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‘Todos quieren a Daisy Jones’ en 9 frases que resumen la historia

Un recorrido por las páginas de 'Todos quieren a Daisy Jones' en busca de esas frases que, gracias a una escritura poderosa, condensan bien la esencia de la historia.
Frases de Todos quieren a Daisy Jones

Todos quieren a Daisy Jones ha pasado de ser el gran fenómeno literario de Taylor Jenkins Reid a ser la última gran sensación seriéfila de Amazon Prime Video. Lo segundo solo se explica a través de lo primero, pues lo que hizo la autora fue construir una historia emocionante, que descoloca y conmueve a partir de una perspectiva realista y significativa, protagonizada por personajes que parten de clichés reconocibles para llenarse, poco a poco, de matices. Ya analizamos todas sus virtudes en la crítica dedicada al libro, este texto tiene otra intención. La de demostrar la escritura poderosa que sostiene la novela a partir de diferentes frases y extractos del libro que pueden reunir toda la esencia de este, por la contundencia y el valor de las palabras escogidas para narrar la historia.


“Nos encanta la gente que es hermosa y está rota. Y es difícil encontrar a alguien más roto y con una belleza más clásica que la de Daisy Jones”


Todos quieren a Daisy Jones no es tanto una romantización de la pena, porque realmente todo lo que rodea a ese concepto se presenta como algo destructivo que lastra la vida de los protagonistas. Puede llegar a ser una fuente de creación, pero no es un modo de vida escogido para así poder crear. Daisy, de hecho, llega a decir en alguna ocasión que no quiere estar rota. Lo que sí llega a ser es una exposición de cómo el espectador, de una ficción o de la vida, ama la tragedia, romantiza la tragedia y el aura triste que emanan los artistas, especialmente si a partir de ello surge la belleza. Esta frase explica parte de la fascinación que despierta Daisy Jones, pero no porque ella romantice la tristeza sino por cómo se hace desde fuera.


“No tenía el más mínimo interés en ser la musa de alguien. No soy una musa. Soy ese alguien. Fin de la maldita historia”.


Todos quieren a Daisy Jones es un libro muy feminista, por lo manido que esto pueda sonar. En una época en la que las mujeres eran sobre todo musas de las grandes estrellas de rock, unos cuantos nombres (Janis Joplin o Patti Smith, que pone música a la cabecera de la serie) rompieron los moldes convirtiéndose en creadoras. Para ellas las oportunidades fueron diferentes, incluso la repercusión, a pesar de la influencia, también es distinta hoy en día, pero sus nombres forman parte de la historia. Daisy Jones es, en parte, un homenaje a todas ellas.

A Daisy le roban canciones y no pasa nada, no hay consecuencias. Y más allá de la ausencia de responsabilidades, se trata de la simple acción en sí misma: a Daisy le roban las canciones, le roban las ideas, porque los hombres a su alrededor no se paran a pensar que ella pueda querer hacer algo con sus creaciones. No las toman como creaciones de ella sino como parte de una personalidad que ellos pueden explotar. Pero en un momento dado Daisy rompe con ello, y es un acto también muy importante, porque este personaje pasa de “me rodeaba de todos aquellos hombres, de todas esas estrellas, porque no sabía de qué otro modo podía sentirme importante” a pensar que no quiere sentirse importante a través de ellos, que es una artista con valor propio.

Hay aquí también una contradicción porque, a la hora de ser ella misma, Daisy ha necesitado la aprobación y el cariño de la gente, ese encajar en los círculos fruto de las heridas de la infancia, pero la Daisy música sigue un camino diferente. Es independiente, sabe de su talento, es consciente de lo que vale y es ella misma quien decide explotarlo. Fin de la maldita historia.


“Es como si algunos fuéramos detrás de nuestras pesadillas igual que otros persiguen sus sueños”


Sentirse atrapado por lo que duele, sentirse una pesadilla en sí misma. Así es como viven los dos protagonistas. Tanto Daisy, que vive al compás de unas adicciones que anestesian la ausencia de un vínculo real con el mundo o su realidad, como Billy Dunne, que vive en una carrera constante por huir de esas adicciones y por merecer el vínculo con las personas que han confiado en él. Ninguno puede salir de ello hasta el punto de que parece que todo lo que hacen, consciente o inconscientemente, está encaminado a retenerlo.

Las pesadillas de uno y otro comienzan con el abandono de sus padres. Daisy se ha sentido sola toda su vida, tratando de ganarse el cariño de unos padres que se lo negaron desde su misma concepción. En su caso, en su juventud no solo tenía que enfrentarse a la difícil construcción de un autoconcepto que, para ser satisfactorio, tiene que encontrar su base en el amor propio, es que es un personaje que primero tiene que hacer un trabajo de destrucción de las creencias impuestas. Porque las creencias que le transmitieron sus padres es que no tenía valor alguno, hasta el punto de ser invisible para las figuras de seguridad, cariño y protección que las personas tienen en la infancia. Así cae en los estímulos rápidos y las satisfacciones a corto plazo, y en las adicciones que le permiten huir de la herida.

En el caso de Billy, también es el abandono de su padre el que hace nacer la herida, pero en este caso por temor a reproducir aquello que ha tenido que sufrir. Tras comenzar un proyecto de vida con una persona con la que ha desarrollado un vínculo real y deseado, la responsabilidad, el compromiso y el amor que le fueron negados, y que tiene que ofrecer en ese determinado punto de su vida, hacen aflorar el miedo a hacerlo mal, como lo hicieron con él. Ese miedo, la inseguridad y la duda le conducen a la autodestrucción que busca en las adicciones, hasta que finalmente las adicciones terminan por controlarle.


“Va a ser la chica que sangre mientras lleva un vestido precioso hasta que se muera”


Relacionado con todo lo anterior, es una de las frases más significativas (y bonitas) del libro. Habla bien de la pluma de la escritora, es muy importante para entender por qué esta historia ha funcionado tan bien. Porque la historia es importante, pero también ayuda que esté muy bien escrito. No busca nunca, en ningún momento, la emotividad fácil: es más duro que lacrimógeno y más realista que dramático. Pero tiene golpes sobre la mesa que realmente hacen mella en el lector. Esta es una de esas frases de Todos quieren a Daisy Jones que uno lee dos veces.


“¿Por qué me jodía a mí misma de esa forma? No puedo explicarlo. Ojalá pudiera. Odiaba esa parte de mí. La odiaba pero seguía alimentándola y entonces me odiaba todavía más. No tengo ninguna respuesta decente para esto”.


De nuevo el asunto de vivir atrapada en unas adicciones que desde dentro de su ser rechaza, que no romantiza ni desea. Todos quieren a Daisy Jones ilustra bastante bien cómo ciertas situaciones no permiten que las personas tengan la oportunidad de tener un presente y un futuro digno, y lo difícil que es salir del bucle destructivo. Daisy no puede dejar sus adicciones porque recurrió a ellas en busca de disociación por un lado y validación por otro, así que cuando trata de alejarse lo que hace es regresar a una realidad que no entiende, en la que no encuentra su sitio y donde no siente una conexión real. Cómo pararlo, entonces.

Este extracto del libro es también un buen ejemplo de cómo en Todos quieren a Daisy Jones no se responde a todo, no se explica todo, pero porque hay cosas que no se pueden explicar, emociones para las que, a menos que se profundice en ellas verdaderamente, no se encuentra una justificación racional. Así es la vida.

También en este sentido juega un poco con el lector. Taylor Jenkins Reid ofrece una historia completa, pero deja espacios para que el lector rellene con esta o aquella reflexión. Se ha hablado mucho sobre si los personajes mienten en ese documental ficticio. Hay quien cree firmemente que así es, que, en el fondo, nunca sabremos la historia real.


“Creo que hay que tener fe en las personas antes de que se la ganen. De lo contrario, no sería fe, ¿no te parece?”


Buena parte de la historia de Todos quieren a Daisy Jones se sustenta en las decisiones que toma Camila. Ella decide que su vida, su relación y su familia valen más que las adicciones de Billy. No es que no le duela su traición o su autodestrucción, no es que perdone todos sus actos, es que decide que lo que tiene con él, lo que está construyendo, vale más que perderlo. Esta frase lo resume bien: lo que tiene en él es fe. Considera que pueden estar bien, que solo tienen que encontrar la manera, y como es lo que desea, entonces apuesta por ello. Habla mucho de la confianza que se ve en todo el libro, de la apuesta por alguien que cree que merece la pena aun cuando las cosas son difíciles, porque al final cuando las cosas son fáciles no es tanto apostar como relajarse.


“Ahora mismo solo siéntate conmigo y ayúdame… a entender lo que estoy haciendo”


Después de todo lo que sucede entre Daisy y Billy, las idas, venidas, deseos, pasiones, discusiones, conflictos, distanciamientos y traiciones, lo más importante entre ellos puede llegar a estar presente en esta frase, porque es en la que Daisy se muestra completamente abierta y vulnerable con él. Es la frase con la que quiere trazar un compromiso consigo misma para olvidarse de las adicciones y volver a la realidad que tanto le duele, y no solo quiere contar con Billy para ello, sino que sabe que puede ayudarla, porque son, de algún modo, lo mismo.

Esta es otra de esas frases de Todos quieren a Daisy Jones que habla de la confianza que planea siempre sobre la ficción, que ni es blanca ni es siempre fácil o estable, pero es un hilo entre todos los personajes que se mantiene prácticamente intacto.


“Has borrado un poco la línea que prometiste no cruzar. Y a partir de ese momento, cada vez que la cruzas se va borrando un poco más hasta que un día miras a tu alrededor y piensas: ¿Aquí no había una línea?”


Otra vez en torno a las adicciones, ilustra bien cómo te arrastran de forma sutil hacia una oscuridad cada vez más profunda en la que tal vez de repente abras los ojos para darte cuenta de lo lejos que estás del principio. Todos quieren a Daisy Jones es, en ciertos momentos, violento en este sentido, pero sobre todo es reflexivo, y se demuestra con este par de frases de Billy en las que explica cómo se hundió en el pozo de las drogas, el alcohol y el sexo fácil.


“Las canciones hablan de sentimientos, no de hechos. Expresarse tiene que ver con lo que se siente al vivir, no con tener o no derecho a reclamar una u otra emoción en un momento dado”


Todos quieren a Daisy Jones también reflexiona en numerosas ocasiones sobre el poder de expresión que acompaña a la música. Daisy y Billy, de hecho, terminan por emplear sus composiciones para cantarse entre ellos, porque es la única forma no comprometida de decirse lo que sienten, porque sólo son canciones… Salvo que no solo son canciones, claro.

La última de las frases escogidas tiene que ver con un razonamiento que persigue Daisy cuando, en la segunda mitad de la historia, empieza a verse abrumada o sobrepasada por unas emociones que muchas veces buscamos, como se ha dicho antes, justificar desde la parte racional. En el caso de la creación de versos a partir de estas emociones, versos que nacen en una historia real, muchas veces el reclamo es justificarlo a partir de la historia objetiva. Como cuando se le dice a Taylor Swift que no puede cantar sobre determinados asuntos, porque no son como ella dice.

Pero, como dice Daisy, sentimos lo que sentimos, y las canciones son el reflejo de esos sentimientos y no de la historia objetiva, de hechos palpables, visibles o comprobables. La música sirve, entre otras cosas, para dar salida a esas emociones sin tener que volcarlas sobre la realidad. Por eso terminan por ser universales, porque no necesitan de los hechos para llenarse de significado. Como canta Iván Ferreiro en Toda la verdad: repetiré como yo quiera ese minuto que viví, y no me importa si hay rigor. Las canciones no nacen de una verdad universal, solo de una verdad propia. Eso intenta explicar Daisy.

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