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Nika, el culmen del shonen

El nuevo power-up de Luffy alcanza algo nunca visto en el manga.
Nika el Dios del sol

El capítulo 1044 del manga One Piece es ya uno de los momentos más legendarios de toda la serie. En él, Luffy obtenía un power-up como no se había visto antes frente a Kaido, «el hombre más fuerte del mundo». Previamente, se habían cruzado una serie de escenas protagonizadas por otros personajes en distintos lugares importantes de la serie en los que se trataba un mismo tema: Nika, o Joy Boy, y el siglo vacío. A modo de redoble, se nos introducía poco a poco una pieza argumental clave en la que el pasado confluía en el presente gracias a la figura del protagonista de la ficción. Al despertar en su interior el verdadero poder de su fruta del diablo, el capitán de los sombrero de paja se transformaba en Nika, el dios del sol. Pero, ¿quién es Nika y por qué es tan importante tanto dentro como fuera de la serie?

«Suenan los tambores de la liberación», Joy Boy ha vuelto

Los poneglifos que había logrado descifrar Nico Robin lo sugerían. Las conversaciones de los cinco ancianos lo advertían. En el pasado, en aquel siglo vacío hace 800 años, incluso antes, había existido una figura rebelde poderosísima que había combatido al gobierno central y lo había logrado desestabilizar. Al mismo tiempo se hablaba de la fruta de Luffy, la goma-goma, y se decía que no existía ninguna fruta con ese nombre. En cambio, se recordaba una fruta legendaria que había sido robada por Shanks años atrás. La goma-goma resultaba ser una fruta mitológica tipo zoan, que otorgaba los poderes del rey sol. Todo empezaba a encajar.

Estas revelaciones tuvieron consecuencias fundamentales para la trama de One Piece. Luffy ya no era el usuario de una simple fruta tipo paramecia que le convertía en un hombre de goma. Gracias a la fruta que consumió cuando era niño pasó a ser, en cambio, el heredero de un legado que se remontaba a 800 años atrás o incluso antes.

«Cuánto tiempo, estoy escuchando los tambores de la Liberación de nuevo», decía Zunesha, el milenario elefante gigante, cuando el poder del dios del sol estaba a punto de despertar en el interior de Luffy. Lo que el capitán de los sombrero de paja había sido desde el principio de la serie por la sencilla gracia de su fuerza y convicción en lugares tan dispares como Arabasta, Skypea o Dressrosa, ahora lo era de forma oficial y hereditaria. El carácter de Luffy, que le había llevado a liberar de la tiranía a multitud de territorios, parecía volverle destinado a consumir esta fruta. Lo que los cinco ancianos temían había ocurrido, Joy Boy había vuelto, y, en consecuencia, el status quo se tambaleaba de nuevo después de 800 años.

Con todos ustedes, historia del anime.

Lo que sabemos de Joy Boy

Aunque todo apunta a que en los próximos capítulos del manga conoceremos importantes revelaciones al respecto, lo cierto es que todavía no sabemos demasiado sobre el anterior Nika, conocido como Joy Boy. Se sabe de su papel clave en el Siglo Vacío cuyos sucesos el gobierno central tanto se está esforzando en mantener ocultos. También, que estos mismos estuvieron buscando con ansia la fruta del diablo que contenía los poderes de Nika. Además, sabemos que Joy Boy hizo un pacto con los habitantes de la isla Gyojin, por el que se comprometía a ascender al conocido «barco de la promesa» Noah, que incumplió por motivos desconocidos.

Los poderes de la fruta mitológica del dios del sol

Además de las repercusiones argumentales que tiene esta fruta, que llega a ser un legado, también resultan fascinantes por lo novedoso los poderes que le confieren a su usuario. Las capacidades de esta fruta exceden todo lo visto hasta ahora. Gracias a ella, Luffy es capaz de, directamente, desembarazarse de la realidad que le envuelve. No hablamos de la realidad de dentro de la historia. Lejos de eso, lo que logra el usuario de esta fruta es atravesar las fronteras del cómic en general y el manga en particular.

Gracias a estos poderes, Luffy se transforma en un ente cartoon que recupera, tanto en gestos como en su capacidad para transformar su entorno, las raíces del soporte en el que la historia se transmite: la tira cómica. Vemos, por ejemplo, cómo se le salen los ojos de las orbitas al más puro estilo Looney tunes, cuyos personajes comienzan a ser de dominio público. Cuando combate, lo hace volviendo a sus enemigos seres tipo dibujo animado, que se convierten en figuras completamente maleables a merced de la voluntad del sombrero de paja.

Pelea de Popeye y Bluto
One piece recupera y reivindica el lenguaje del medio del que es heredero, la tira cómica. | Fotograma de Popeye

De forma continuada, se habla de esta fruta como la zoan mitológica del dios sol, pero todo apunta a que esto no es referido a un manejo de los elementos relacionados con el astro. Más bien, parece que, si bien es la fruta del dios sol, lo es por su simbología. El sol como deidad creadora es un símbolo recurrente en numerosas mitologías. Luffy sería portador, entonces, no de los poderes del sol, sino de los poderes de la creación de la realidad en la que se encuentra, que no es otra que el cómic. Si bien nosotros, en nuestra realidad, estamos compuestos por átomos, la del personaje no es otra que la compuesta por viñetas. El usuario de la fruta de Nika es capaz de manejar y trascender las viñetas y el lenguaje del medio a voluntad, porque tiene los poderes de la creación. Luffy es, en pocas palabras, el dios del cómic.

Monkey D. Luffy, el dios del cómic.

Un hito en la historia del shonen

Antes de llegar a este punto de la trama, Eiichiro Oda ya había hecho historia construyendo el manga más leído de la historia. La popularidad del manga, que se mantenía en la cima año a año, no conocía límites. Hay muchas explicaciones a este fenómeno, de las que ya hemos dado cuenta en artículos anteriores.

Sin embargo, con el último power-up del protagonista, la obra y el autor trascienden todo lo alcanzado hasta el momento. Los mangas shonen nos tienen acostumbrados a que el héroe logre mejoras de su poder conforme sus rivales se vuelven más poderosos. Estas continuas actualizaciones vuelven tediosas y repetitivas a la mayoría de obras del género, que acaban por sufrir una pérdida de calidad argumental. No es así en el caso de One Piece. Debido a lo explicado, Oda demuestra un manejo absoluto del soporte en el que trabaja y, consciente de ello, hace un trabajo metaliterario con su protagonista con el que logra atravesar todas las barreras impuestas por el cómic. El personaje rompe todos los esquemas, se vuelve el dios de su medio y consigue liberarse de él, a sí mismo y a todos los que le rodean.

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