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La obsesión del mes: ‘La Rueda del Tiempo’ o cómo recuperar los nervios antes de un capítulo

Porque somos fans, como vosotros, así que nos obsesionamos con las cosas, como vosotros
La Rueda Del Tiempo

El domingo pasado, después de zamparme en un día los seis primeros capítulos de la segunda temporada de La Rueda del Tiempo, me metí en la cama, cerré los ojos y lo único que veía era a gente encauzando. El Poder Único, de aquí para allá. A veces la cara de Lan Mandragoran, para ser completamente sincera, pero esa es (de verdad) otra historia.

En un mes en el que he escuchado febrilmente la discografía completa de Foals, después de disfrutar de su buen directo en Cala Mijas y enamorarme perdidamente del sonido de su guitarra, La Rueda del Tiempo se ha llevado, sin embargo, el honor de haberse convertido en apenas una semana en mi cosa más preciada de este mes de septiembre.

Oda a La Rueda del Tiempo

No es que me pille de sorpresa: desde que me zampé (porque, de verdad, ese es el término exacto: me he dado atracones con esta serie) su primera temporada, en enero de 2022, malita de covid, es mi serie favorita. Así es: mi serie favorita. La serie que más me ha entusiasmado en los últimos años. Cada vez que he tenido una época raruna de series he vuelto a ella, lo que significa que desde ese enero he visto la primera temporada cuatro o cinco veces. La segunda, que es mejor que la primera, va a convertirse también en un comodín precioso y preciado.

Las razones de que esto sea así: La Rueda del Tiempo luce genial, tiene una historia sólida, emocionante, ¡chulísima!, que parte de un concepto complejo en torno al que reflexiona y se mueve. Tiene buen guion y buen desarrollo de unos personajes con personalidad definida y diferentes entre sí, que además son carismáticos y guapísimos (especialmente Lan, ningún hombre había lucido nunca antes así de bien).

Lan Mandragoran en'La Rueda del Tiempo'
Lan Mandragoran, señoras y señores

Las relaciones entre todos ellos son también interesantes, así como los escenarios que van atravesando. Hay magia concentrada en el asunto con el Poder Único y en cómo afecta a las personas (esta temporada Moraine está espectacular), tanto si lo poseen como si no, y tiene también algo de política. Es entretenida, evoluciona y nunca pierde el Norte. No sé si funciona como adaptación, pero como serie funciona estupendamente. Me sorprende que esté peor valorada que El Señor de los Anillos: Los Anillos de Poder, la gran apuesta de fantasía de Prime Video, cuando La Rueda del Tiempo es claramente mejor en todos los aspectos, pero supongo que nos puede la nostalgia, el amor por lo conocido y la pereza ante lo nuevo.

Ha ido a más con su segunda temporada y ha conseguido algo que creía olvidado: que vuelva a tener nervios antes de ponerme un capítulo. No me pasaba desde Juego de Tronos y había olvidado lo bien que se sentía estar así de implicado con una obra de ficción que, además, se disfruta de manera racionada. Gracias a todos los que lo han hecho posible, y un beso para Lan Mandragoran.

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