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5 películas LGTB+ que han envejecido mal y por qué

Una conversación desde el presente con el cine LGTB+ del pasado.
Circumstance

La era de la información, con la presencia de las redes sociales e Internet, ha hecho posible que las narrativas se diversifiquen. La aparición de nuevas voces, tanto delante como detrás de las cámaras, ha puesto en evidencia que no hay un único punto de vista, que no todas las historias deben estar protagonizadas por hombres blancos cishetero. En los últimos años se ha dado un gran avance en cuanto a representación en el cine y, sin embargo, frente a esta proliferación de películas LGTB+, han surgido nuevas preguntas y reflexiones. 

Cuando simplemente no había representación, o esta se situaba entre lo subliminal y lo morboso, cualquier indicio de diversidad se acogía con agradecimiento. Es comprensible que un público que jamás se ha visto reflejado en pantalla atesore cada atisbo de validación de su existencia. No obstante, cuando esas historias se multiplican y llegan al mainstream, y pasan los años y ganan premios, es posible mirar atrás y analizar si esas producciones que tuvieron un gran impacto juegan a favor o en contra del colectivo que pretenden encarnar.

Por supuesto, hay que tener en cuenta que toda obra es producto de su época. El contexto en el que nacieron, el conocimiento general de entonces y los precedentes que pudieran tener influyen en cómo se leyeron en su momento, pero no en la interpretación que realiza una mirada actual. Afortunadamente, hoy en día es posible visionarlas desde una perspectiva con más recursos, más ejemplos de ficciones LGTB+ positivas y un lenguaje más evolucionado. No con el fin de anular sus aportaciones, sino para observar la transformación de los relatos LGTB+ y aquellos mensajes que han quedado obsoletos.

Películas LGTB+ que no han resistido el paso del tiempo

Brokeback Mountain (2005)

Es una de las cintas más emblemáticas de la categoría, y una pionera en lo que respecta a retratar romances LGTB+ en el siglo veintiuno. Dirigida por Ang Lee y protagonizada por Heath Ledger y Jake Gyllenhaal, esta película recibió tres premios Óscar, cuatro Globos de Oro y cuatro premios BAFTA. A pesar de las críticas positivas, también generó polémicas y sufrió una importante censura

Sin restarle valor a lo que significó en su momento, y a los caminos que, sin duda, abrió en el terreno del cine LGTB+, es cierto que Brokeback Mountain ha envejecido mal en varios aspectos. Aún se puede disfrutar, pero saltan las alarmas con la brusquedad de las escenas íntimas, la violencia que salpica toda la película y la forma en la que los protagonistas tratan a sus esposas. Estas, de hecho, terminan siendo víctimas de la sexualidad frustrada de sus maridos. En definitiva, Brokeback Mountain es una de esas historias donde la homosexualidad se relaciona con el sufrimiento, la imposibilidad de tener una vida plena y, en última instancia, la muerte.

Circumstance (2011)

No es tan conocida como la anterior, pero es una de esas películas con la que se topaban las personas sáficas que buscaban migajas de representación en el cine. Una representación que, si bien era escasa en la primera década del siglo, estaba monopolizada por historias de hombres homosexuales, blancos y generalmente normativos. 

Circumstance se desarrolla en Irán, y cuenta la historia de dos chicas jóvenes que descubren el mundo clandestino de las fiestas, el alcohol y las drogas en Teherán. Su relación va adquiriendo carices románticos en un relato risueño que florece en las difíciles circunstancias de la sociedad iraní. 

Aunque la premisa sea interesante, peca de reproducir los clichés de los dramas de lesbianas que viven romances efímeros pero no pueden tener una vida juntas, ni ser ellas mismas, porque al mundo no le gusta ver a las sáficas felices. Fue valiente en su momento, pero entre tanta tragedia y tópicos como el síndrome de la lesbiana muerta, Circumstance se ha convertido en una de esas obras que simplemente apela a la tristeza y al pesimismo.

La chica danesa (2015)

Si las realidades sáficas han estado siempre infrarrepresentadas, las trans brillan por su ausencia. Además, las pocas historias que se han contado al respecto han cometido el error de excluir a las personas trans de sus propios relatos

Para empezar, a pesar de la alta tasa de desempleo dentro del colectivo trans, una gran parte de las producciones que se les ha dedicado han sido protagonizadas por personas cis que ni siquiera son del género del personaje que encarnan. Este es el caso de La chica danesa, donde Eddie Redmayne interpreta a Lili Elbe, una figura de gran importancia dentro de la historia LGTB+. El propio actor de Animales fantásticos y dónde encontrarlos, años después del lanzamiento de la película, admitió que fue un error aceptar ese papel y que no lo volvería a hacer.

No obstante, esa decisión no es el único problema de la cinta. La chica danesa recopila varios estereotipos dañinos para las personas trans, como el hecho de que su identidad es una fuente de sufrimiento para todo aquel que las rodea. Al tratarse de una persona real, ese enfoque dramático y catastrofista es doblemente perjudicial. 

Por si fuera poco, la película ignora deliberadamente aspectos de la historia real, por ejemplo en lo que respecta a la pareja de Lili, Gerda Wegener. En el filme se da a entender que Gerda no podía desear a Lili como mujer, cuando en realidad la artista es principalmente conocida por sus pinturas eróticas de escenas lésbicas. Es irónico que una película que dice contar una historia LGTB+ suprima la sexualidad de una mujer histórica que formaba parte del colectivo. 

La vida de Adèle (2013)

Esta película francesa protagonizada por Adèle Exarchopoulos y Léa Seydoux se convirtió en un hito del cine sáfico, aunque también trajo consigo unas cuantas polémicas que siempre estuvieron ahí, pero se acentúan con una mirada actual. Además de propagar clichés negativos sobre las relaciones entre mujeres como la diferencia de edad, las infidelidades y las dinámicas abusivas, La vida de Adèle se ha convertido en una de esas obras difíciles de ver por más de un motivo.

Una de las mayores quejas del público es la presencia de escenas eróticas largas y explícitas que buscan recrear las fantasías del sexo lésbico. Unas fantasías que, por otro lado, responden a una mirada marcadamente masculina y heterosexual. De hecho, la creadora de la novela gráfica que adapta la película se desmarcó de esta porque consideraba que no era un buen retrato de las realidades LGTB+, que era obvio que nadie del colectivo había trabajado en ella y que las escenas de sexo resultaban poco creíbles y pornográficas. 

Pero esto no es lo más grave. Es un hecho conocido que el rodaje de La vida de Adèle fue muy difícil para Exarchopoulos y Seydoux, que denunciaron unas condiciones infrahumanas e incluso una situación de maltrato por parte del director, Abdellatif Kechiche. Las escenas de sexo llegaban a durar cinco horas ininterrumpidas, eran dolorosas y agotadoras. Kechiche también las obligó a golpearse de verdad, toma tras toma, a la hora de interpretar una pelea. Ambas actrices aseguraron que jamás volverían a trabajar con él, y no es difícil entender por qué. Tampoco es difícil comprender que, al ser consciente de esta información, mucha gente sea incapaz de ver la película con los mismos ojos.

Stonewall (2015)

La última de estas películas LGTB+ que han envejecido mal viaja hasta las raíces del movimiento en uno de sus episodios más representativos, la revuelta de Stonewall de 1969. Dichos disturbios, acaecidos en el bar Stonewall Inn de Nueva York, prendieron la llama que prendería el movimiento de liberación LGTB+ y las primeras manifestaciones del Orgullo.

El filme dirigido por Roland Emmerich comete el error de invisibilizar a las personas que lanzaron las primeras piedras en la revuelta que lo inició todo: personas trans, racializadas y pobres, mayormente prostitutas sin otros medios para sobrevivir. Mujeres trans negras como Marsha P. Johnson lideraron las primeras protestas y marchas, pero la película de 2015 pone en su centro a un joven blanco, cis y normativo. Un retrato que no solo ha envejecido mal, sino que traiciona a la memoria histórica y empobrece la propia realidad, que era más diversa y revolucionaria.

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