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Gene Cousineau y Oliver Putnam, las dos caras del mismo tópico

Dos señores que tienen mucho en común pero toman caminos bastante distintos.
A la derecha Gene Cousineau y Oliver Putnam a la izquierda

Desde que los intérpretes pasaron a ser superestrellas las ficciones sobre sus microcosmos han ido apareciendo. Véase El crepúsculo de los dioses, en la época dorada de Hollywood, o Birdman, más actual. También las series han creado en torno al mundillo, siempre entremezclado, del teatro y lo audiovisual. El tópico de la antigua gloria en busca de una nueva oportunidad es un clásico de este tipo de ficciones. Barry y Solo asesinatos en el edificio ofrecen dos caras del mismo a través de Gene Cousineau (Henry Winkle) y Oliver Putnam (Martin Short).

Las dinámicas vitales paralelas de Cousineau y Putnam

A primera vista Cousineau parece tener más en común con Charles-Haden Savage (Steve Martin). Ambos son ante todo actores, tuvieron un momento álgido y terminaron en la ignominia. Son cascarrabias y tienen relaciones fracasadas a sus espaldas. Sin embargo, el rol de Gene coincide más con el de Oliver, director y productor de Broadway.

El rasgo que más les define es la ambición. Savage está más o menos rendido ante la vida, pero Gene y Oliver no. Sus fracasos solo les han hecho pasar a retaguardia, listos para asestar el golpe que les permita volver a primera plana. Su orgullo, su ego, ocupa edificios enteros y desprenden carisma.

Asimismo, tienen un elemento paterno que coincide plenamente en el planteamiento. Sus hijos son adultos y comienzan las ficciones alejados, mucho, de sus padres. El ansia de éxito y todo lo que conlleva llevó a Gene y Oliver a dejarles de lado. Las relaciones de las surgieron los chavales tampoco acabaron bien. Asimismo, cabe resaltar que tienen un estilo físico relativamente similar y hacen gala de una actitud excéntrica y absorbente.

Barry y Gene Cousineau
La definición de una relación tóxica. | Cortesía de Warner Media

Gene y Oliver, malos padres

Leo, el hijo de Gene, tiene ya un hijo propio. Como Will, el chico de Oliver, sabe qué es de su padre pero no demasiado. Ambos viven mejor sin tenerlos cerca y se limitan a ser correctos. Comparten una actitud de autodefensa fruto de la nula capacidad que mostraron sus progenitores paternos durante su infancia y adolescencia. Si hubiesen sido desconocidos, habrían cortado relación pero la familia es la familia.

Esta característica está muy asociada al tópico que representan Oliver y Gene. A lo largo de ambas series la relación entre ambos padres e hijos evoluciona. La interferencia en sus vidas del resto de personajes hace que se replanteen su actitud. Barry Berkman, que ve en Cousineau una figura paterna, hace que reflexione tras observar el bien que le ha hecho al exmilitar. Putnam comprueba que puede pensar en los demás y actuar acorde a ello según va forjando su amistad con Mabel (Selena Gomez) y Charles.

Llenarse el ego como motivación

Pero por mucho que se pueda apreciar una evolución inicial en ambos personajes, es el ego lo que hace girar la rueda. La ganancia personal pura y dura es lo que motiva a Oliver a proponer hacer un podcast. Será director, productor y todo cargo que le satisfaga. Aunque tenga que mendigar salsas, esas designaciones alimentan su desmedido amor propio.

Gene da clases no por ayudar a nadie, sino por sentirse líder. De hecho, su grupo de interpretación parece un culto a su personalidad. Sally (Sarah Goldberg) es un claro ejemplo de su víctima preferida: una joven insegura de sí misma que necesita la aprobación de alguien a quien admirar. Barry, asesino metido a aspirante a actor, cae en sus garras por el mismo motivo. Solo le echa una mano cuando le sorprende, cuando comprueba que puede tener alguien a quien agarrarse para salir del agujero en el que está.

Estos dos casi ancianos se ponen a la cabeza de grupos de inadaptados con tiempo libre. Sus planes son usar a estas pobres almas para volver a la fama. No caen en la cuenta de que ese éxito que persiguen, y no la ausencia del mismo, fue lo que les alejó de sus seres queridos. Tal es el ego de estos dos señores.

Barry en la segunda parte de'Barry' temporada 4
Nunca fue el bueno, pero Cousineau es peor. | Cortesía de Warner Media

La virtud de Oliver, directamente proporcional a la miseria de Cousineau

Con estas bases tan similares, ambas series no pueden dar un desarrollo profundo más distinto a sus personajes. Barry, que ya ha concluido (ojo a los spoilers) descarga contra Cousineau toda su artillería. Quienes pueblan esta sadcom son casi todos miserables, pero la actitud del mentor del protagonista es de una especial bajeza. Oliver, en cambio, va cejando en su pulsión egocentrista hasta encontrar el equilibrio, siguiendo el estilo cozy crime de Solo asesinatos en el edificio.

Un hijo que vuelve, otro que se va

Una trama esencial de la segunda temporada de la serie de Hulu que en España se ve en Disney+ va sobre la paternidad de Will. Un estudio casual desvela que posee ascendencia griega. Oliver por su lado tiene sus raíces en Irlanda. No le cuesta atar cabos ni un segundo para saber que su archienemigo, antes colega, Teddy (Nathan Lane) es el padre biológico.

En lugar de buscar venganza, decide acercarse a su antiguo amigo y mentir bienintencionadamente sobre el resultado del test que se ha realizado su hijo. La jugada se acaba cayendo, pero recibe el perdón de Will como la cristalización de esa redención que llevaba buscando toda la serie.

Gene también acude inicialmente a su hijo en busca de ayuda. Llega a vivir junto a él y su nieto, asustado siempre de que Barry vaya a su caza. Tiene muchas oportunidades para demostrar que su chaval está por delante de él y su ego pero falla miserablemente. Le convence para huir y escapar del antiguo pupilo de Cousineau solo para echarse atrás cuando este le da 250.000$.

Cuando colabora en la investigación de un crimen de Barry junto a varias personas, entre ellas su hijo, acaba poniendo todo en riesgo simplemente por la posibilidad de volver a una primera plana. Por ello deciden aislarle, lo que en su megalomanía acaba en un fatal error en el que dispara a Leo. Junto a su última traición, en la que se ahonda a continuación, esto lleva a que la relación se rompa definitivamente.

El trío protagonista de'Solo asesinatos en el edificio'
En esta serie todo es buen rollo. | Disney+ España

Una gran vuelta y una gran caída

El personaje de Barry tiene un papel estelarmente miserable en la temporada cuatro de la serie. En la primera parte de la misma echa a perder el vínculo con su hijo. Mientras tanto, en la segunda destruye su última oportunidad de ser respetado, de redimirse. Consciente de su toxicidad y debilidad huye a Israel donde pasa ocho años. Es la única manera que tiene de no pecar.

Sin embargo, regresa para casi salvarse. Lidera una campaña para evitar una película que ensalce a Barry y pervierta la memoria de un ser querido al que este asesinó a sangre fría. Incluso el público le perdona. Pero, como ya pasara en anteriores temporadas, donde también le absuelven, lo tira todo abajo en cuanto ve un camino corto al éxito. El hundimiento definitivo llega cuando sus aliados en la persecución de los crímenes de Berkman le tienden una trampa en la que entra de lleno.

No solo no retorna a las altas esferas, sino que pasa a ser el villano principal para el público. Su desgracia salva el honor de su pupilo. Al final de Barry, todo el mundo le considera el malo, un ser despreciable y fracasado que cambió a sus seres queridos por dinero, por fama, por éxito.

Oliver Putnam tiene tentativas de seguir el lado oscuro pero se resiste. Mabel y Charles son influencias mucho más positivas para él que Barry para Cousineau. Son la diferencia para que, en los momentos clave que comparte con Gene, decida hacer lo correcto. Como recompensa, la ficción le vuelve a situar dirigiendo en Broadway, de regreso a ese púlpito que tanto añoraba. Dos destinos diametralmente opuestos para personajes que partieron de líneas de salida muy similares.

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Rosa Suria Sánchez
13/04/2023
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