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Termina ‘The owl house’, el hogar de lo diferente

"Casa Búho" se despide con un final emotivo. 
Imagen promocional de la primera temporada de The owl house o Casa búho

La serie animada The owl house ha llegado a su fin con el último episodio especial de la tercera temporada. A pesar de las campañas en redes organizadas por su amplia comunidad de fans, Disney no se ha retractado en su decisión de cancelar la serie. Los tres episodios de duración extendida han sido un regalo para las personas que han acompañado a la protagonista durante todo este recorrido, pero también han supuesto una despedida agridulce. Una última mirada a la Casa búho antes de que cierre sus puertas. 

Por qué la Casa Búho se ha convertido en un refugio

La mayoría de las historias sobre mundos ficticios están protagonizadas por personajes que no se ajustan al modelo de ser humano ideal. No suelen seguir a los populares de la clase o a ejecutivos exitosos. En su lugar, hablan de niños que viven en el hueco de una escalera, chavales pobres de Queens o jóvenes sin apellido que habitan el desértico planeta Tatooine. En general, es más fácil conectar con personas que no han encontrado su lugar en el mundo y se sienten incomprendidas, raras, relegadas a los márgenes. Y de eso va precisamente The owl house: de reconciliarse con ese yo interno que siempre se ha sentido roto. 

La protagonista y sus mundos extraños 

La protagonista de la serie utiliza la ficción para evadirse de una realidad en la que no encaja. Luz Noceda no tiene amigos, vive sola con su madre y es constantemente tachada de excéntrica por su forma peculiar de entender las cosas. Se sumerge en novelas de fantasía y sueña con ser una hechicera de la talla de su heroína literaria. Como Don Quijote, pero con más brilli-brilli y de la generación Z. 

A diferencia del caballero andante, que se queda vagando por La Mancha, Luz cruza un portal a otra dimensión: el Reino de los Demonios. Allí encuentra un escenario de fantasía con tintes monstruosos digno de sus mejores sueños, pero también descubre que las cosas no son tan fáciles como había imaginado. Al fin y al cabo, Luz es una simple humana en un terreno desconocido. Una extraña sin poderes en un mundo que rezuma magia. 

The owl house y el encanto de la diferencia

Es importante tener en cuenta que la protagonista no llega a este nuevo mundo para adaptarse a él. La niña que sueña con ser una bruja, al carecer de poderes, encuentra una forma alternativa de utilizar la magia: mediante glifos, desencriptando el lenguaje natural de las Islas Hirvientes. En el último episodio, el propio titán cuyo cuerpo sostiene el hechizo de las islas confiere a Luz sus últimos vestigios de poder para salvarlas.

Luz es única y peculiar en muchos aspectos. Así, la gente de la que se rodea no podía ser de otra forma. Como cabía esperar, los lazos que crea al otro lado del portal también abarcan a personajes desterrados de la normalidad. La serie The owl house es como la ficticia Casa búho en el sentido de que brinda asilo a quienes la sociedad tacha de inadaptados. Su troupe va desde una hechicera rebelde con una maldición hasta un pequeño demonio que fracasa adorablemente en sus intentos de resultar aterrador, pasando por unos adolescentes marginados y un clon con una larga lista de traumas. El edificio acoge a una gran variedad de personajes y les concede un espacio seguro. 

Ocurre algo similar con la serie. El diverso reparto de personajes y el mimo con el que se tratan sus conflictos e identidades han hecho que The owl house sea un verdadero refugio para muchas personas. Además, los vínculos que se generan entre Luz y el resto recrean el tropo de la familia encontrada. Al fin y al cabo, son un grupo de raritos que se encuentran y eligen apoyarse. La bruja Eda lo dice en el primer episodio: us weirdos have to stick together/los frikis tenemos que apoyarnos mutuamente”. Esta frase es la columna vertebral de la serie, describe a la perfección la dinámica de la familia compuesta por Luz, Eda y King. 

En los últimos años han salido varias series infantiles en las que se tratan abiertamente temas profundos como la salud mental, el luto o las identidades disidentes. Un claro ejemplo de ello es Steven Universe, creada por Rebecca Sugar, que ya introdujo elementos de este tipo en Hora de aventuras, aunque con ciertas dificultades. En ese sentido, The owl house va un paso más allá. Para empezar, la familia de Luz no es del todo normativa. Es monoparental y de procedencia hispana. La muerte de su padre es un asunto que la serie va desvelando a medida que Luz se abre y aprende a gestionarlo mejor. 

Además, la representación LGTB de la serie es sobresaliente y está integrada con tacto y transparencia. Por lo general, es muy sutil y no se recrea en el drama. Por ejemplo, Willow tiene dos padres y Raine es no binarie, hecho que se conoce porque utiliza pronombres neutros, pero su identidad se trata con absoluta naturalidad y no se convierte en tema de conversación en ningún momento. Este vivo retrato de la diversidad humana es uno de los mayores logros de la serie. Además, encaja totalmente con su narrativa. 

El final de las Islas Hirvientes

Los dos primeros episodios de la tercera temporada son relativamente introspectivos. Luz introduce a sus amigos al mundo humano y pone a su madre al corriente de su vida mágica. También sale del armario como bisexual y consolida su relación con Amity. Por su parte, Hunter se deshace poco a poco del estigma de haber dedicado su vida a servir al Emperador. Aprende a confiar en el resto y baja un poco la guardia, aunque la muerte de Flapjack abre una nueva herida en su interior. 

Belos y el Coleccionista, dos amenazas dispares

El tercer especial es una cuenta atrás para evitar la destrucción de las Islas Hirvientes. Además, la amenaza es doble. Por un lado, está el Coleccionista, el niño de las estrellas que ha convertido el reino en su sala de juegos personal. Como se podía intuir por el tráiler, el episodio incluye una serie de ilusiones y juegos macabros ideados por este personaje infantil. Mientras tanto, el Emperador Belos repta entre las sombras con el objetivo de reducir el mundo mágico a cenizas. El final se acerca y a Luz y compañía se les agota el tiempo.

Tanto Belos como el Coleccionista representan valores antagónicos al mensaje de la serie, que es de unidad y aceptación. El Coleccionista no es más que un niño con un juguete, solo que ese juguete es un poder desmedido que le permitiría hacer desaparecer una galaxia con un chasquido. Su esencia es egoísta e individualista, pero no deja de ser un jovencito que se siente solo y desplazado. No actúa desde la maldad sino desde la ignorancia y la ingenuidad, por lo que no podía ser el villano principal de la serie. 

Ese papel le corresponde, sin duda, al Emperador. El objetivo de Belos siempre ha sido destruir lo diferente, lo ajeno. Teme aquello que no puede controlar. Por eso se ha quedado anclado a su pasado como cazador de brujas. Es la prueba perfecta de que ser iguales no necesariamente implica permanecer al mismo bando. Aunque intente atraer a su causa a Luz, la otra humana en el reino mágico, ella reniega de sus raíces en aras de la otredad. Renuncia a una fidelidad impostada y lucha por lo que es diferente, incluyendo la magia, sus amigos y la libertad de salirse de los moldes. 

Cuando Belos se instala en el corazón del titán, sus sombras comienzan a invadir el reino. Ni siquiera el Coleccionista sabe cómo detenerlo. En un acto de compasión, Luz se interpone entre ambos y recibe el rayo mortal. Se deshace en esferas luminosas ante las miradas quebradas de sus seres queridos. Por unos minutos, su muerte parece dolorosamente real. 

Luz vuelve con el poder del titán, el padre de King, para derrotar a Belos. Por fin la vemos como la bruja invencible que siempre soñó ser. Eda, King y los demás luchan a su lado. Incluso el Coleccionista colabora para mantener a salvo a los habitantes que tenía encerrados en su palacio. Finalmente, el Emperador se arrodilla ante ella, débil, solo e insignificante. Todo ha terminado.

La odisea de cerrar tramas a contrarreloj

A estas alturas, The owl house ha conseguido algo que parecía imposible: cerrar todas las tramas que habían quedado abiertas en la temporada anterior. Es lógico que, al cancelar una serie narrativamente densa, quepa la posibilidad de dejar hilos sueltos. Los tres capítulos especiales han trabajado los temas más importantes y se han desarrollado las historias que quedaban pendientes. El precio a pagar ha sido el ritmo de la narración. En ocasiones, este resulta atropellado y apresurado. Es evidente que quieren transmitir mucha información en un espacio de tiempo reducido y eso hace que ciertas partes resulten difíciles de digerir. 

Por ejemplo, la historia del titán de la isla no resulta tan espectacular como debería. Es un personaje que no ha dado tiempo a trabajar y causa muy poco impacto en la pantalla. La trama del Coleccionista tampoco se resuelve de forma orgánica. En un mismo capítulo tortura mentalmente a las protagonistas y tiene a los habitantes de la isla petrificados en forma de marionetas, para luego ser perdonado por los personajes como por arte de magia.

Su arco de redención sencillamente brilla por su ausencia, algo que podría haberse solucionado con más tiempo o de una forma más drástica, como que arriesgara su vida para salvar a aquellos que ha herido. En las últimas temporadas de Steven Universe se intenta redimir a genocidas espaciales por el poder de la amistad. Un argumento cuestionable como mínimo y que sigue el mismo patrón que The owl house en esta ocasión. El hecho de que el Coleccionista se destierre a sí mismo a las estrellas para “madurar” es un parche que no termina de arreglarlo.

Una última mirada a la Casa búho

The owl house finaliza con una secuencia que refleja dónde están los personajes tiempo después. Luz se prepara para ir a la universidad en las Islas Hirvientes y le organizan una fiesta sorpresa. Esta forma de resumir lo que pasa a continuación es un recurso fácil. Deja con ganas de saber más acerca de la vida de los personajes y su futuro. No obstante, teniendo en cuenta que la serie se canceló de forma precipitada y han tenido que abarcar tanto en el margen de tres episodios, tiene sentido que hayan usado tal recurso para evitar dejar el final abierto. 

Unos destellos atraviesan el cielo nocturno y suena la melodía principal de la serie. Los personajes alzan la mirada. Están cambiados, más mayores, con alguna que otra cicatriz nueva y colores de pelo diferentes. Algunas manos se estrechan con timidez, un brazo ase una cintura, alguien guiña un ojo. El grupo de raritos rompe la cuarta pared y saluda a cámara. Su aventura ha terminado, pero el portal permanece abierto. Este refugio siempre estará ahí para acoger a todo aquel que lo necesite.

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