Revista referencia en fenómeno fan

Un episodio y una canción para resumir al perdedor que al fin gana

Los fracasados sabemos vivir las victorias como nadie.
The gang wins the big game un capítulo de Its always sunny sobre perdedores que ganan

Ser fan no siempre es fácil, da igual de qué se trate. Ese director que nunca fallaba la pifia, el grupo de tu vida se separa, la serie que adoras se cancela antes de tener un final. Situaciones chungas, más proclives a ocurrir cuanto menor es lo que gusta. Seguir a Taylor Swift o Raimi es menos arriesgado que hacer lo propio con ese grupito desconocido o la serie que ves tú y otro par de frikis. En lo deportivo no es distinto, por mucho que lloren quienes adoran a equipos top mundial. Rob McElhenney conjunta ambos mundos. Creador de It’s always sunny y acérrimo de los Eagles, su serie combinó las facetas para crear el capítulo que mejor condensa esa sensación de ganar tras ser un perdedor toda la vida. Un episodio que culmina con la mejor canción posible.

Cuando The gang ganó la Super Bowl LII

En 2018 los Philadelphia Eagles ganaron su primera Super Bowl. Llevaban en blanco desde que ganaran la NFL en 1960. Una situación que es muy parecida a lo que hemos sufrido los seguidores del Athletic Club de Bilbao en España. 40 años de sequía se rompieron el 6 de abril de 2024 con la 25ª Copa del rey. No debe ser muy distinto a cuando Cillian Murphy, por fin, se llevó el Oscar. Momentos de catarsis que cualquier fan de equipo perdedor conoce o espera conocer. Un no parar de fracasos que forja una lealtad tan grande como, por qué negarlo, estúpida. La pertenencia deportiva o cultural siempre es absurda para quien pasa de ella, pero suele ser más sano que meterse en una secta, un nacionalismo o un partido político.

The gang wins the big game es por su parte el noveno episodio de la decimotercera temporada de It’s always sunny. Se ambienta, precisamente, en la Super Bowl LII. Rob es fan total de sus Eagles y el deporte, ahí está Bienvenidos al Wrexham. También es más de Phily que nadie. Por eso era casi imposible que no hubiera un capítulo del evento. No es el mejor en cuanto a humor, falta Dennis, Charlie está fuera porque le abandonan en el capítulo anterior, que ocurre en paralelo… Sin embargo, tiene alma. Al menos, para los pobres diablos que tienen la desgracia de amar a perdedores que luchan por hacer cosas con pelotas.

La superstición absurda

Cuando juega tu equipo, cuando canta tu cantante, tú no haces nada. Disfrutas, criticas o sufres, pero siempre por pasiva. Que sí, que animar les ayuda a todos ellos, pero el fan se limita a ver. Un papel lamentable que no está dispuesto a aceptar. Para ello nacieron los rituales.

Charlie se tira todo el capítulo anterior cumpliendo una serie de supersticiones más peligrosas que estúpidas. Le ayudan alucinaciones de sus ídolos Beau Allen y Jason Kelce. Sí, el descamisado hermano de la actual pareja (abril de 2024) de Taylor Swift. Se mete en todos los saraos similares, porque apareció en Abbott Elementary.

En The gang wins the big game se ven situaciones similares. Quien no se haya ido al baño esperando que marque su equipo o chorradas similares que tire la primera piedra. El caso es que It’s always sunny lleva todo esto al extremo, es su rollo, pero lo hace no dejando atrás una verdad que comparte con la audiencia. Por eso es un capítulo con alma. Cualquier perdedor en los límites de la victoria lo reconoce.

La catarsis Rocky con Going the distance

Cuando Berenguer (lo siento bermellones, ojalá os la llevéis la próxima) ajustó su disparo a la base del poste derecho, hubo un estallido igual que cuando la defensa de los Eagles evitó la recepción de los Patriots. Mac, Frank, Charlie, Dee y todos sus inadaptados pseudoamigos explotaron. Tiempo antes, lo hicieron Rob y Kaitlin Olson en directo. La emoción real, la verdadera, dura muy poquito. Luego quedan días postorgásmicos, de idiota contemplación satisfecha. Mas el quid de la cuestión es ese instante efímero que eriza la piel. Una supernova de tribalidad, de colectividad imaginada. Porque se vive en primera persona, como todo, pero se siente con todo el fandom.

Ahí es donde It’s always sunny vuelve a clavarla con una referencia a su Phily. Bill Conti se marcó una banda sonora que es historia del cine deportivo en Rocky. No es su single principal el usado, sino Going the distance, cuya variación The final bell cierra el film. Si Gonna fly now lidera la parte motivacional, es su compañera la que genera el clímax. La catarsis.

Es una composición que recoge no la gloria del ganador, sino del perdedor. Un perdedor victorioso. En el caso del personaje de Stallone, literalmente. En el de Colgados en Filadelfia y sus Eagles o el del Athletic, más figuradamente. Porque han vencido, pero como excepción. Como culmen. Es lo que sentimos los athleticzales. Lo que viven los fans de cualquier equipo que no sea el Madrid, el Barça, el Bayern, los Patriots… Eso de que lo poco agrada y lo mucho cansa no es cierto, pero se aplica una versión relativa. Una vez cada 40 años hace que sea especial. Capis como este de It’s always sunny ayudan, efímeramente, a recordarlo.

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Nahia Pérez de San Román
10/09/2023
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