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El final de ‘Las flores perdidas de Alice Hart’ y la violencia contra las mujeres

Una reflexión tras el final de ‘Las flores perdidas de Alice Hart’.
El final de Las flores perdidas de Alice Hart y la violencia contra las mujeres

De la última serie dramática de Prime Video pueden destacarse numerosos elementos. La belleza de sus imágenes, la curiosidad en torno al lenguaje de las flores o la impresionante interpretación que ofrece Sigourney Weaver, que hace olvidar su archiconocido nombre para convertirse en June Hart y nada más. Las flores perdidas de Alice Hart es un drama que en ocasiones se coloca el disfraz de serie de misterio, porque está repleta de secretos que no terminan de desvelarse hasta su mismo final. Podría llegar a ser una buena recomendación cultural porque es entretenida, emocionante y emotiva, pero en este texto queremos quedarnos con el final de Las flores perdidas de Alice Hart para reflexionar sobre cómo y por qué esta serie es, por encima de todo, una muestra de la violencia que cada día sufren miles de mujeres en todo el mundo.

Spoilers de Las flores perdidas de Alice Hart

Las flores perdidas de Alice Hart, retrato de la violencia de género

Las muchas caras de la violencia

June Hart en'Las flores perdidas de Alice Hart'

Por empezar por algún punto, hay una frase, “el hombre blanco siempre gana”, que pronuncia Twig (Leah Purcell) en el penúltimo capítulo de la ficción que pone los pelos de punta, porque uno se sorprende de que este personaje, que durante toda la serie se ha mostrado sereno, casi comedido, lance una afirmación tan generalizada y categórica sin que se matice después de alguna forma. Y al final hasta se entiende, porque acaba de contar su historia, y su historia es ficción en Las flores perdidas de Alice Hart y realidad en el mundo en que vivimos. Ella, madre trabajadora, sufre de violencia de género en su casa, pero termina siendo su pareja quien consigue la custodia de sus hijos, a quienes no ha vuelto a ver, porque su palabra vale más que la de ella. Esto es violencia.

La palabra de Dylan (Sebastián Zurita) también vale más que la de Alice (Alycia Debnam-Carey). La protagonista conoce a su interés amoroso en el cuarto capítulo. Para cuando empiezan a tener encuentros, en el quinto, el espectador (o tal vez la espectadora) ya frunce el ceño porque advierte en él comportamientos reconocibles que son, por lo menos, controvertidos. Una actitud pasivo-agresiva y manipuladora que consigue verter la culpa de los conflictos y las discusiones sobre ella. Esto también es violencia.

Para el sexto capítulo, el de “el hombre blanco siempre gana”, esos comportamientos alcanzan el límite. Dylan empieza a mostrarse abiertamente celoso y controlador, justificándose después a través del amor que siente por Alice y el miedo que le domina al pensar en perderla. Alice, culpable, se queda junto a él, renunciando no sólo a sus amigos sino a su propio criterio. Su criterio sería este: no he hecho nada que pueda causarte esos celos, no he hecho nada que traicione de alguna manera nuestra relación, ponerse un vestido para salir de fiesta no debería ser un conflicto entre nosotros. Pero la culpa cae sobre ella. “No debes enfadarme así”, explica Dylan en cierto momento. Y Alice casi asiente, porque al final le quiere y porque no quiere hacerle daño. Esto es violencia.

Una violencia más evidente a ojos de todos los espectadores se da en los últimos compases del capítulo. Alice se abraza a un compañero después de sufrir un ataque de ansiedad y Dylan lo ve a lo lejos. Ella ya sabe que ha vuelto a enfadarle así, pero prefiere optar, cuando se encuentran en casa, por el cariño para cubrir un conflicto que para ella no lo es. Esto también es violencia, porque no se siente lo suficientemente segura como para hablar con su compañero sin temer que este estalle, que es lo que termina por hacer, pues Dylan golpea a Alice brutalmente.

He aquí la violencia más evidente, la que lleva cociéndose en Las flores de Alice Hart desde el primer instante, cuando se insinúa que el padre de Alice, Clem Hart (Charlie Vickers), maltrata a su mujer y su hija. A lo largo de los capítulos se han visto otros episodios similares como el que se explica en torno a Stella, una de las flores de June Hart, que está siendo perseguida por su ex pareja después de que este abandone la cárcel. Cuando June se enfrenta a él, recibe también una brutal paliza. June, por cierto, que fue violada por varios hombres cuando era joven, violación fruto de la cual nació su único hijo. No se trata de que Las flores de Alice Hart muestre este tipo de relaciones como la norma, se trata de que retrata los muchos tipos de violencia que sufren las mujeres, sin importar su condición, su situación o su carácter.

Las víctimas de violencia de género no siguen un patrón

Alice y June en'Las flores perdidas de Alice Hart'

Porque puedes adoptar la postura de Agnes Hart (Tilda Cobham-Hervey), la madre de Alice, y no enfrentarte a tu marido en sus ataques, aguantarlos y callar y continuar. Entonces se preguntarán por qué no lo hiciste, por qué no te revelaste, por qué no escapaste, como hizo Stella, que creyó haber encontrado el único refugio seguro en Thornfield, una granja para mujeres que está blindada, solo para descubrir que hasta ahí también puede llegar el odio. Entonces se preguntarán por qué no denuncias ante la policía para volver a alejarlo de ti, porque siempre hay un juicio en forma de pregunta para la mujer maltratada.

Puedes adoptar, por otro lado, la postura de Alice y decidir defenderte. Porque cuando Dylan golpea brutalmente a la protagonista de esta historia, Alice se levanta y le ataca también, porque teme por su vida y porque es diferente a su madre, a su abuela, a Stella, porque cada mujer es diferente. Pero también eso da igual. Alice golpea a Dylan y se marcha a su casa, a encerrarse durante toda una noche en la que Dylan grita y golpea la puerta tratando de entrar, mientras ella sostiene llorando un cuchillo porque sabe lo que sucederá si entra.

Cuando a la mañana siguiente su amiga Lulu (Vivienne Awosoga) va a visitarla, y solo después de tratar sus heridas, anima a Alice a denunciar a Dylan. Alice acude en primer lugar al centro en el que trabaja, donde le espera su jefa con mirada seria. Dylan ha acudido antes que ella, con un buen golpe en la cabeza, explicando que Alice le golpeó y que además mintió sobre su pasado. Su jefa cree a Dylan, a pesar del estado de Alice, porque Dylan ha trabajado con ella desde hace cuatro años y siempre ha sido encantador, nunca ha dado problemas.

Así que Alice tiene que huir, porque no puede hacer nada contra la versión de Dylan y porque además tiene miedo, y lo hace con el sanbenito de “la loca” colgado sobre ella, viendo desde lejos cómo Dylan es consolado por todos sus compañeros. Es decir: no importa tu condición, tu situación, tu carácter ni tampoco las decisiones que tomes a la hora de afrontar esa violencia, puedes sufrirla de igual modo.

El ciclo de la violencia

June Hart en'Las flores perdidas de Alice Hart'

En el último capítulo, cuando Alice encuentra un nuevo hogar en el que estar segura, Dylan la escribe. “Te echo de menos”, puede leerse en uno de los mensajes. Podemos arreglarlo, dice en otro, como si la violencia continuada fuera un simple conflicto con solución. Alice le contesta que también le extraña. El espectador nunca sabrá si este personaje de ficción hubiera vuelto a su lado, porque la historia con Dylan se queda de esta manera, abierta a interpretación. Pero es que no importa lo que suceda con Dylan porque Las flores perdidas de Alice Hart no trata sobre esta relación, ni siquiera en un porcentaje ínfimo: trata sobre cómo Alice Hart ha vivido durante buena parte de su vida sumida en episodios de violencia de género de los que es muy difícil salir. Trata sobre las mujeres como víctimas de esta violencia, también en los casos en los que contestan “yo también te echo de menos” a su maltratador.

Las flores perdidas de Alice Hart trata, en fin, sobre la violencia contra las mujeres, sobre las diferentes formas que toma y sobre las muy diversas situaciones que se viven a partir de aquí. Afortunadamente también trata en buena medida del refugio seguro que es Thornfield y de cómo a veces las flores pueden seguir creciendo a partir de los cuidados adecuados, a pesar de la injusticia que es que tengan que hacerlo al margen de una sociedad que todavía a veces no condena al maltratador porque de puertas para fuera nunca ha dado problemas.

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Redacción Fan Service
02/03/2024
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