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El inquietante trasfondo de las infancias y los niños vampiro, de ‘Crepúsculo’ a Anne Rice

¿Por qué es la inocencia eterna el peor de los castigos?
Niños vampiro

Es usual que en las ficciones de vampiros se tanteen los límites morales de la edad. Los romances suelen estar acompañados de diferencias de edad considerables, lo cual se llega a normalizar porque, al fin y al cabo, esos seres inmortales tienden a preservar aspectos y personalidades jóvenes. No obstante, siempre queda la duda de si el elemento clave en esta cuestión es la apariencia, la madurez mental o la experiencia que aportan los años vividos. En el caso de los niños vampiro, el dilema se acentúa, ya que entran en juego piezas como la interrupción del desarrollo humano. 

El experimento prohibido de los niños vampiro

Claudia en la última adaptación de 'Entrevista con el vampiro'
Claudia en la última adaptación de ‘Entrevista con el vampiro’

Diferentes universos vampíricos coinciden en retratar a esos niños vampiro como ejemplares defectuosos o pruebas fallidas. Son tildados de monstruos, aberraciones, bromas crueles del destino que nunca debieron haber existido. En la saga Crepúsculo, por ejemplo, son ejecutados por los Vulturi porque son demasiado inestables y poderosos. Están a una rabieta de distancia de destruir ciudades enteras, por lo que no merece la pena mantenerlos con vida.

Generalmente, las historias de origen de estas criaturas tienen un cariz retorcido. En el universo de Anne Rice, Lestat convierte a la joven Claudia como una sarcástica provocación a Louis, una forma de atraparlo en una dinámica familiar forzada. Así, Claudia ve a su madre morir y es adoptada por el hombre que estuvo a punto de matarla. En el anime Owari no seraph, el pequeño Mikaela recibe el don de la inmortalidad en contra de su voluntad tras haber presenciado el asesinato de todas las personas que le importaban. En ambos casos, el tránsito de la vida humana al vampirismo es una experiencia traumática, atroz e indeseada

Si bien es cierto que Claudia aprende a vivir por su cuenta, su historia es extremadamente trágica. Su existencia se ve marcada por la sensación de percibirse a sí misma como un juguete roto. Como otros en su misma situación, es concebida como un ensayo de vampiros adultos que juegan a ser dioses. Los motivos pueden variar entre las carencias emocionales, la curiosidad o la diversión, pero lo cierto es que, una vez consumida la novedad, estos vampiros infantiles se encuentran perdidos en un mundo de incomprensión y medidas inalcanzables.

El poder de decisión, un derecho arrebatado

Renesmee en Crepúsculo
Bella y Edward Cullen con su hija, Renesmee

Uno de los aspectos más estremecedores de los niños vampiro es el hecho de que nunca han podido dar su consentimiento. Si no son lo suficientemente maduros como para conducir o beber alcohol, ¿cómo podrían comprometerse a una vida de violencia infinita? Incluso en el hipotético caso de que no se opusieran al vampirismo, es dudoso que en la infancia se pudiera dar un consentimiento válido para deshacerse de algo tan importante como la humanidad de una persona.

Por si fuera poco, la historia del vampirismo en la ficción siempre ha tenido ciertas connotaciones sexuales, más o menos explícitas, que incrementan aún más el lado perturbador de introducir personajes infantiles en esa realidad. En el mismo universo de Anne Rice, beber la sangre de alguien provoca una suerte de catarsis que supera los placeres de la carne. Es natural que, si incluimos menores en esa ecuación, el resultado tenga un subtexto incómodo e incluso inmoral.

La disonancia entre el cuerpo y la mente

El mayor conflicto al que se enfrentan los niños vampiro probablemente sea el de la ruptura entre la edad física y la mental. Aunque sea un rasgo inherente a estas criaturas inmortales, hay una diferencia considerable entre pasar la eternidad en un cuerpo maduro o en el de alguien que ha perdido la oportunidad de crecer. Lo sexual se vuelve grotesco; lo sangriento, profundamente macabro. Amen a quien amen, derramen la sangre que derramen, sus actos y su existencia siempre se leerán como algo contra natura. 

Y lo mismo sucede con las personas a su alrededor, sean o no sus creadores. Incluso en casos como el de Renesmee, donde hay una parte humana que la salva de confrontar un destino dramático, su crecimiento anormalmente rápido genera una sensación cercana al valle inquietante. Los extraños efectos que utilizaron en las películas de Crepúsculo para retratarla tampoco ayudan en ese aspecto. En cualquier caso, el hecho de que Jacob Black se imprima de ella cuando aún es un bebé perpetúa la noción de que una niña vampiro no puede relacionarse con el mundo de forma normal. 

En el fondo, los aspectos que más rechazo generan en lo que respecta a las infancias vampíricas no radican tanto en su existencia o características propias, sino más bien en su asociación con el mundo que les rodea. Las expectativas sociales, los motivos y causantes de su transformación, las relaciones sexoafectivas… Cómo son percibidos y cómo se sienten en relación con su entorno. Más que la inmortalidad en sí misma, el castigo de estos vampiros que han perdido su humanidad a una edad demasiado temprana es el de quedar encerrados en los mecanismos de un reloj que siempre irá a destiempo.

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Nahia Pérez de San Román
27/02/2024
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