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Sobre los puntos de vista y los cambios de guion en ‘Los asesinos de la luna’

Es terrible, terrible.
Los asesinos de la luna

Los asesinos de la luna es uno de los estrenos del año, esperadísimo y por muchos muy aplaudido. Otra obra grande para Martin Scorsese, que tras los 209 minutos de duración de El Irlandés decidió que había que rebajar un poquito y le concedió 206 a esta última película. Tengo que decir que a mí no me resultó pesada, ni mucho aburrida, disfruto de estos ritmos de narración en general y de los que maneja Scorsese en particular. Lo que me resultó es moralmente incómoda, aunque tardé un poco en encontrar el término exacto que describiera la inquietud con la que salí del cine. También salí enfadada, como todos, porque Los asesinos de la luna narra un episodio de vergüenza y maldad apoyada en una asquerosa codicia. Pero sobre todo salí incómoda, con la sensación de que algo no estaba bien del todo. A pesar de los discursos de denuncia previos al estreno, a pesar de que obviamente las intenciones de Scorsese eran esas mismas, algo no estaba bien del todo.

Algo no está bien del todo, de ahí el debate encendido de los últimos días. Esto solo es una opinión más, y seguramente me la hubiera callado (demasiadas voces sentando cátedra, lo de siempre, pido perdón por ser una más) de no ser porque veo que la mayoría de las voces se están alineando de tal modo que, de nuevo, siento que algo no está bien del todo. Vaya por delante que considero que cada autor tiene el derecho (y hasta el deber) de contar las historias sencillamente como le sale hacerlo, y que soy bastante partidaria del “si crees que puedes hacerlo mejor, adelante, hazlo tú”, sobre todo cuando se trata de decírselo a alguien como Martin Scorsese, pero a veces también hay que saber cuándo estás contando una historia que no es del todo tuya y que por tanto más vale escuchar a aquellos a quienes sí les pertenece, porque algo, aunque sea un poco, les debes.

Los hechos: los cambios de guion en Los asesinos de la luna

Libro de David Grann Los asesinos de la luna

Los hechos, a grandes rasgos, se vienen contando desde hace tiempo. En 2016 se adquirieron los derechos de adaptación de Los asesinos de la luna: Petróleo, dinero, homicidio y la creación del FBI, un libro de David Grann que narra desde la perspectiva de los agentes del FBI la investigación y el descubrimiento de los múltiples asesinatos que se habían llevado a cabo en la Nación Osage, en Oklahoma, con el objetivo de quedarse con el dinero generado por los pozos de petróleo de las tierras de la comunidad. Este libro expone la maldad más pura que lleva a esa serie de asesinatos, la corrupción de las fuerzas del orden local y la codicia de quien ya tiene mucho y aun así quiere más.

Cuando Martin Scorsese y Leonardo DiCaprio se sumaron al proyecto, Los asesinos de la luna iba a ser un thriller de investigación en el que DiCaprio interpretaría a la figura de Tom White, el máximo responsable del equipo del FBI que llegó a Oklahoma. Hacia principios de 2020, Eric Roth, co-guionista junto a Scorsese, aseguró que el cineasta seguía escribiendo y que habían tenido conversaciones al respecto del guion al completo, en parte porque DiCaprio quería hacer algunos cambios. Lo siguiente que tenemos es un guion completamente diferente en el que el punto de vista pasa a estar dentro de la propia Nación Osage, con DiCaprio dando vida al sobrino del hombre que planeó todos los asesinatos.

En una entrevista concedida a Time, el propio Scorsese explicó que este cambio se debía a que “después de cierto punto me di cuenta de que estaba haciendo una película sobre todos los hombres blancos”. Lily Gladstone, la intérprete que da vida a Mollie Burkhart, se sumaba a estas declaraciones durante la celebración del Festival de Cannes y aseguraba que Scorsese quería evitar otra película sobre el salvador blanco. Así que decidió quitarle la perspectiva a los hombres blancos del FBI que destaparon esos crímenes… para dársela a los hombres blancos que perpetuaron esos crímenes.

Las consecuencias: incomodidad moral

Si Los asesinos de la luna me resulta incómoda no es por ver a gente mala haciendo cosas malas en la pantalla; he disfrutado de Peaky Blinders como la que más sin ningún tipo de cargo de conciencia porque la ficción es ficción, pero es que Peaky Blinders no es una serie-denuncia. Los asesinos de la luna no es un documental, es ficción, pero claro que es una película-denuncia porque es el discurso que nos han dado antes y después, y también durante, con la (preciosa) última imagen de Martin Scorsese subiéndose al escenario para dar la cara tras la vergüenza del hombre blanco. Geoffrey Standing Bear, líder de la Nación Osage, dijo tras la presentación en Cannes que Scorsese había restaurado la confianza perdida por querer rescatar esta historia y presentarla al mundo. Claro que es una película denuncia, hay una importancia y un significado profundo más allá de las imágenes ficticias. Así que, no sé, por qué cambiar la perspectiva de un hombre blanco salvador a un hombre blanco asesino. Cuál es el punto además de, evidentemente, hacer una película que trascienda la historia.

Decía Christopher Cote, asesor lingüístico de Scorsese en esta producción, que para que Los asesinos de la luna fuera diferente entonces tendría que haberla contado un Osage. También él, como recogen medios como The Hollywood Reporter, se ha sentido incómodo al verla. Porque hay aspectos muy positivos en la existencia del film, pero hay otros absolutamente reprochables. Cote dirige también la atención hacia la elección de Ernest Burkhart (el personaje de DiCaprio) como el personaje que guía a través de la historia, a quien, como señala, “conceden una especie de consciencia y de amor. Pero cuando alguien conspira para asesinar a toda tu familia… eso no es amor. Eso va más allá del abuso”. El protagonista de Los asesinos de la luna ha terminado siendo el hombre blanco asesino humanizado. Es terrible.

Cote también destaca la bella representación de su pueblo, cuyas costumbres y formas de vida están bien recogidas. Devery Jacobs, actriz canadiense nativa, también ha ofrecido su parecer a este respecto, y si bien señala, como hace Cote, aspectos positivos del film, apunta hacia algo tremendamente importante: buena parte de los instantes de respiro entre asesinato y asesinato estaban destinados a mostrar cómo los hombres blancos planeaban más asesinatos. No hay apenas espacio para quienes deberían ser, por justicia, los verdaderos protagonistas. Los Osage, denunciaba Jacobs en su cuenta de X, han quedado reducidos una vez más a víctimas del hombre blanco.

Ambos, así como otras muchas voces, señalan que Los asesinos de la luna se hubiera sentido mucho más cercana a la Nación Osage si Mollie o cualquier otro nativo hubiera sido la principal imagen, el principal protagonista. Parece sencillo de ver ahora. Mollie como el punto de vista que seguir para entender cómo se sintieron, qué vivieron, incluso qué eran más allá de las víctimas, Mollie como centro de las conversaciones entre esas personas porque ¿qué hablaron en ese tiempo? ¿Qué pensaron? Eso sí hubiera sido una justicia completa.

Así que sin ningún ánimo de decirle a Scorsese que no me vuelva a poner al hombre blanco salvador como centro de sus películas, porque son sus películas y puede hacer lo que quiera, sí me gustaría decir que el hombre blanco asesino humanizado como protagonista, en este caso, se siente terriblemente mal.

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