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Truncando la imaginería cristiana con ‘Blasphemous’ y ’30 monedas’

Ambas ficciones usan el mismo atractivo basado en retorcer lo católico.
Imagen de 'Blasphemous'

Más allá de la cercanía que se muestre a través de parroquias y congregaciones, la iglesia católica está rodeada de una gravedad total. No en vano, es una fe extensa y que promete vida eterna, un sentido a la existencia desde lo místico. A lo largo de milenios se ha ido gestando una imaginería cristiana que ha calado en todos los ámbitos de la cultura española. También, cómo no, en la ficción. Dos producciones nacionales, Blasphemous y 30 monedas, son precisamente herederas de esa tendencia.

Parte de una cultura general

El jefe creativo de Blasphemous, Enrique Cabeza, apuntó lo siguiente de cara al estreno de la segunda entrega del videojuego: «La cultura cristiana es la que hemos tenido aquí, la que tenemos y seguiremos teniendo. Es con la que hemos crecido y es muy amplia, muy extensa y rica». No importa ser creyentes o no. Lo mismo le ocurre a Álex de la Iglesia, que en Deusto pudo ahondar en literatura relacionada con demonología.

Esa parte tremebunda del cristianismo tiene un atractivo implícito que se ha explotado sobradamente. Véase El exorcista, por ejemplo. Hellraiser es otra muestra de ello. Por estos últimos tiros es por los que van 30 monedas y Blasphemous. El guionista y director vasco ya abordó lo demoniaco al poco de empezar su carrera, con El día de la bestia.

Sin embargo, en la serie de HBO Max se asalta el género fantástico de forma directa. La primera temporada juega con símbolos más clásicos, más mundanos. Por su parte, la segunda presenta el infierno y se mete de lleno en ese terror del averno. Cvstodia, el mundo del videojuego, es una tierra de pesadilla derivada de la concepción más macabra posible de la fe cristiana.

Pervirtiendo algo ya pervertido

Desde su inicio en época romana, el cristianismo ha seguido una senda de continua corrupción. El infierno, como constructo en buena medida medieval, mete miedo a cualquiera. Los demonios no dejaban lugar a dudas, reflejando creencias alternativas. Roma y las sedes episcopales se fueron nutriendo de personas con más ansias de poder que visión apostólica. Desde luego no es algo propio solo de esta religión, se extiende al casi total del resto, a cualquier agrupación basada en la creencia de hecho.

Sin embargo, lo que toca en este caso son dos ficciones basadas en lo católico. El concepto de perversión es un elemento más en lo cristiano, sea interna o sea desde su propio concepto místico. Santoro, el cardenal que lidera a los cainitas, representa una facción alternativa de una misma fe. Con toda su aura faustiana, es la encarnación de ese secretismo del que se ha rodeado el vaticano toda su vida.

Por otro lado, al utilización que ha realizado la iglesia de sus creyentes es en buena medida lo que supone el Milagro y Cvstodia. En el mundo del videojuego, el dolor y la pasión acaban teniendo efectos reales. Esa penitencia que se ve en algunas pinturas negras de Goya, en la tradición andaluza en particular y en la Semana Santa en general cobra vida en la macabra existencia de Blasphemous.

Una mística paralela

Bien es cierto que mientras que el videojuego se ubica en un universo inventado y la serie usa un contexto basado en la realidad actual, la mística que aportan ambos es la misma. El morbo de ver una institución que tanto proclama la pureza corrompida es un gran acicate. En las dos ficciones es el punto diferencial, tanto narrativo como visual.

Goya, Velázquez, Murillo o Zurbarán, Lorca o el folclore flamenco, las referencias retorcidas por Blasphemous y 30 monedas son amplias. Es el marco donde se engarzan las posteriores, como los cenobitas o el cine de Carpenter. El batiburrillo en el juego también incluye a Castlevania, que no duda en tirar de lo católico.

Normalmente lo español se representa con tópicos costumbristas que pueden llegar al tremendismo. Tanto la serie de HBO como el videojuego tienden a esto último. La primera lo hace con no poca sorna. Por su parte, el segundo usa una gravedad extrema, caricaturesca. Ambas logran crear cercanía en base a ese factor común que es lo cristiano y su imaginería.

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