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Superadolescentes sangrientos, ‘Gen V’ e ‘Invencible’ es lo que el género necesita

Hormonas, salseo y gore = éxito.
Gen V e Invencible

De los cómics y alguna producción suelta, los superhéroes saltaron a la cultura popular masiva en un chasquido de dedos. Series retro, animaciones para público juvenil y sagas como la de Spider-Man de Raimi o X-Men dieron paso al liderazgo con mano de hierro del UCM. Sin embargo, pese a sorpresas agradables como Loki, la burbuja audiovisual parece que está explotando. Con todo, hay ficciones que logran revigorizar el género en base a violencia y mucha hormona. Porque Gen V e Invencible comparten el mezclar adolescentes con superpoderes y muchísima sangre.

Una aproximación que huele a crepuscular

Aunque vengan de publicaciones que ya concluyeron su periplo en papel, tanto Invencible como The boys y su spin-off Gen V juegan con deconstrucciones muy burras de los tópicos del género súper. El tono es paródico en ambos casos, jugando con un realismo relativo en las consecuencias de los actos de los héroes.

De ahí su carácter crepuscular, hasta cierto punto al menos. Necesitan que su público conozca las mitologías superheroicas contemporáneas, como el UCM o el DCU por poner dos ejemplos, para funcionar. Solo tras ellos tienen un sentido y se disfrutan a tope.

Invencible tiene en su centro varias parodias paralelas sobre Superman y Gen V hace lo propio con los X-Men. El cinismo con el que atacan sus tramas es similar al que se puede ver en el Grupo salvaje de Peckinpah o en el eurowestern de Leone. La nobleza no está ni se la espera, solo queda la sordidez.

Adolescentes letales, pero adolescentes al fin y al cabo

The boys estaba ya mostrando signos de fatiga en su tercera temporada. No es que ya estuviera oxidada, pero la velocidad de crucero de su primera entrega no se alcanzaba pese a la diversión general. Con Diabolical, la ficción de Amazon Prime Video logró expandirse un tanto. Sin embargo, no eran mucho más que chucherías. Añadidos que se agradecen como público, pero que no abrían el grifo narrativo en exceso.

Gen V sí que muestra que la franquicia puede desarrollar productos de igual nivel que su serie principal sin perder lo que hace reconocible al universo y dándoles una personalidad propia. En este caso, se tira de aventurillas de chavales casi a lo Scooby-Doo. Un Riverdale sin tapujo alguno que fluye como la seda entre hormonas.

Esta mezcla de poder y adolescencia es también la base de Invencible. Robert Kirkman, autor de The walking dead, supo subvertir a la figura de Superman a través de Omni-man y su hijo, Mark Grayson. El paso a lo audiovisual fue vía animación, lo que permite elevar los niveles de gore y violencia más todavía que a la adaptación y spin-off de The boys. Asimismo, las dinámicas familiares y problemas de jóvenes adultos, con drama generacional de por medio, caracterizan al menos la primera temporada de la serie.

Grandes poderes que no conllevan grandes responsabilidades

Aunque haya excepciones, como la castración mental a la que se somete a sí misma Atom Eve en Invencible, la moral de los personajes de Gen V e Invencible no está edulcorada como en Marvel o DC. No son tan sutiles como en Watchmen, ni tienen la actitud deprimida de la obra de Moore, pero como en ella sus habitantes son muy humanos. Es decir, son personas que saben que están por encima del resto. La mayoría de quien está leyendo esto, incluido el que escribe, seguramente se aprovecharían de ello.

La parodia evita la incomodidad de pensar mucho, pero no deja de ser una humanización de humanos. Una perogrullada, pero que causa debate cuando se aplica a casos reales de maldad. Al igual que un oficial nazi podía ser un padre estupendo, estos héroes pueden ser grandes amigos un rato y asesinos supremacistas al siguiente.

Por suerte, Gen V e Invencible van a la diversión pura y no la reflexión. Aunque se generen efectos Torrente con Omni-man o Homelander, con gente tomándoles irónicamente como referentes, la mayor parte de la audiencia va a lo mismo que a 30 monedas. A ver un desfase repleto de sexo, sangre y salseo. Quizá esa liviandad, precisamente, era lo que necesitaba un género saturado de épica de cartón piedra.

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