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Las almenaras arden, la gran escena del pueblo de los hombres en ‘El retorno del rey’

Piel de galleta siempre con esta escena.
Las almenaras arden la gran escena de comunidad de El retorno del rey

Hay un punto de no retorno en, valga la redundancia, El retorno del rey en el que te emocionas, a veces hasta las lágrimas, y ya la emoción te dura hasta el final. Al menos es lo que sucede si estás muy involucrado con esta historia de J.R.R. Tolkien que tan bien supo adaptar Peter Jackson y todo el equipo. La escena que protagoniza estas líneas sucede un poco antes de ese punto de no retorno, que solemos encontrarlo ya en los Campos de Pelennor, pero es una especie de aviso para el espectador. Hay pocas escenas más emotivas en la trilogía. En este especial celebrado por el 20 aniversario del estreno en cines de El retorno del rey, no podríamos dejar de rescatar este momento, que no solo es emotivo, también es tremendamente importante. Las almenaras arden.

Una esperanza en Gondor pide auxilio

Gandalf Pippin y Denethor
La esperanza frente a la desesperanza

Gondor es un reino que ha perdido la esperanza. Boromir lo adelanta en La comunidad del anillo: teme que su pueblo se haya perdido para siempre, teme que no haya esperanza para ellos. Aragorn lo escucha todavía sin abrazar el destino que finalmente lo alcanzará. El mensaje para el espectador es claro: Gondor, antaño el reino más grande de los hombres en la Tierra Media, se encuentra a la deriva, indefenso, vulnerable, amenazado por la cercanía de un enemigo que le supera en todos los aspectos y con su rey todavía lejos, en todos los sentidos.

Comandados por el senescal Denethor, esta figura es la viva imagen de esa desesperanza y de la resignación, hasta el punto de que cuando Boromir muere, cuando cree que también Faramir ha muerto defendiendo esa causa perdida, decide quitarse su propia vida. No hay esperanza en Denethor, cada vez más encerrado en sí mismo, cada vez sucumbiendo más a la oscuridad que acompaña al poder de Sauron. La voluntad del senescal termina por ser la voluntad de Gondor, también cada vez más un reino encerrado en sí mismo. Es una tierra que se siente abandonada y a merced del mal, que ni siquiera se atreve ya a soñar con días en los que era lo mencionado: el reino más grande de los hombres en la Tierra Media. Este es el discurso construido hasta que las almenaras empiezan a arder.

Gondor no pide auxilio porque despierte: Gondor pide auxilio porque hay alguien ahí fuera que decide no abandonar ese reino. Gandalf y Pippin encienden la llama de la esperanza de Gondor. Y, a pesar de haber conocido la oscuridad de Denethor, a pesar de haber comprendido esa resignación desesperante de quien decide entregarse a la desesperanza, el espectador se emociona porque también comprende que El señor de los anillos es esto: no hay un rincón de la Tierra Media que vaya a ser abandonado. Ese reino del que tanto hemos escuchado hablar a lo largo de las tres películas puede tener una oportunidad y, además, al otro lado de esa cadena de esperanza espera, nervioso, Aragorn, su legítimo rey, cada vez más cerca de serlo.

Rohan responde y el pueblo de los hombres se une

Claro que el momento verdaderamente emocionante lo vivimos en Rohan. En primer lugar, porque hasta llegar a este reino hemos pasado por escenas bellísimas visualmente hablando, acompañadas de una banda sonora que, en realidad, hace algo más que acompañar. Incrementa la emoción, la construye, incluso. Es una de las mejores escenas de El retorno del rey porque todo acompaña: el significado, las imágenes, la épica en la música, la respuesta que se va sucediendo, porque todos los hombres van respondiendo cuando les toca, y la incertidumbre que inevitablemente acompaña a la respuesta final. ¿Rohan responderá?

El rey de Rohan, Theoden, es uno de los personajes más queridos de El señor de los anillos. Esta figura ha estado sumida en la oscuridad total pero, al contrario de lo que sucede con Denethor, lo ha estado en contra de su propia voluntad. Theoden es un guerrero, claro que también es el legítimo rey, un título que de alguna manera debe impulsarte a que, incluso en los momentos de duda, cabalgues y luches. Ese momento de duda también llega en esta escena de las almenaras.

Rohan ha combatido solo, el espectador lo ha visto. Desde Las dos torres, Rohan se ha enfrentado al enemigo teniendo muy poco de su lado. Con un ejército más bien mediocre, que hace dudar incluso a Legolas, con apoyo de los elfos, y con la esperanza por bandera porque era lo único a lo que podían aferrarse. Mientras tanto, Gondor encerrado en sí mismo. Pero ahora Gondor llama, Gondor pide auxilio. Theoden, lo vemos en sus ojos, duda. ¿Debe responder Rohan ante un reino que, siente, le ha dado la espalda? ¿Dónde estaba Gondor cuando…?, recita con anterioridad. Gondor y Rohan fueron una vez dos reinos unidos, pero hace tiempo que esa alianza ha quedado en el olvido.

Ante Theoden, Aragorn. “Las almenaras arden”, ha gritado entrando al salón del trono, y el espectador, todavía emocionado por ese impacto visual, musical y de significado que ha supuesto verlas arder, casi grita con él. “Gondor pide auxilio”, y también Aragorn lo está pidiendo. La música se detiene, poco a poco, y todos las miradas se posan en Theoden, porque suya es la decisión. “Y Rohán responderá”, y entonces la música vuelve a tronar. El escalofrío es inmediato cuando añade: “convoca a los Rohirrim”. Con la respuesta de Rohan, Theoden acepta dos cosas: que la unión histórica sigue vigente, a pesar de haberse dado la espalda tiempo atrás, y que, con esperanza o sin ella, en la Tierra Media se pelea por el reino propio y por el reino ajeno, pero hermano.

Las almenaras arden, la unidad se mantiene

Las almenaras arden

Desde un punto de vista narrativo, esta decisión de Theoden es fundamental para que Frodo y Sam puedan alcanzar su objetivo en el Monte del Destino. Sin Rohan uniéndose a Gondor, esa batalla en los Campos de Pelennor jamás habría sucedido como sucede, jamás le habrían dado la oportunidad que le dan a Frodo de cumplir con su misión. Si El retorno del rey tiene un final feliz es, en buena medida, porque Gondor pide auxilio y Rohan sabe responder. Es decir: porque la unión entre el pueblo de los hombres no se ha perdido. De esto también va El señor de los anillos, claro.

Volviendo a la escena en sí, por concluir con la emoción por todo lo alto, es muy significativo ver cómo, apostados en plena montaña, sin nada alrededor, y sin ninguna tarea salvo vigilar unas almenaras vecinas que llevan décadas sin arder, los hombres anónimos esperan esa llama. Ninguno ha abandonado esa posición, y por tanto ninguno ha abandonado esa unión, unión que abrazan por completo en la batalla final por la Tierra Media.

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