Revista referencia en fenómeno fan

Las series que marcaron el presente: ‘Los Soprano’ o el antihéroe alfa

Nunca volvimos a ver igual a una bandada de patos.
Fotograma de 'Los Soprano'

David Chase era un veterano cuando consiguió estrenar la que quizá sea la mejor serie de todos los tiempos. Una que, eso ya es innegable, logró impregnar su esencia en buena parte de las ficciones televisivas que la siguieron. Vistió su historia sobre la familia, el tiempo y la psique humana de mafioso de Jersey para dominar durante años la televisión por cable. Hizo de Tony el gran antihéroe americano del inicio del tercer milenio. Los Soprano consiguió que la tele tuviera un estatus que antes parecía reservado al cine, aupando a HBO a la cima del prestigio. No es cosa menor.

Una estructura de cine encuadrada en temas globales

El creador y el equipo de Los Soprano miró mucho más al cine que a la televisión para su serie. La televisiva multicámara abarataba los costes, al aumentar la rapidez de grabación. Por contra, no permitía el dinamismo y los montajes complejos de la single-camera. Lo mismo pasaba con las estructuras típicas con que se creaban las historias, el modelo ABC.

La historia A era la principal, la B una secundaria importante y el C un añadido habitualmente cómico. Los Soprano optó por un modelo ABCD, como cuenta el propio Chase en la introducción de The Sopranos: Selected Scripts from Three Seasons y recoge este artículo. En este caso, hay una doble A, las tramas A y B. La C implica a secundarios o relatos paralelos a los principales. Queda la D, de corte humorístico. No siempre fue así, pero la duración de los episodios lo permitía.

Cada trama se desarrollaba en la sala de guion como una pieza individual, conectando sus escenas. Luego se montaba el episodio. El resultado es una narrativa que retrotrae a una película pero contenida en un capítulo. A esto ayudaba el crear conceptos globales que guiaban temporadas, temas a modo de metaarcos. The wire llevó el asunto a otro nivel, pero en Los Soprano ya se ejecutaron con maestría. De ellos surge una cohesión entre escenas, tramas y capítulos, hasta llegar a la temporada. Un método replicado desde entonces en series de gran formato. A veces en exceso, como le pasó a The Mandalorian.

Una montaña rusa con sorpresas y mucha comedia

También es notable cómo Los Soprano juega en un continuo sube y baja. Es lógico, pues está contando la vida de mafiosos. Traiciones diarias, riesgo eterno de detención, la muerte acechando tras cada esquina… Subir es fácil, caer todavía más. La serie juega con ello tanto a corto, a través de secundarios, como a largo, véase la evolución de Tony.

Los golpes dramáticos son, de esta forma, habituales en la ficción más famosa de HBO. Que cualquiera esté en peligro crea tensión. Sin embargo, saber que los personajes pueden morir de verdad en un segundo sube esa sensación un par de puntos. Las sorpresas son habituales y acompañas los ciclos de auge/caída. Este manejo de los momentos impactantes y los bofetones al espectador se hicieron estándar. The walking dead, Juego de tronos, Breaking bad, The last of us… Todas ellas se fijaron en cómo Los Soprano consiguió dejar alucinada a su audiencia sin parecer una (muy respetable por otra parte) telenovela.

A estas técnicas de guion y montaje de la serie se suma un elemento más: la comedia. Especialmente a través del segundo elemento, los golpes de ironía dramática son continuos. Las situaciones que viven los personajes son putadas, dramazos puros, pero se presentan en muchas ocasiones ante el público como algo digno de carcajada. Desde transiciones entre escenas a diálogos como el de «en esta casa Colón es un héroe y punto» o el «commendatori» de Paulie, llegando a episodios completos como Pine barrens, la producción sabe hacer reír sin restar gravedad al conjunto.

Humanizar es mostrar vulnerabilidad del antihéroe

El Padrino o Uno de los nuestros muestran una mafia aspiracional. Scorsese ya dejó este estilo, como demostró en Los asesinos de la luna. Sin embargo, antes de Los Soprano la imagen general del gangster, especialmente el italoamericano, era la de un tipo con estilo. Trajeado y poderoso, masculino y violento, era una especie de cima vital.

Tony Soprano cambió todo esto. Interpretado por un James Gandolfini que nació para el papel, nunca fue ese ser elevado que fueron Vito o Jimmy Conway, por molón o por estiloso. Terence Winter dio la clave principal del cambio de tercio a Screencraft: la vulnerabilidad. Este elemento permite dejar de ser un espectador del mafioso, del villano, y convertirlo en antihéroe. Asimismo, cabe resaltar que la humanización no supone en ningún caso justificación.

El protagonista es un jefe mafioso que sufre desmayos psicosomáticos. Un ser repleto de inseguridades que va al psicólogo. Cualquiera que haya asumido dicha necesidad sabe lo complicado que es aceptar pedir ayuda. Para Tony es peor, ya que es casi un delito en su profesión. El personaje se reviste de la masculinidad más típica solo para que esta se desmonte a cada paso que da.

Este combo de una apariencia de macho, de un trabajo inmoral y de una vida interior rica generó al antihéroe de la nueva era. Uno en el que se miraron Don Draper o Walter White, más recientemente Joel de TLOU. Vince Gilligan reconoció abiertamente que Tony fue necesario para crear al prota de Breaking Bad. Cabe mencionar otro punto resaltado por White, heredado de Seinfeld. Se trata del conocimiento directo del tema sobre el que se escribe, en su caso, o actúa, por ejemplo en el de Paulie. Tony Sirico fue un mafioso real y se nota en pantalla.

Sublimando el sentir empatía por malas personas

A raíz de lo anterior, Los Soprano consiguió que el público conectara con sus personajes a pesar de que fueran malas personas que muestran de continuo que lo son. Chase era cristalino con sus personajes, no dudaba en señalar sus pecados. En principio, no es fácil empatizar con un tipo que mata, es infiel, tortura o trafica con drogas en su día a día.

La serie tuvo ayuda en predecesoras como Seinfeld. Esta sitcom, que terminó casi cuando se estrenó la ficción de Chase, tenía por protagonistas a gentuza. Tirar de situaciones diarias en las que el público se viera reflejado les funcionó. Asimismo, las malas acciones de sus personajes tenían motivaciones que también podía compartir la audiencia. En Los Soprano estos mecanismos se replicaron, pero en un formato de serie dramática de gran formato.

Chase afirmó en Vice que su serie trataba de cómo «se gasta el tiempo en la Tierra». Es decir, de la muerte, de madurar… La familia es un punto central en ello y Los Soprano exprime el asunto a tope. Tony es malísimo, pero comprobar cómo su madre le maltrata o su tío le intenta liquidar retrotrae a traumar propios. A esa traición de un primo por una herencia, a ese juguete que tiró papá en la infancia. Además, los padres de la generación del protagonista suelen buscar evitar su sino a sus vástagos. Meadow o Tony Jr. son redimibles en buena medida porque es lo que sus progenitores quieren. Que no sean escoria como ellos. Un sentimiento que funciona hoy, funcionó ayer y funcionará mañana.

Pero, incluso personajes «sanos» como Meadow mienten en Los Soprano. La lectura psicológica de los guionistas juega con el gris sin parar. Esto no es satisfactorio, pero da otra vía para la empatía. También, salseo hasta el extremo. En lo social, la ficción no duda en reflejar con crudeza temas como el racismo estructural o el machismo. A este respecto, las mujeres de la serie no tienen espacio para resarcirse, para liberarse. No son entes pasivos, pero sería absurdo crear juegos de empoderamiento en una producción que destaca por no narrar cuentos de hadas. Ni la doctora Melfi se libra de la violencia masculina más terrible, cuando es violada. De nuevo, este conjunto es fácil de rastrear en la televisión del nuevo milenio.

Canciones por banda sonora

Uno de los grandes elementos que destacan en la serie de HBO es la ausencia de música compuesta para ella. Todo lo que se escucha son canciones externas. Ya sean introducidas de forma diegética o no, se introducen para reforzar sensaciones. No hay intenciones meta salvo en casos contados, cuenta Chase en la entrevista de Vice enlazada más arriba. El propósito es así similar al de una BSO ad hoc, pero con un resultado que aumenta el aura de calle, de autenticidad y cercanía que genera Los Soprano.

Su tema de introducción, Woke up this morning, iba a ser solo el del primer episodio, ya que cada uno poseería su propia canción central. Lo contó a Rolling Stone el propio miembro de la banda Nick Reynolds, junto a su compañero Rob Spragg y Dominic Chianese (el tío Junior). El asunto es que funcionó tan bien que se quedó. Además, Chase vio una conexión inmediata entre algunas líneas del tema y el conflicto de Tony con su madre Livia. Así, el tema que caracterizaría a cada capítulo se metería en los créditos finales.

Los montajes musicales, como muchos de los elementos anteriores, no son algo que inventara Los Soprano. En este caso, sí que tiran de Scorsese, que es un maestro del asunto. Chase logró hacer de ello una forma continua de narrar durante seis temporadas. Una herencia más del cine en la serie, que serviría como catalizadora para asentarla en el panorama televisivo. Que se lo digan a producciones como La casa de papel o El cuerpo en llamas.

Un modelo de la serie por la que pagarías

El legado de Los Soprano más de 20 años después es inmenso. Su formas artísticas son sinónimo de televisión de calidad, como cuenta Jennifer Keishin Armstrong en la web de la BBC. Cuando una cadena o plataforma busca una gran serie, una que le dé respeto, sigue mirando a la ficción de HBO. Antihéroes complejos, temas adultos, humor entrelazado al drama, estructuras narrativas avanzadas, calidad cinematográfica, sorpresas chocantes…

El de Chase es el tipo de producto por el que se paga. HBO quería, ante todo, rédito económico. El cable era un medio en el que mostrar una serie tan violenta y con tanto sexo como esta. Los Soprano demostró que merecía la pena apostar por una producción que no se pudiera mostrar sin problemas en abierto. Sexo en Nueva York fue otro puntal, coetáneo, de la empresa. La actualización que hizo con la masculinidad el programa de mafiosos se llevó a cabo con la feminidad en la comedia románticosexual.

Breaking bad y Mad men en AMC, Sons of anarchy en FX, Dexter en Showtime… El patrón creado por David Chase y HBO está en estos éxitos de cable de principios de los 2000. Netflix o Hulu hicieron lo mismo, adaptado a su tiempo, con Orange is the new black o El cuento de la criada. La televisión del nuevo milenio nació en 1999 con unos patos posándose en una piscina. Por eso Los Soprano es una de las series que marcaron el presente de la televisión. Juega en un equipo en el que también metemos a Seinfeld, Sexo en Nueva York, Perdidos, Roma y The Wire.

Tags relacionados:

TE RECOMENDAMOS:

It seems we can't find what you're looking for.

POST RECIENTES

Te puede interesar…

Esta web utiliza cookies propias y de terceros para su correcto funcionamiento y para fines analíticos y para fines de afiliación y para mostrarte publicidad relacionada con sus preferencias en base a un perfil elaborado a partir de tus hábitos de navegación. Contiene enlaces a sitios web de terceros con políticas de privacidad ajenas que podrás aceptar o no cuando accedas a ellos. Al hacer clic en el botón Aceptar, acepta el uso de estas tecnologías y el procesamiento de tus datos para estos propósitos. Configurar y más información
Privacidad