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‘Heredera de fuego’, de Sarah J. Maas (Trono de cristal 3): Celaena Sardothien no quiere serlo más

Análisis del tercer libro de la saga ‘Trono de cristal’.
Heredera de fuego, de Sarah J. Maas

Seguimos acercándonos a Reino de cenizas. Apenas queda un mes para el lanzamiento en nuestro país, el 27 de noviembre de la mano de Editorial Hidra, del libro que cerrará la saga Trono de cristal, de Sarah J. Maas. Estas líneas analizan el tercero de los seis libros que hasta ahora tenemos con nosotros. Heredera de fuego es un salto adelante en la trama, especialmente porque Celaena Sardothien ya no quiere ser más tiempo Celaena Sardothien. Vamos a analizarlo a fondo.

Heredera de fuego: el libro de las revelaciones

Heredera de fuego, de Sarah J. Maas

Heredera de fuego empieza por solucionar uno de los problemas de Corona de medianoche: el asunto de los puntos de vista. Comentaba entonces que, más que aligerar la lectura, resultaba en ocasiones un impedimento a la hora de profundizar en los personajes, pues sus hilos de pensamientos o su mirada se cortaban antes de que el lector pudiera sentir que estaba acercándose de verdad a ellos. La decisión de Sarah J. Maas de abordar la acción desde diferentes puntos de vista puede entenderse, porque todos los personajes son importantes y además son diferentes, por lo que observan la acción desde diferentes lugares, pero, especialmente hacia el final, era una dinámica fallida. Heredera de fuego ofrece lo contrario: puntos de vista largos, reflexiones que comienzan y concluyen, una mayor continuidad.

Hay que reconocerle a Sarah J. Maas su capacidad para sorprender. Cada uno de los libros ha concluido, hasta el momento, de tal modo que el lector tenía una imagen clara de lo que podía pasar en el siguiente. Pero el siguiente siempre ha resultado ser algo diferente a lo que se pensaba. Que las expectativas no se cumplan no es un defecto, al contrario: la escritora mantiene la esencia de lo que ya hemos leído hasta ahora (que es la verdadera y única expectativa que hay que cumplir) y toma caminos inesperados pero siempre bien formados. Quizá sea la principal virtud de Heredera de fuego, que también se caracteriza por ser el libro en el que ampliamos por completo el universo de Trono de cristal.

Conocemos el mundo de las hadas, que se descubren como seres cercanos también al mundo animal, con instintos y comportamientos semejantes, pero dotados evidentemente de capacidad de razonamiento y de muchas, muchas, muchas emociones. También conocemos mejor a las brujas, de las que ya tuvimos una presentación en Corona de medianoche. Lamentablemente, este sí es uno de los defectos de Heredera de fuego: el asunto con las brujas. Más bien, el hecho de que sus capítulos resultan redundantes y repetitivos, pues giran constantemente en torno a los mismos conceptos, hechos e ideas. Se entiende que Sarah J. Maas quería presentarlas sin darles un verdadero protagonismo, que se reserva para más adelante, pero hacia el final habían perdido el interés.

Por lo demás, Heredera de fuego es un libro entretenido, narrativamente mejor que los anteriores, que se sirve de tres pilares para funcionar: la incapacidad de un ser mágico de acceder a su poder natural, y la decisión de intentarlo o no; otra decisión, la que tiene que tomar la protagonista en torno a huir o aceptar su destino; y las múltiples revelaciones que encierran sus páginas.

El libro de las revelaciones

spoilers de literatura

Porque Heredera de fuego está lleno no solo de preguntas sino también de respuestas. Quizá la principal sea la que se ha hecho Celaena desde el principio: qué hizo el rey de Adarlan para borrar la magia del mundo. Los rebeldes descubren, y así se revela en este libro, que el rey llevó a cabo un hechizo que se materializó gracias a un triángulo formado por diferentes torres a lo largo del reino, torres entre las que se incluye la famosa torre del reloj del Palacio de Cristal. También sabemos que los rebeldes tienen una ligera idea de cómo puede desvanecerse ese hechizo y que Dorian lleva a cabo sus primeros intentos de romperlo.

Por otro lado, Manon, la bruja protagonista de ese lado de la historia, menciona a las brujas Crochan, sus grandes enemigas, como las responsables de llevar a cabo ese hechizo y también quienes pueden deshacerlo. En cualquier caso, sabemos también que las brujas lideradas por la abuela de Manon están, de momento, al servicio del rey. Van a conformar su ejército, se están entrenando para ello.

A otra parte del ejército del rey se enfrenta Celaena, y solo así llegamos a entender un poco más qué son esos monstruos que desde el principio han aterrado a los personajes, causando muertes en todos los escenarios: son los príncipes Valg, una especie de oscuridad que se adueña de cuerpos físicos para subsistir en un mundo que en realidad no es suyo. El rey trata de probar este ejército en Wendlyn, pero solo sirve como excusa para que Celaena, por fin, abrace su poder y su identidad. Luego vamos con esto.

Más cosas. Celaena también descubre, a partir de acceder a sus recuerdos y de permitirse reflexionar en torno a ellos, que la tercera llave del Wyrd llegó a estar en su poder: se encuentra en el Amuleto de Orynth que pertenece a su familia. En principio cree que lo perdió la noche que tuvo que huir de su reino, pero tampoco tarda en entender que seguramente se lo quitara Arobynn Hamel cuando la retuvo con él. También descubrimos que la reina Maeva, de quien Celaena nunca se había fiado realmente, persiguió durante mucho tiempo hacerse con las llaves del Wyrd y emplearlas de forma equivocada. El rey Brannon la enfrentó y solo entonces las escondió, de ella y de todo el mundo. Lo dicho: una revelación tras otra.

Los personajes laten y evolucionan en Heredera de fuego

Del mismo modo que los personajes tenían muchísimo más peso en Corona de medianoche que en Heredera de fuego, al mismo tiempo evolucionan en este tercer libro mucho más de lo que hacen en el segundo. Si la segunda entrega sirvió para conocerles un poco más desde, sobre todo, la pausa (el tipo de pausa que puede haber en libros de este estilo), en Heredera de fuego les hemos conocido en la acción. Han hablado de quiénes son a través de sus acciones. Empezamos con la más importante de todas ellas.

Celaena Sardothien no quiere serlo más: ella es Aelin Galathynius

Es evidentemente lo más importante que sucede con respecto a Celaena, que comienza este libro sintiéndose absolutamente desgraciada. Por momentos el lector interpreta de sus actos que está viviendo casi por obligación, como por una responsabilidad con la vida y no tanto porque desee hacerlo. Pero Celaena, poco a poco, despierta. Si en un principio siente que no forma parte de nada, de ningún sitio (por eso su final debe ser un hogar, no solo una corona), termina por escuchar historias junto al fuego al lado de seres que se parecen mucho a ella. A lo largo del libro, vemos a la protagonista abrazando ciertas cosas fundamentales para su desarrollo. Por ejemplo, tomar la decisión de, algún día, liberar a todos los esclavos de Endovier, algo que además dice mucho de quién es.

Poco a poco, además, se va acercando a Rowan, con quien se siente comprendida de formas que nunca podría haber sentido ni con Chaol ni con Dorian. Y aunque sigue pensando en Chaol y aunque no sucede nada entre ellos, la complicidad, la conexión y la lealtad que se va formando es más que evidente, y anuncia un futuro también evidente. Al fin y al cabo, Rowan no es un enemigo de Celaena. Nunca tendrá nada que reprocharle, o nada que sufrir, en este sentido, y Celaena busca ante todo estar con los suyos, incluso cuando no sabía que estaba buscándolo.

Y si en un principio Celaena asegura que prefiere ser Celaena, porque ser Aelin significa enfrentar a aspectos de su pasado y de su presente a los que no puede enfrentarse, porque, además, siente que esa corona de Terrasen solo sería un grillete diferente, hacia el final del libro por fin abraza quién es. Y cuando llega el momento de enfrentarse a ese ejército del rey, Celaena se marcha porque Aelin toma la decisión consciente de pelear como Aelin Galathynius, de mostrarse al mundo como tal. Ahí deja de ser Celaena, así que a partir de este mismo punto será Aelin hasta el final.

Chaol, Dorian y los amigos de Celaena

De hecho, hacia el final del libro también Chaol se refiere a ella como Aelin, un detalle muy significativo. A lo largo de las páginas se reflexiona y se reprocha a Chaol que no sea capaz de tomar una decisión, de elegir un bando. Lo cierto es que Chaol ya eligió al final de Corona de medianoche cuando, como termina por reflexionar Dorian, se vende a sí mismo para poner a salvo a la persona que ama. Porque la ama, sin importar que haya magia en su interior. Chaol puede tener miedo, porque lo desconocido a veces asusta, porque ha tenido la educación que ha tenido y ha hecho el juramento que ha hecho, pero tomó la decisión tiempo atrás. Solo faltaba el paso adelante que da cuando se enfrenta abiertamente al rey para después, sin dudar, unirse al grupo de los rebeldes que buscan el renacer de Terrasen con Aelin al frente. Chaol es un buen hombre -solo que no es el hombre de Celaena.

También Dorian está asustado de la magia, de la suya propia. Su máximo temor es ser un peligro para la gente que le importa, y no estar a la altura no solo de lo que esperan de él sino de lo que él mismo espera de sí mismo. Como dice Chaol, es un auténtico rey. En Heredera de fuego, Dorian también se abraza a sí mismo y termina por aceptar la persona que es, aunque esa decisión le lleve a revelar ante su padre su condición. A los lectores nos deja uno de los momentos más significativos de todo el libro: su intención de luchar hasta el final, mientras Aelin lucha al otro lado del charco, solo para que ella sepa que sus amigos la recuerdan y están peleando con ella. Bien bonito este instante.

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El regreso de Celaena

Celeane debe regresar, pero solo es un disfraz de Aelin. La heredera decide, en las últimas páginas, volver al Palacio para tratar de arrebatarle las llaves del Wyrd que ya posee el rey, y debe hacerlo todavía como su Campeona. Surgen a partir de aquí varias preguntas, especialmente en lo que respecta a su identidad. Es más que probable que el rey de Adarlan una los diferentes acontecimientos que han sucedido y comprenda que Celaena y Aelin son la misma persona. Ya está a la caza de la segunda, y sin querer se lo va a servir en bandeja. Allí se encontrará con Aedion, uno de los personajes más chulos introducidos en Heredera de fuego, y también con Dorian, cuyo futuro está en el aire. Para cuando vuelva Celaena, Chaol ya se habrá marchado, así que el encuentro tendrá que esperar.

Por otro lado, este regreso tal vez ofrezca el enfrentamiento esperado desde el primer libro entre Celaena y Arobynn Hamel. Era un asunto que ella tenía que solucionar: no podía haberla sometido durante tanto tiempo y después irse de rositas. Pero es que ahora, además, la heredera tiene la sospecha de que Arobynn tiene el Amuleto de Orynth, y por tanto la tercera llave del Wryd, y va a ir a por ella.

Los sentimientos de las brujas

Aunque, como decíamos al principio, los capítulos dedicados a las brujas terminan por resultar repetitivos, sí hay un par de detalles interesantes que rescatar de cara a los siguientes libros. En Heredera de fuego hay un gran esfuerzo por demostrar que las brujas son malas, malísimas, que no tienen sentimientos y que solo buscan hacer el mal. Pero hacia la segunda mitad, en un efímero instante, entendemos que Manon sí tiene sentimientos. Y no es que los tenga reprimidos: es que los ignora como ignoramos las cosas que no conocemos, porque ha aprendido a vivir sin ellos. Así lo confirma la bruja Cochran a la que atrapan al final: las convierten en seres despreciables desde su nacimiento, pero su naturaleza no es intrínsecamente mala. Esto y el paralelismo que equipara el desagrado de Manon por las criaturas de otro mundo con el mismo que siente Aelin hace pensar que tal vez su destino no sea estar enfrentadas. Veremos.

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