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La ‘Mezcla Rica’ de Calequi y las Panteras demuestra que, sí, hay música en todo

Si dejo elegir a mis pies me llevarían siempre a un directo de Calequi y las Panteras.
Mezcla Rica de Calequi y las Panteras

Tomamos un verso de Mezcla Rica para titular este texto porque la mejor forma de explicar este álbum es recurriendo a él. No debe ser fácil escribir sobre lugares. Sobre emociones, bueno, son propias y pueden llegar a ser universales. Pero los lugares son lo que son, universales, aunque adquieran en los ojos de cada uno un carácter propio. Así que ¿cómo se le canta apropiadamente a Río de Janeiro? ¿Cómo se canta sobre Santiago de Chile para que suene a Santiago de Chile? Si las ciudades tienen un sonido, ¿el reto en Mezcla Rica era reflejarlo en la música? ¿Tal vez el reto era crear ese sonido al que suenan las ciudades del mundo?

Son preguntas que surgen a partir de escuchar Mezcla Rica, un álbum compuesto por 12 canciones en las que Calequi y las Panteras (Lauri Revuelta y Luisa Corral) se acompañan de una buena lista de artistas invitados, entre las que se incluyen nombres como el de Jorge Drexler, Francisco, el Hombre o Xoel López. Lo mejor de estas colaboraciones es que no son actos de marketing: son colaboraciones con sentido que apoyan canciones con sentido. Canciones inspiradas en ciudades de América, desde Colombia hasta Argentina, pasando por Nueva York, cuya canción (Doesn’t make you happy that I’d love you) es una rara avis en este álbum que suena, sobre todo, a esa América Latina que Calequi, siempre acompañado de Las Panteras y su banda, ha estado compartiendo con el público madrileño los dos últimos años. Calequi y las Panteras ya sonaban a todas las músicas del mundo porque en su música no ha habido nunca intención alguna de encerrarse y condenarse en estilos o géneros, pero ahora lo hacen más que nunca. Ese mundo, que es el nuestro, titula las canciones, inspira las composiciones y termina por sonar en ellas. 

La serena belleza de Mezcla Rica

Mezcla Rica es un álbum tremendamente sensorial que traslada a quien lo escucha a espacios determinados, no solo por las descripciones ofrecidas de los lugares a los que remite sino porque suena a rincones, a momentos, a conceptos. Calequi ha hecho realmente un buen trabajo de observación, empapamiento y composición, así que la preciosa Una ciudad de cristal (Montevideo), que engloba versos de Calequi, Jorge Drexler y Pedro Mairal, no solo habla de un río que es mar, no solo habla de pies dirigiéndose a mar de forma inevitable, sino que suena a agua. Tu boca de Lima no solo habla de recuerdos y amaneceres, sino que suena a esa especie de ensoñación nostálgica de la que habla.

Hay grandes sorpresas en Mezcla Rica. La guitarra de Sin control (Ciudad de México) permite que esta canción termine de sonar a la eternidad y la antigüedad, al folclore, que se intuye desde el principio características que a veces se olvidan cuando se trata de esta capital densamente poblada y a la cabeza de la modernidad. Rua almirante Alexandrino (Río de Janeiro) huye del carnaval brasileño para ofrecernos la que tal vez sea la canción más sentida y honesta del álbum, una que habla sin miedo de las contradicciones de una ciudad que, como Ciudad de México, es inabarcable.

Ese “Río se vuelve mar” es un instante precioso de magia y serenidad que también tiene su propio significado determinante: hacia mitad del disco uno comprende que, aunque hay fiesta en Mezcla Rica, como había fiesta en Gualicho (2021), este puede ser, sobre todo, uno de esos preciosos discos que escuchar tranquilamente una tarde de invierno, tal vez mientras se persiguen paisajes propios en la ventana o la memoria. No podemos no mencionar Noche del Paraguay (Asunción del Paraguay), porque la voz aterciopelada de Miryam Latrece acaricia en esa potencial tarde de invierno como quizá ninguna otra canción lo haga.

La fiesta de Mezcla Rica

Pero hay fiesta en Mezcla Rica. Los ritmos rápidos y bailables que encumbraron a Calequi y las Panteras en las noches madrileñas, esos que les llevaron a ese ciclo de conciertos único que vivimos durante 5 meses en la sala El Sol, están presentes también en este disco. La hora tica (San José de Costa Rica) ya ha sonado, y muy bien, en sus últimos directos, con esa clase de estribillo que se le engancha a uno y no le suelta. El carnaval de Brasil lo encontramos en Bailando en Sampa (São Paulo) y la nueva estrella de los próximos directos (Mezcla Rica se presentará el 11 de abril en la sala Barcelón) será Ke lo ke (Santo Domingo RD), que, por tomar un referente, suena al mejor Juan Luis Guerra, pero también a algo más, porque Calequi no es Juan Luis Guerra, es Calequi, así que no puede sonar solo a una cosa.

San Juan y Medellín tiene también algo de recorrido en los directos de estos últimos meses. Es la canción que abre Mezcla Rica, la canción de la que hemos robado el titular. La canción que lo cierra, por el contrario, remite de nuevo a esa belleza serena. No podría ser otra que Y yo pensaba olvidarte (Buenos Aires), la canción más personal del álbum, dedicada a la ciudad donde nació este músico que sigue demostrando que hay música en todo, y que sabe bien cómo convertirla en algo que disfrutemos todas.

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