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‘La casa de papel: Berlín’: primeras impresiones de la serie relevo de Netflix

Ahora es Berlín quien tiene una banda.
Primeras impresiones de Berlín el spin off de La casa de papel

La casa de papel: Berlín está disponible en Netflix desde este viernes 29 de diciembre. Llega casi en los cuartos, pero es sin duda uno de los estrenos del año. Uno de los más promocionados (ya estábamos hablando de ello hace año y medio, pidiendo cosas, además) por una plataforma que suele mantener una política diferente en cuanto a estrenos: no habla de estos con meses de antelación. Pero Netflix sabía, lo sabemos todos, lo que es el fenómeno de La casa de papel, así que ha sacado pecho desde el principio. La plataforma tiene a Berlín que, interpretado por Pedro Alonso, ha sido siempre uno de los personajes estrella de la banda. Ahora la banda es suya, y esto es lo que hemos visto de esa banda en los primeros capítulos de Berlín.

Un acercamiento a los primeros capítulos de Berlín

Sinopsis de Berlín, el esperado spin-off de La casa de papel

Este spin-off de La casa de papel está centrado en el personaje de Berlín, en un momento brillante de su vida, tal como cuenta él mismo en voz en off, desde algún punto del futuro. Berlín tiene su propia banda, de su hermano no hay ni rastro y, de hecho, ni siquiera está en territorio nacional. Berlín está en París, planeando robar una colección de joyas que tiene un valor de 44 millones de euros.

Su banda está integrada por Keila (Michelle Jenner), una inteligente y tímida ingeniería electrónica, Cameron (Begoña Vargas), una joven de pasado misterioso y fuerza arrolladora, Roi (Julio Peña Fernández), un joven responsable experto en abrirse paso en todo tipo de escenarios, Bruce (Joel Sánchez), un joven gamberro experto en manejar cualquier tipo de artilugios, y Damián (Tristán Ulloa), la mano derecha de Berlín, su amigo ingeniero, físico y químico. Esta es la banda de Berlín.

Algunas consideraciones generales

Hay que tener claro desde el principio que Berlín es la serie relevo de La casa de papel. Claro que imita fórmulas, pero es que no pretende inventar nada nuevo: quiere replicar lo que ya funciona. Tiene sus propios códigos, su propio lenguaje, y lo traslada de una serie a otra. No es que lo haga de forma descarada, es que no tendría por qué ser de otra manera: quiere contar una nueva historia ambientada en ese universo de los atracos que nos regaló Atresmedia en su día así que eso es lo que hace. Berlín es La casa de papel, pero con otro líder, con otra banda, en otro escenario y con otro atraco que llevar a cabo.

Así las cosas, lo esperado. Berlín tiene un tono desenfadado en el que hay cabida para el drama, porque, de hecho, una de las piedras angulares de esta serie es el drama romántico. Berlín siempre se ha caracterizado por ser un personaje que, al contrario de lo que sucedía con el Profesor en un principio, daba una gran importancia a las historias de amor. Siempre en busca de una nueva, una grande, este deseo encuentra su camino en la nueva apuesta de Netflix. Otro tanto sucede con los jóvenes, que, actores y personajes, no han sido elegidos al azar. Sobre Berlín planea la misma tensión sexual entre personajes, en gestos, conversaciones e intenciones, que suele planear sobre las creaciones de Álex Pina y Esther Martínez Lobato. Tampoco hay sorpresas por este lado.

Los primeros capítulos de Berlín son entretenidos y en general tienen buen ritmo, aunque teniendo en cuenta su duración (una hora) claro que hay instantes en que pierde fuelle. En general, en cualquier caso, bien también por este lado. Berlín, como sucedía con La casa de papel, no busca otra cosa que entretener y lo consigue, elevándose cuando Pedro Alonso está en pantalla porque, ya lo sabíamos, el carisma de este intérprete es descomunal, hipnótico. El resto del reparto también cumple, cada uno como debe cumplir. Las imágenes tienen colores vivaces (se agradece) y la tajante estética de cada detalle es importantísima para hacer funcionar la trama: el vestuario, los silencios, los gestos, hasta el caminar, todo tiene que vibrar alto.

Esta es también una de las claves de Berlín, como lo fue de las últimas temporadas de La casa de papel, cuando ya estaba en Netflix. Nunca se quita uno de encima la sensación de que todo es de mentira, a veces como si estuviéramos viviendo un sueño y otras veces tan impostado que puede chirriar. Pero, lo dicho, ya sucedía en La casa de papel y no importaba. O sí importaba, pero seguíamos viendo, porque al final lo que hizo La casa de papel, y lo que también parece que también puede conseguir Berlín, es invitarnos a un espectáculo de golpes maestros, ilusionismo, zascas y acción, en todos los sentidos, llevada a cabo por personas guapas y la mar de estéticas. Es la fórmula de este universo y es agradable de ver, incluso aunque ya sepamos cuáles son sus trucos.

Para quién es esta nueva apuesta de Netflix por La casa de papel

Primeras impresiones de Berlín el spin off de La casa de papel

Pues, sí, en efecto: Berlín está destinada a gustar a los seguidores de La casa de papel. Por lo dicho anteriormente, no puede ser una sorpresa para nadie. Al reproducir fórmulas que, ya se ha demostrado, funcionan, gustará como gustó en su día esa otra banda que hizo historia. Seguramente no tenga el mismo impacto cultural, porque este vino sobre todo de la novedad, de ese primer flechazo con este universo, pero quienes disfrutaron de la primera aventura disfrutarán de esta segunda. Da la sensación, tal como hemos asistido a estos primeros capítulos de Berlín, de que disfrutaríamos también de una tercera. Este universo tiene sus propios códigos y estos códigos siguen funcionando. Qué podemos decir: larga vida a La casa de papel.

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