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Por qué Frodo no tira el Anillo o el fracaso inevitable de una misión imposible

Uno de los momentos clave de la obra de Tolkien en general y de 'El retorno del rey' en particular.
Por qué Frodo no tira el Anillo en El retorno del rey

En este especial dedicado a El señor de los anillos: El retorno del rey, con motivo del 20 aniversario de su estreno en cines, y dentro de ese repaso de los momentos clave de la adaptación de Peter Jackson, no pude faltar la resolución del conflicto de Frodo en el Monte del Destino. Esa pregunta que sigue encendiendo a los fans del universo de Tolkien: por qué Frodo no tira el Anillo. El uso del verbo querer en esta frase, a pesar de su popularidad, que vamos a rechazarlo, precisamente porque sobre eso mismo reflexionan estas líneas. ¿Puede hablarse de voluntad, puede hablarse de fracaso, cuando la tarea a cumplir es irrealizable? 

La bondad inocente frente a la fuerza del mal: Frodo vs el Anillo

La naturaleza del Anillo Único

Un Anillo de Poder se cuida solo, Frodo. Puede deslizarse traidoramente fuera del dedo, pero el dueño no lo dejará nunca. Tendrá alguna vez la idea de pasárselo a otro, pero esto sólo al principio, cuando el poder comienza a manifestarse. Pero, que yo sepa, en toda la historia del Anillo sólo Bilbo fue capaz de ir más allá de la idea y llevarla a cabo. Necesitó de toda mi ayuda. Y aun así, nunca hubiese dejado el Anillo, nunca se hubiera librado de él. No fue Gollum, Frodo, sino el Anillo mismo el que decidió. El Anillo abandonó a Gollum.
La comunidad del anillo, J.R.R Tolkien

El Anillo Único puede llegar a considerarse el protagonista de El señor de los anillos teniendo en cuenta que todos los conflictos, acontecimientos y conclusiones nacen o terminan en su existencia. Tal vez no tenga una forma física que ayude a tomarlo como tal, pero sus deseos guían a los protagonistas de esta historia, para sucumbir a ellos o para lucharlos, y su voluntad es la que se impone. Porque, no hay que olvidarlo, y a veces se olvida a pesar de lo mucho que se repite: el Anillo Único tiene voluntad, una voluntad poderosa. Es más, en muchos sentidos, una voluntad invencible.

Entre sus capacidades, leer los deseos y miedos de quienes tiene cerca, controlar las voluntades de sus portadores, convertirlos en siervos. El Anillo Único es una fuerza que ningún habitante de la Tierra Media puede llegar a controlar y su naturaleza es malvada, como una extensión de la naturaleza de su creador, Sauron. Así que, por un lado, tenemos este elemento con voluntad propia de maldad imposible de controlar y vencer. Por otro lado, el hobbit inocente y pacífico que vive ajeno a todo esto.

El viaje de Frodo hasta el Monte del Destino

Por qué Frodo no tira el Anillo en el Monte del Destino

Del desarrollo de Frodo en El señor de los anillos ya hablamos en profundidad en este texto defensa del personaje, en numerosas ocasiones tratado de forma injusta por la debilidad que muestra al final del viaje, así que no vamos a extendernos demasiado. La idea es la ya mencionada: Frodo es un hobbit corriente que vive en paz en la Comarca, un hobbit pacífico y bondadoso que durante las dos primeras entregas de la obra de Tolkien demuestra amabilidad e inteligencia. Se muestra compasivo con Gollum, a pesar de la sospecha y la amenaza, perdona a Boromir, a pesar de la traición, carga con una responsabilidad que no le corresponde, a pesar de ser ese hobbit corriente que es. Frente a la naturaleza malvada e imposible de corregir del Anillo Único, simplemente un hobbit.

Pese a ello, durante ese viaje de Frodo al Monte del Destino, el hobbit no sucumbe a las diferentes tentaciones del Anillo. Claro que tiene a su lado a Sam, en su acto de servicio sin límites que posibilita que Frodo vuelva a encontrarse cuando se pierde. Su retorno a la torre de Cirith Ungol es otro de los momentos clave de El retorno del rey, pues sin esa acción heroica de Sam jamás se hubiera completado la misión. Aquí nace esa corriente bastante mayoritaria de ensalzamiento de Sam en detrimento de Frodo, como una enorme injusticia hacia el segundo. “Frodo merecía todo honor porque derramó hasta la última gota de la capacidad de su voluntad y de su cuerpo, y eso fue suficiente para llevarlo al punto destinado y no más allá. Muy poco, quizás ninguno más de su tiempo, podrían haber llegado tan lejos”, escribió Tolkien, en 1956, en una de sus populares cartas (192).

Frodo carga el Anillo durante meses. Meses enteros con esa fuerza incontrolable colgando bajo su cuello, agotado, herido por la Hoja de Morgul, y con una carga que, a pesar de la presencia y la ayuda de Sam, no puede compartir con nadie. Solo él lleva la carga que más pesa de la Tierra Media. Frodo aguanta durante meses su influencia. De hecho, en Rivendel, durante el Concilio de Elrond, no piensa en el Anillo como lo haría más tarde, porque todavía su poder no ha penetrado en él. Eso dice mucho de su fuerza de voluntad. Su debilidad final, por otro lado, no debería decir demasiado. Que Frodo sucumba a la voluntad del Anillo no es un fracaso: es la consecuencia natural, y la culminación perfecta, de uno de los grandes conflictos de El señor de los anillos. El momento que podría llegar a justificar la obra al completo.

Por qué Frodo no tira el Anillo, o la culminación perfecta del conflicto de El señor de los anillos

Entonces Frodo pareció despertar, y habló con una voz clara, una voz límpida y potente que Sam no le conocía, y que se alzó sobre el tumulto y los golpes del Monte del Destino, y retumbó en el techo y las paredes de la caverna.
— He llegado —dijo—. Pero ahora he decidido no hacer lo que he venido a hacer. No lo haré. ¡El Anillo es mío! – Y de pronto se lo puso en el dedo, y desapareció de la vista de Sam.
El retorno del rey, J.R.R. Tolkien

Encontramos varias referencias a este momento, a este conflicto de Frodo, en esas Cartas de Tolkien. Sorprenderá a muchos que el propio escritor se refiera a su final como un fracaso, porque con esa claridad se expresa: «Frodo fracasó». «Es posible que una vez que el Anillo fuera destruido él tuviera escasa memoria de la última escena», continúa en la carta 191, «pero es preciso enfrentar el hecho: no es posible que las criaturas encarnadas, por «buenas» que sean, resistan definitivamente el poder del mal en el mundo«.

Años más tarde, el escritor siguió reflexionando en torno a ese fracaso, y añadió los matices necesarios para comprender el conflicto. Esto es lo que puede leerse en la Carta 296, dirigida a una lectora: «No creo que Frodo fuera un fracaso moral. En el último momento la presión del Anillo alcanzaría su máximo; imposible diría yo, que cualquiera pudiera resistirlo, seguramente después de conservarlo tanto tiempo, meses de incrementado tormento, hambre y agotamiento. Frodo había hecho lo que podía y estaba exhausto». Así que hay que entender este momento como algo inevitable. Frodo no tira el Anillo porque no puede tirar el Anillo, porque el Anillo no quiere ser destruido y no hay hobbit que pueda enfrentar su poderosa voluntad. Para que algo pueda considerarse un fracaso tiene que ser, en primer lugar, realizable, e imponerse a esa voluntad no era posible.

«Frodo emprendió su búsqueda por amor: para salvar del desastre, a sus propias expensas, si podía, al mundo que él conocía; y también con completa humildad, reconociendo que era del todo inadecuado para la tarea. Su verdadero compromiso consistía tan sólo en hacer lo que pudiera, tratar de hallar un camino y avanzar tanto por él como la fuerza de su mente y su cuerpo lo permitía. Es lo que hizo. No veo que el quebrantamiento de su mente y su voluntad bajo demoníaca presión después del tormento sea más un fracaso moral que lo habría sido el quebrantamiento de su cuerpo si hubiera sido estrangulado por Gollum o aplastado por la caída de una roca, por ejemplo», escribió Tolkien. Frodo se llevó a sí mismo y cargó con el Anillo hasta el mismísimo final, porque en el fondo de su corazón deseaba destruirlo, pero nunca tuvo una posibilidad real.

En realidad esto es algo que se deja claro en toda la obra. El propio Gandalf se refiere al Anillo como un elemento imposible de destruir, al menos por voluntad propia. Una de las teorías más interesantes surge a partir de aquí y esa premonición que Peter Jackson incluyó acertadamente en la adaptación cinematográfica: «El corazón me dice que todavía tiene un papel que desempeñar, para bien o para mal, antes del fin», dice Gandalf en La comunidad del anillo, en referencia a Gollum, «y cuando este llegue, la misericordia de Bilbo puede determinar el destino de muchos, no menos que el tuyo».

Frodo andaba cuestionando la decisión de Bilbo de dejar vivir a Gollum, pero puede considerarse que su similar decisión de mostrarse compasivo con una criatura perdida es lo que conduce a la destrucción del Anillo. Esa lucha con Gollum en el Monte del Destino es lo que propicia que finalmente el Anillo Único caiga, y esa lucha jamás habría sido posible de no ser por la misericordia que Frodo muestra. Tal vez, después de todo, la bondad de Frodo sí ayudó a destruir el Anillo, pero nunca hubiera podido hacerlo por sí solo, porque su voluntad no era mayor que la del Anillo. Y nunca sabremos si la de otros (Sam, Aragorn, quien sea) hubiera sido mayor: ninguno tuvo que enfrentarse a ello como lo hizo Frodo.

Volviendo a la escena para concluir, esta puede considerarse precisamente la conclusión perfecta para este conflicto de Frodo, cuyo epílogo podría ser su marcha de la Tierra Media, porque es el último coletazo del poder del Anillo. Sin este momento tal vez nunca habríamos terminado de entenderlo. Sin llevarnos las manos a la cabeza en ese primer visionado, sin gritar por qué, Frodo, por qué, en el primer visionado y en algún que otro posterior también, tal vez nunca habríamos terminado de entenderlo. Es desesperante ver cómo, después de todo, Frodo dice “no, es mío”, claro que lo es, pero es que eso es el Anillo Único. Una fuerza desesperante porque no tiene rival posible. Por eso se lía la que se lía en la Tierra Media, claro.

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