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Por qué las Águilas no llevaron el Anillo al Monte del Destino: tres respuestas a esta teoría de ‘El señor de los anillos’

Somos conscientes de que el debate jamás acabará pero, bueno, allá vamos.
Por qué las Águilas no llevan el Anillo al Monte del Destino

En el momento en que las Águilas sobrevuelan Mordor para rescatar a Frodo y Sam tras su hazaña, en la versión cinematográfica de El retorno del rey, ya estaba la fiesta montada. ¿Por qué las Águilas no llevaron el Anillo al Monte del Destino en primer lugar? Si tan sencillo tienen estos seres abrirse paso por Mordor y llegar hasta el mismísimo Monte del Destino cuando la acción ya ha concluido, ¿cómo es que no lo han hecho antes? Bueno, para empezar: esa no es la historia. Si J.R.R. Tolkien hubiera imaginado la misma trama (Sauron, el Anillo, los pueblos de la Tierra Media) pero en el punto en que Gandalf se encuentra con Frodo en la Comarca decide que las Águilas lleven el Anillo a Mordor, dónde está la historia. Si, como dicen muchos, se sube en ellas, lo lleva, lo tira y fin, como parecen proponer muchos, tremenda historia.

Por qué dar tantas vueltas a una teoría que haría que nos quedásemos literalmente sin historia, se preguntarán otros muchos. Porque teorizar es divertido (pero hay que hacerlo con gusto) y porque, además, se ha hablado de esta teoría de El señor de los anillos como un supuesto agujero de guion, y por ahí sí que no. Lo cierto es que hay varias respuestas sólidas a esta pregunta (¿por qué las Águilas no llevaron el Anillo al Monte del Destino?) y que incluso el propio Tolkien quiso abordarla de alguna manera en sus Cartas. Con el buen ánimo de poner fin a este debate existente desde hace años, vamos con ello.

Por qué las Águilas no llevaron el Anillo: elige tu respuesta

Hola, Sauron, estamos aquí

La Tierra Media estaba muy cerca de explotar cuando Frodo parte de la Comarca para llevar el Anillo a Rivendel, porque Saruman había puesto en marcha su ejército, tanto que ni siquiera temió ya enfrentarse a Gandalf cuando este intenta recurrir a su ayuda. Es decir: Sauron estaba movilizándose y buscando el Anillo. Mandar una formación de Águilas, seres de un carácter especial, hasta Mordor, desde la Comarca, no hubiera pasado desapercibido, y precisamente lo que Gandalf pretendía, lo que el Concilio de Elrond pretendía, era introducir el Anillo en Mordor en general y en el Monte del Destino en particular siguiendo el secretismo más absoluto. De hecho, se demuestra en numerosas ocasiones que si Frodo consigue su objetivo de llegar es porque nadie sabe que es el Portador del Anillo.

Sobre todo en La comunidad del anillo, Saruman sí puede percibir dónde se encuentra la Compañía, eso es cierto, y de hecho manda a buena parte de su ejército a frenarles el paso, pero, precisamente, la Compañía atraviesa lugares como Moria para evitar hacerse demasiado visibles. Es una de las máximas de la misión: no hacerse ver, no dejarse notar. Las Águilas no encajan en esta máxima. Colocar unas cuantas Águilas celestiales en el cielo, dirección Mordor, con los Nazgul volando también e intuyendo la presencia del Anillo, sencillamente es una pésima idea. Hubiera sido como decir: Sauron, querido, estamos aquí.

La gran regla de los seres superiores: no intervenir

Las Águilas rescatando a Frodo y Sam

Otra respuesta, que puede ser en realidad complementaria a la anterior, tiene que ver con el mismo carácter de las Águilas, carácter que, por cierto, Tolkien no terminó nunca de concretar. Sí sabemos que son seres asociados a los Valar, y por ahí se puede tirar, porque desde el principio de El señor de los anillos se deja bien claro que los Valar no van a intervenir en el destino de la Tierra Media, ya fueran elfos u hombres quienes sufrieran la tragedia que se estaba fermentando. Envían ayuda, ahí está Gandalf, pero, como bien se apunta también en diferentes momentos, el poder de Gandalf está limitado. Solo puede intervenir hasta cierto punto: puede ayudar, pero no puede ser determinante en la acción.

Bien podría haber sido Gandalf quien plantase cara a Sauron, pero no puede, porque no puede, porque su presencia en la Tierra Media está atada a estas limitaciones. Otro tanto sucede con las Águilas: no podrían haber resuelto el problema de los habitantes de la Tierra Media porque eran estos quienes debían resolverlo. Una vez resuelto el conflicto, con el Anillo consumiéndose en el Monte del Destino, entonces sí, entonces las Águilas pueden acudir a ayudar a Frodo y Sam a escapar del fin de todas las cosas. No es una acción determinante para la Tierra Media, solo es un rescate de dos hobbits.

La opinión de Tolkien

Las Águilas son una «maquinaria» peligrosa. Las he usado solo espaciadamente y ese el límite absoluto de su credibilidad y utilidad”, escribía Tolkien en una de sus Cartas, parece que consciente de haber creado un elemento que podría aplicarse en más de una ocasión en modo Deus ex machina. Por lo que da a entender, parece que es la segunda razón, esa regla de la ayuda pero no la intervención directa, lo que más pesaba en el autor a la hora de introducirlas o no en la historia.

Ha quedado constancia también de que, en un momento en que parecía que sus libros iban a ser adaptados al cine, a finales de los años sesenta, el autor se mostraba bastante reacio al uso de las Águilas en los guiones presentados ante él. Alertó de que había demasiado propensión a subirse al lomo de uno de estos seres, y no le gustaba en absoluto, porque la movida no iba de eso. Lo más importante en referencia a este asunto lo encontramos en la carta 210, dedicada a esto mismo, la valoración de un guion. “No ha hecho ningún intento serio de representar adecuadamente el corazón de la historia: el viaje de los Portadores del Anillo”, escribía. Lo dicho: no es la historia.

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