El concepto de sexo en Aurora

Aunque esto choque y mucho, resulta que en Aurora la sexualidad es totalmente abierta. Un hecho social sin mayor implicación. Por tanto, el incesto no está mal visto, de hecho como concepto apenas existe. Solo se evita en caso de una petición de matrimonio y de tener hijos, algo que va por formulario en la colonia. El paraíso para ciertos Lannister y Targaryen. De hecho, lo normal es que los padres no críen a su progenie, sino que esta labor la hagan guarderías.

Al ser Olivaw, y por tanto Demezel, creado por auroranos no es extraño que en su programación se contemplen como aceptables los usos del planeta. Así, la mayordomo no debería tener ningún miedo a dañar a su hijo adoptivo teniendo sexo con él. De esta forma, no se viola la primera ley de la robótica. En la manipulación que conllevan las relaciones, eso sí, si que tiene que tirar de la ley Cero.

Aquí está el extracto de la novela. Hemos usado la quinta edición de la colección Los JET de Plaza & Janés:

«– ¿Debo suponer, en cambio, que cuando ella alcanzó la edad en que debía tener su propio establecimiento, ya no sentía el mismo afecto por usted que cuando era efectivamente su hija y vivía en su establecimiento, dependiendo de usted?
– No es tan sencillo. De hecho, fue bastante complicado. Verá… -Falstofe pareció turbado-. La rechacé cuando se me ofreció.
– ¿Se ofreció a usted? -repitió Baley, horrorizado.
– Nada más natural -dijo Falstofe con indiferencia-. No conocía a nadie mejor que a mí. Yo la había instruido en todo lo referente al sexo, había alentado sus experimentos, la había llevado a los Juegos de Eros, había hecho todo lo posible por ella. Era algo de esperar y fui un tonto por no esperarlo y dejarme sorprender.
– ¿Pero el incesto…?
Falstofe dijo:
– ¿Incesto? Ah, sí, un termino utilizado en la Tierra. En Aurora no existe tal cosa, señor Baley. Muy poco auroranos conocen a su familia inmediata. Naturalmente, si se trata de un matrimonio y se solicitan hijos, se realiza una investigación genealógica, pero, ¿qué tiene eso que ver con el sexo social? No, no, lo anormal es que yo rechazara a mi propia hija. -Enrojeció, especialmente en sus grandes orejas.
-¡Qué desatino! – Murmuró Baley.«

Páginas 171-172 de Los robots del amanecer, P&J 1992.

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