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Oda a la comedia romántica: claves de un género estrella

Abrazamos con fuerza, con ganas y con orgullo ese género cinematográfico estrella que nos permite desde evadirnos hasta soñar: la comedia romántica.
Claves de una buena comedia romántica

Ya a comienzos del siglo XX se hacían buenas comedias románticas. El romance de Charlot, protagonizada por la inolvidable figura de Charles Chaplin, se estrenó en 1914. Si bien siempre se la ha relacionado con la comedia, tal vez tratando de rastrear los inicios de un género mucho más valorado entonces, no deja de ser una comedia que tiene apellido: romántica. Denostada por buena parte de crítica y público desde su nacimiento, la comedia romántica creció hasta hacerse un hueco en los planes de los grandes estudios y las previsiones de los espectadores.

Sucedió una noche se estrenó en 1934 con dos encantadores Clark Gable y Claudette Colbert demostrando lo que es tener química en la pantalla. La recepción fue tímida al principio, pero el público general terminó por acogerla muy bien. Es solo un ejemplo de todos los que poco a poco fueron llegando.

Han pasado más de cien años desde la película de Chaplin y el escenario es hoy diferente, aunque ciertas creencias se mantienen inamovibles. En primer lugar, que la comedia romántica sigue siendo un género estrella porque siguen produciéndose películas adscritas al mismo en las grandes productoras. Bien para su estreno en salas, bien para su llegada a plataformas como Netflix, que abrazó con alegría su existencia. Llegan mucho más a lo grande en las productoras sin renombre, cuyas películas pasan a engrosar las listas de “películas de tarde”. Algunas, por cierto, muy dignas, como la alemana Un verano en el Algarve. Tampoco ha cambiado ese desprecio extendido entre el buen cinéfilo, en general reacio a un género considerado, desde el principio, menor, en buena medida porque siempre ha estado considerado “cine para mujeres”. Otro día hablamos de ese percal.

Este texto, y los que vendrán, se sitúan en el lado opuesto del desprecio. Lo que pretenden es abrazar con fuerza y con orgullo el resurgir y el valor de las buenas comedias románticas. Este texto, y los que vendrán, son una oda a este género sencillo de ver, no tan sencillo de realizar, siempre universal, en constante evolución y, por fortuna, inagotable.

Por qué nos gustan las comedias románticas

Hay que entender un par de cuestiones. El cine es un excelente medio de comunicación cuando se trata de visibilizar y asentar realidades, acontecimientos, reflexiones que trascienden la pantalla, que impulsan los cambios, que generan movimientos sociales, culturales. Tiene un papel fundamental en la educación, es un vehículo de conocimiento impagable, una excelente herramienta para llegar a las personas. Es también arte: el cine por el cine, el apreciar los aspectos técnicos y bellos de una obra bien llevada.

Es todo esto y también es una invitación a la evasión. A sentirse en otra realidad durante hora y media, dos horas, las que sean. Es disfrutar de un producto tan entretenido que no necesita de trascendencia para funcionar. Esto no solo es tan válido como lo anterior, es también una de las respuestas a por qué nos gustan las buenas comedias románticas. En las claves de este género están sus porqués. El público también necesita lo sencillo, lo amable. Necesita soñar, creer, confiar y relajarse. Necesita alternativas para esos días que no está uno para un thriller sesudo, o para cuando una tragedia personal nos hace huir de los escalofríos frente a una pantalla. Tal vez sean estos precisamente sus géneros fetiche, está bien.

La comedia romántica también puede ser un género fetiche, y está bien. Es otro refugio. Una propuesta en la que la vida es más sencilla: es bonita, agradable, los obstáculos se superan y los finales felices existen. Y bajo este halo de amabilidad, a veces uno puede descubrirse un poquito mejor a sí mismo, porque no dejan de hablar de esa movida universal que es el amor. El amor, el cómo nos relacionamos, lo que aprendemos, los miedos, los errores. Está bien que un drama te enseñe los bajos fondos del ser humano, del mismo modo que está bien querer que otras propuestas ofrezcan una perspectiva más positiva del mundo.

No es ingenuo dejarse llevar por esto, no es estúpido querer hacerlo. No es un género menor por ser más simple. Tiene sus mecanismos y no es fácil hacerlos funcionar, por eso no se habla de tantas comedias románticas buenas como nos gustaría.

Cosa que, por otro lado, da igual, porque las malas nos gustan igualmente. Pero vamos con las buenas.

Claves de una buena comedia romántica: qué tiene que tener

Una de las claves de toda buena comedia romántica reside en ese equilibrio entre la evasión y lo que nos enseña del mundo. En el balance entre la fantasía que uno busca cuando le da al play y la realidad que espera encontrar reflejada, de alguna manera, en lo que está viendo. La perfecta armonía entre lo ideal y lo posible. Que las situaciones presentadas sean tan bonitas que parecen mentira, pero que uno sienta que eso, por imposible que parezca, puede llegar a pasar en el día a día. Esto no quiere decir que la comedia romántica no admita fantasía propiamente dicha: Una cuestión de tiempo (2013) no deja de ser una película con tintes fantásticos, que sin embargo tiene su base (dos personas se conocen y tienen que entenderse) en la más absoluta realidad.

Sobre la base. Dos personas que se conocen, así suele empezar todo. A partir de aquí, las variables son infinitas, pero si algo se necesita ver en toda buena comedia romántica son personajes con un carácter marcado, con personalidad, particularidades y una historia detrás. Tienen que ser cercanos, el público tiene que empatizar con ellos, aunque sus defectos no dejen de reflejarse o precisamente porque hay un buen reflejo de estos. Los personajes de las comedias románticas no son perfectos. El lado bueno de las cosas (2012) no esconde los problemas, al contrario: es una herramienta más para acercarse al espectador.

Con respecto a la historia propiamente dicha, hay pocas reglas escritas. No tiene que seguir necesariamente una estructura: ¡Olvídate de mí! (2004) (que cruza muy justa la línea de la comedia romántica, pero hay que mencionarla porque es una maravilla) o (500) días juntos (2009) son el perfecto ejemplo de la libertad formal. No hay tampoco nada predeterminado con respecto al tipo de historias que deben contarse y, de hecho, hay cada vez más espacio para la creatividad, aunque sigan produciéndose comedias románticas más clásicas. Las leyes de la termodinámica (2018), por ejemplo, apuesta por lo diferencial desde su mismo argumento: el protagonista de esta historia busca demostrar que su relación ha fracasado porque ha estado determinada desde un principio por las mismísimas leyes de la física. Ciencia y amor.

El tono sí es y debe ser un elemento común todas. Sin tener que ser excesivamente divertidas, las comedias románticas tienen que ser ligeras y desenfadadas. Moulin Rouge (2001), uno de los romances por excelencia del cine, no es una comedia romántica, es un drama romántico, sobrio, oscuro incluso. No se encuentra esto en las comedias románticas. Cuando Harry encontró a Sally (1989) tiene, efectivamente, sus momentos dramáticos, pero no abandona el tono ni la intención. Y no es fácil, como se venía comentando, hacer que funcione este tono que requiere de diálogos ingeniosos y situaciones frescas.

Las comedias románticas, siguiendo con las intenciones, cumplen también una especie de función de obra de auto-ayuda para el espectador. Los conflictos individuales de los personajes tienen un peso en la trama romántica: los miedos, las inseguridades, las heridas del pasado. Son conflictos secundarios atados al crecimiento personal que en muchas ocasiones resultan tanto o más interesantes que la trama principal. Un ejemplo es Mis dos vidas (2022), una interesante reflexión sobre los caminos tomados y la felicidad que espera en cada uno de ellos.

Este género ha ido evolucionando con el paso de los años. Abrazando aún más una perspectiva feminista, por ejemplo. Es cierto que hace dos décadas se caía en comportamientos machistas y clichés hoy intolerables, pero no es menos cierto que fue uno de los géneros pioneros en dar espacio a los conflictos, las realidades, los deseos y simplemente la existencia de las mujeres reales. El romanticismo tóxico va quedando atrás (todos estamos aprendiendo) y lo que se va buscando es una historia no solo bonita, casi increíble, sino también sana. Porque la comedia romántica avanza con la vida.

Subgéneros de la comedia romántica: géneros en sí mismos

Por sus características distintivas, singulares y únicas, incluso aunque estas sean escasas, puede hablarse de subgéneros dentro de la comedia romántica. Subgéneros que también con el paso de los años han tenido producción propia y un público que las ha señalado para decir: tú, tú eres mi género fetiche.

Comedias románticas navideñas: las reinas de un momento

Si algo distingue a las comedias románticas navideñas es, claro, la Navidad. En primer lugar, en la estética, en la atmósfera generada. Necesitamos luces navideñas, abrigos que abriguen bien, bufandas largas, nieve y actividades propias de la época. Por otro lado, el espíritu navideño tiene que ser uno de los motores de la historia, bien porque uno de los protagonistas lo rechaza, como en A 1000 kilómetros de la Navidad (2021), bien porque es una fecha de encuentros en ocasiones complicados, como se ve en La estación de la felicidad (2020), bien porque es el momento de lamentar las pérdidas. Hay muchas posibilidades a partir de aquí. Lo dicho: es un género en sí mismo. Y en él se encuentra una de las películas que reinan en la comedia romántica universal: Love Actually (2003).

Comedias románticas protagonizadas por adolescentes: siempre sí

Las comedias románticas protagonizadas por adolescentes tienen esa primera condición: están protagonizadas por adolescentes, con todos los conflictos que llevan bajo el brazo. Funcionan muy bien en dos escenarios. El instituto, especialmente un instituto estadounidense donde la jornada parece alargarse de manera cósmica entre actividades extraescolares, viajes y fiestas constantes. Se me viene a la cabeza la trilogía de A todos los chicos de los que me enamoré (2018), que lo tiene todo. También el verano funciona muy bien (en general, en todas las comedias románticas), porque nacen a partir de esta estación muchos caminos y porque todos, de una manera u otra, relacionamos la adolescencia con el verano, o el verano con la adolescencia. Nuestro último verano (2019) es el ejemplo de esto.

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